29/07/2017 entrevista

“El actor político que triunfe en octubre puede ser determinante para las inversiones”

En diálogo con Télam, el presidente de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), Fabián Tarrío, analizó las razones del déficit comercial con Brasil, por qué el consumo sigue “frío” y cómo se puede bajar la presión impositiva en un contexto de déficit fiscal.

Francisco Faragó

Por Francisco Faragó

Foto: Daniel Darras/Télam
Foto: Daniel Darras/Télam

El presidente de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), Fabián Tarrío, recibe a este cronista en las oficinas de la entidad ubicadas en la calle 25 de mayo al 400. Con 72 años de edad, Tarrío cuenta con una larga trayectoria gremial y conoce la problemática pyme como nadie. Además, de ser empresario de la construcción y productor vitivinícola en la zona del Valle de Uco, en Mendoza, dirige la Federación de Centros Comerciales a Cielo Abierto, Cascos Urbanos y Centros Históricos (FCCA).

Al conversar con Télam sobre los índices de litigiosidad laboral su postura se muestra clara: “Cuando el Presidente Macri estuvo en CAME por el Día Internacional de las Pymes, habló del tema. Para darle un ejemplo, tenemos el caso de un directivo nuestro que tiene una empresa en Salta, en donde un colaborador que trabajó 45 días adujo que tiene una lumbalgia, que no puede seguir trabajando y le inició un juicio por 4 millones 600 mil pesos”.

“También conozco a un hombre de Lanús que tiene una curtiembre y que le inventaron 20 juicios laborales. El mismo delegado sindical de la fábrica dijo que jamás vió a esos hombres ir a trabajar”, continuó.

“Hay que terminar con este concepto de que siempre tiene razón el que demanda. No es así. En un juicio hay que evaluar ambas posiciones. Y no estoy diciendo que el trabajador tiene que quedar desamparado. Si el reclamo es justo hay que pagarle y si no es justo hay que darle la razón al empleador”.

Si analizamos la Argentina que viene para los próximos 15 o 30 años, se estima que la revolución tecnológica se va a adueñar de muchos puestos de trabajo. ¿Qué políticas debería tomar un gobierno para amortiguar el impacto en el mercado laboral?
El mercado laboral en la Argentina está muy precarizado. Se han perdido algunos aspectos de la creación del trabajo, donde hay generaciones que no ven a sus papás ir a trabajar. Eso significa que hay una clase importante del sector laboral, jóven sobre todo, que no estudian ni trabajan y que tienen una desventaja abismal en cuanto a lo tecnológico.

Los gobiernos que tengamos -este y los que lo sucedan- deben pensar seriamente en que hay dos factores fundamentales que van de la mano: el primero es que haya trabajo, porque alienta a los hogares a que tengan una posibilidad de superación; y el segundo es el aspecto tecnológico, que seguramente va a suplir muchos puestos de trabajo, por eso tenemos que crear el recurso humano para que esos “robots” tengan a alguien que se ocupe de ellos. Hay que avanzar en esto. Apostamos a que desde el Ministerio de Ciencia y Tecnología, el Ministerio de Producción y el Ministerio de Educación sean los impulsores de estas herramientas de capacitación.

Foto: Daniel Darras/Télam
Foto: Daniel Darras/Télam
¿Cómo se reduce el déficit comercial con Brasil?
Aca pesa mucho el tema automotríz. Ellos producen para nosotros muchos autos pequeños que se usan en nuestro país y que en cantidad es mucho más grande de lo que podemos exportar nosotros hacia Brasil, porque exportamos autos de más alta gama. Este es un aspecto que se supone que con acuerdos automotrices tendremos que ir nivelando.

Pero es verdad que Brasil es más grande que Argentina. Y tiene más producción de todo. Tiene una industria más avanzada, que después de la Segunda Guerra Mundial fue pensada como herramienta para progresar. Brasil -como parte de la fuerzas aliadas que combatió contra los nazis- tuvo un apoyo concreto para instalar industrias y realmente se nos adelantó unos años.

La balanza comercial con Brasil es deficitaria y nosotros tenemos que apelar al intercambio continuo bajo las reglas del Mercosur, que establece qué se puede importar y exportar libremente. En ese contexto, tenemos que analizar qué nicho tenemos nosotros para ingresar con más cantidad de productos a Brasil y nivelar el intercambio comercial.

¿Qué falta para que lleguen las inversiones a la Argentina?
Falta confianza política. Todavía el inversor extranjero no tiene claro si políticamente vamos a despegar o no. Yo creo que el Gobierno está haciendo un esfuerzo importante para insuflar confianza a los sectores inversores. Están haciendo contactos internacionales importantes. Han venidos Jefes de Estado importantes de otros países, cosa que en los últimos tiempos no pasaba.

Tenemos algunos sectores como el agro y automotriz que están creciendo despacio. Pero es una inversión primaria pero nosotros necesitamos que haya una inversión de todo tipo. La obra pública está creciendo pero necesitamos la confianza del inversor interno. Nosotros tenemos que pasar de la especulación financiera a la inversión productiva. Con tasa de interés muy altas no es muy atractivo invertir. Si yo tengo la seguridad que yo pongo mis pesos a una tasa redituable no sé si decido invertir.

Desde ese punto de vista, necesitamos más confianza política. Estamos esperando las elecciones que pueden marcar un rumbo pero lo que no tendríamos que hacer es despegarnos del objetivo de crecer, más allá de quien elija la gente. De todas formas, es verdad que el actor político que triunfe en las elecciones de octubre puede ser determinante para las inversiones.

Foto: Daniel Darras/Télam
Foto: Daniel Darras/Télam
¿Por qué el consumo sigue “frío”?
A mi me parece que esto obedece a algunas cuestiones: en primer lugar, un aspecto es el de las expectativas, que hace cuidar lo que tiene al que lo tiene y al que tiene muy poco no le alcanza. Ahora supongo que a partir de julio va a haber un poquito más de gasto por algunos convenios salariales que se cerraron más el cobro del medio aguinaldo.

Pero yo creo que el consumo sigue frío porque la plata no le alcanza a la gente y me parece que eso también tiene que ver con la expectativa de las personas y de la confianza política.

¿Por qué al Central le cuesta tanto controlar la inflación?
En realidad el Banco Central lo que ha hecho es fijarse un objetivo muy ambicioso. Yo fijo un 17% de inflación pero si se produce un 21% no está tan mal. Lo que pasa que cuando surgen algunos aspectos -y críticas que hemos hecho en las últimas semanas- como el aumento del combustible un 7% no nos parece que podamos cumplir el objetivo del Central.

Creemos que (la inflación) va estar en el orden del 21% o 22%. Ahora hay una disparada del dólar y también eso es un aspecto que impacta negativamente en el salario real, si aumentaran los precios por el aumento del dólar. Por otro lado, favorece a las economías que están realmente mal porque no pueden competir con productos de otros países, y sabemos que el dólar tiene hasta ahora un valor bajo, que no nos hacía competitivos para nada.

Existe un déficit fiscal que el Gobierno heredó. Hay millones de planes sociales y esa no es inversión productiva, es asistencia necesaria. Y lamentablemente, el Gobierno no puede bajarlos porque tiene conflictos sociales

Está la eterna disyuntiva. ¿Qué hacemos si aumenta o no el dólar? Nunca pedimos que aumente, pero admitimos que es un problema el dólar bajo. Al Central lo complica toda esta problemática interna de aumento de precios, porque la cadena de valor y la logística es muy cara, aumentando cinco o seis veces el precio de un producto. Nuestros costos internos se han vueltos muy caros. Y la presión tributaria es muy alta. No puede ser que paguemos  ingresos brutos en un artículo cuatros veces. Lo paga el productor, el transportista, el mayorista y el minorista. Esto termina haciendo un producto algo que termina siendo muy caro.

La presión tributaria, según todos los especialistas, es la más alta de la región. Y eso es un componente importante para producir inflación. Creo que al Central, si bien no es el responsable directo de contener la inflación, los objetivos que se puse no les son fácil cumplirlos naturalmente.

Pero, ¿cómo se puede bajar la presión impositiva en un contexto de déficit fiscal?
Ese es el quid de la cuestión. Este es un déficit fiscal que el Gobierno heredó. Hay millones de planes sociales y esa no es inversión productiva, es asistencia necesaria. Y lamentablemente, el Gobierno no puede bajarlos porque tiene conflictos sociales y esto agrava el déficit fiscal. Y no va a ser fácil salir de esto. Yo creo que lo tiene que hacer de a poco, con una producción más activa.

Lo único que va a aliviar el déficit fiscal es que haya más trabajo del sector privado, más contribución al Estado en cuanto impuesto se refiere. Ahí puede hacer el déficit parejo con la producción. Si hay trabajo, mano de obra activa, trabajo real, mejora la economía real. Los lugares en los que hay muy poca desocupación es donde mejor funciona la economía.

Usted hace poco criticó fuertemente “la actitud de las multinacionales” por dejar en la calle cientos de operarios y citó como ejemplo el caso de los 600 despidos dispuestos por Pepsico al anunciar el cierre de una planta en el partido de Vicente López. ¿En qué sentido entiende que las multinacionales se están manejando mal?
La multinacional no duda que cuando le va un poco mal -porque vamos a decir la verdad, la situación del país no está bien- rápidamente toma la decisión de despedir personal. Las pymes están haciendo muchos esfuerzos para no tomar esta determinación, porque le cuesta mucho trabajo cambiar de personal, al haberlo formado y preparado durante años.

Pero además existe el aspecto societatis, por la cual la pyme -que está al frente de su fábrica, negocio o taller- establece una relación personal con sus colaboradores, entonces le resulta más difícil despedirlo. Para las grandes empresas, el empleado es un número y no le importa despedirlo. Me parece que al momento de cerrar una planta o cerrar una fábrica, primero es fundamental pensar en lo social.