Cultura

01-10-2019 15:25 - novela

Leila Sucari: "La maternidad es un tema que me llama mucho desde siempre"

La cuestión de la maternidad es recurrente en la literatura de la autora: si en la novela anterior irrumpía a partir de una madre que aparecía y desaparecía y dejaba en estado de cuasi orfandad a la protagonista, en su nuevo libro hay una narradora que parece sumida en una deriva existencial.

Telam SE
01-10-2019 | 15:25
Telam SE

La cotidianeidad es una construcción tan arbitraria como tranquilizadora y por debajo de ésta fluyen fuerzas caóticas que conectan la vida con la muerte, como le ocurre a la protagonista de "Fugaz", nueva novela de Leila Sucari, que a punto de convertirse en madre decide abandonar su casa para entregarse a una deriva liberadora que no aliviana su fragilidad pero le permite explorar en libertad la errancia de su deseo.

"Huí de casa para llegar a ser nadie", suelta la heroína sin nombre de esta suerte de road movie existencial que atrapa con cadencia poética las vacilaciones de una mujer en torno a su hijo recién nacido, ese ser temblante "como un animal en cautiverio" que en su primeros minutos de vida le produce "asco", aunque luego se va a transformar en el aliado de una travesía que la autora de "Adentro tampoco hay luz" elige narrar desde un registro sensorial que da cuenta de aromas, fluidos y potentes fragmentos oníricos.

Escribo para tratar de entender y ahondar en eso que me atrae y que tantas veces me desbordaLeila Sucari

La cuestión de la maternidad es recurrente en la literatura de Sucari: si en la novela anterior irrumpía a partir de una madre que aparecía y desaparecía y dejaba en estado de cuasi orfandad a la protagonista, en su nuevo libro hay una narradora que parece sumida en una deriva existencial pero que a diferencia de antiguos mandatos anclados en la postergación del deseo asume el status de madre como el disparador de su emancipación de vínculos asfixiantes y luego como fundamento de su renuncia a la trampa de la estabilidad.

"La maternidad es un tema que me llama mucho desde siempre, indagar en ese vínculo tan particular que se da entre madre e hijo. La idea de un ser que se desprende de otro, la mezcla de amor y rechazo, la entrega profunda y, al mismo tiempo, la necesidad de distancia, me resulta fascinante, una experiencia casi de ciencia ficción. Escribo para tratar de entender y ahondar en eso que me atrae y que tantas veces me desborda", explica Sucari en entrevista con Télam.

- Télam: ¿La novela con su carga de imágenes tan potentes ligadas al asco o al rechazo busca sacar a la luz el componente “inquietante” de las realidades que habitamos?
- Leila Sucari: Creo que la normalidad no existe, el realismo es solo un punto de vista. Apenas uno se acerca, descubre que eso mismo que parecía tan firme está lleno de fisuras, misterio y oscuridad. En lo cotidiano hay mucha fuerza poética. No somos únicamente lo que pensamos, sino también lo que soñamos e imaginamos, cuerpos que hablan una diversidad de lenguajes. Cada uno de nosotros y las realidades que habitamos son pura extrañeza y movimiento, y de alguna manera ese fue el impulso de "Fugaz". El resto, lo que se supone estable y transparente, es un discurso que sirve para tranquilizarnos. al menos por un rato.

- T: El sexo y la muerte tienen un rol preponderante y en varios tramos aparecen incluso en secuencias simultáneas ¿Pensó en retomar a Georges Bataille que explora la relación entre sexo y muerte?
- L.S.: No pensé en Bataille, aunque justo hace un par de semanas, cambiando de lugar las bibliotecas de mi casa, encontré un libro suyo que se llama "Las lágrimas de Eros" que habla sobre esto y que arranca con una advertencia que dice: “La libertad no es nada, si no es la libertad de vivir al borde de los límites donde toda comprensión se descompone”. Eso está muy emparentado con la búsqueda de "Fugaz", y de mi escritura en general. Me atraen los bordes, las fronteras, esos lugares difusos. Sobre la relación entre el sexo y la muerte, pensé mientras escribía en la manera que tienen de tocarse los extremos. John Berger dice que el sexo es una suerte de complot contra todas las conspiraciones que hay en el mundo, y que el deseo es inconcebible sin una herida. De alguna manera en el máximo nivel de vitalidad hay también un precipicio. Trabajar ese encuentro –entre lo que se supone que son opuestos- me resulta muy motivador: la muerte con la vida, lo bello con lo horrible, lo trágico con el humor. Y me interesa porque lo experimento en carne propia, de hecho cuando nació mi hijo me sumergí en un estado de gracia divina pero, al mismo tiempo, supe lo que significaba la palabra abismo. Cuando las emociones son muy intensas los extremos se chocan, porque son parte de una misma cosa.

-T: ¿Nos confrontamos a una nueva mirada sobre la maternidad, liberadora y propiciadora antes que represora?
- L.S.: La novela trabaja la deconstrucción de lo que se supone que es e implica ser madre. En este caso creo que la maternidad funciona como disparador de la emancipación porque está ligada a un deseo muy genuino. El hijo, lejos de reprimir sus impulsos como mujer, funciona como un motor. Es un Big Bang que multiplica las posibilidades. Cuando ella se entera que está embarazada, en vez de ponerse a tejer escarpines, huye. Pero la fuga tampoco es una liberación, sino más bien una búsqueda sin horizontes claros que por momentos resulta asfixiante. Intenté abordar la maternidad desde su complejidad salvaje, desde toda la potencia que puede llegar a tener el estallido de vida que es un nacimiento. La famosa frase de Spinoza: “Nadie sabe lo que puede un cuerpo”. En un momento la protagonista dice “ser madre e hijo es revolucionario”, de esa fuerza arrolladora quise hablar.

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