27/03/2018 opinin

Un viaje humanitario y sanador al cementerio que al fin tiene tumbas con nombres

La periodista de la Agencia Télam Silvina Oranges viajó a las Islas Malvinas con el contingente de familiares de caídos en la Guerra de Malvinas que fueron identificados y cuyos nombres fueron colocados en sus tumbas en el Cementerio de Darwin. A continuación sus impresiones de este viaje "humanitario y sanador".

Silvina  Oranges

Por Silvina Oranges

El viaje humanitario y relámpago, que ayer emprendieron al cementerio de Darwin en las Islas Malvinas unos 200 familiares de caídos en la guerra de 1982, tuvo mucho de emocionante, pero sobre todo de sanador y reparador para esas vidas, muchas de ellas ya ancianas y frágiles.

El principal objetivo del viaje fue poder tomar contacto por primera vez con las tumbas de 90 soldados cuyas identidades fueron reconocidas recién el año pasado, 35 años después de la guerra, gracias al trabajo profesional del Comité Internacional de la Cruz Roja y el prestigioso Equipo Argentino de Antropología Forense, tras un acuerdo político entre los gobiernos de Argentina y el Reino Unido. 35 años en los que esos padres y madres ya ancianos no sabían con certeza si su ser tan amado efectivamente estaba enterrado en esas islas lejanas y amadas por las que fueron llamados a combatir inesperadamente un día. Al igual que los familiares de los desaparecidos por la dictadura militar, la misma que los mandó a esa guerra insensata y embarcó a los argentinos en una aventura militar sin sentido.

Algunos de esos familiares con los que pude dialogar -sobre todo madres- tenían guardado en lo más profundo de su corazón la fantasía, la ilusión, de que pudieran estar vivos en algún lugar, tal vez aturdidos por la confusión de la guerra, o de haber caído prisioneros de los ingleses. El tema fue tabú en muchas familias argentinas durante todos estos años ya que no podían cicatrizar esa herida.

Por eso, el camino que se recorrió -largo y sinuoso, con idas y vueltas, marchas y retrocesos- hasta lograr la identificación de esos restos tiene todo un contenido reparador y sanador para esas vidas.

Fue desolador ver ayer a mamás y papás de 80 años abrazarse a esa cruz blanca, en medio de ese paraje desolado y ventoso que es Darwin, en el corazón de la Isla Soledad. Fue difícil arrancarlos de ese lugar que tanto les pertenece. Estaban cerrando un duelo que les llevó mucho tiempo. Aunque tardío, el Estado llegó a tiempo antes de que esas vidas se apaguen.

"Mis chicos ya descansan en paz". La frase increíblemente pertenece al militar inglés Geoffrey Cardoso que en el '83, una vez terminada la guerra, se ocupó de diseñar Darwin y enterrar a los soldados argentinos. En un caso de amor y humanidad excepcional, Cardoso fue una pieza fundamental en el proceso de las identificaciones. Ayer acompañó a los familiares en el viaje humanitario. Abrazó y contuvo a cada uno frente a cada tumba. Estuvo de pie junto a ellos. Las guerras absurdas pasan, pero los hombres de buen corazón son los que sostienen al mundo.


(*) Periodista de la Agencia Télam que acompañó al contingente de familiares a las Islas Malvinas.