11/06/2017 opinin

Gracias por tanto Nadal

El español ganó por décima vez el Grand Slam francés y lo hizo de una manera fenomenal ya que no perdió ningún set en los siete partidos que disputó en París. En la final apabulló a Stan Wawrinka por 6-2, 6-3 y 6-1. Es un ejemplo de lucha, sacrificio y perseverancia.

Gustavo Lenti

Por Gustavo Lenti

Estoy cerca de cumplir 45 años y juego al tenis desde que tengo 5. Mi primer ídolo fue Guillermo Vilas y él se encargaba en mi imaginación de vencer tarde tras tarde a Borg, McEnroe y Connors cuando jugaba en el patio de mi casa y soñaba con ganar Roland Garros.

Pero en la realidad el que ganaba casi siempre entre Vilas y Borg era el sueco, que en el polvo de ladrillo de Roland Garros era casi imbatible. De hecho obtuvo el Grand Slam francés en 1974, 75, 78, 79, 80 y 81.

Como nací en 1972, los dos primeros títulos del sueco no los registré, pero a partir del tercero, en 1978, recuerdo a mi papá hablándome de la hazaña del escandinavo tras ganarle la final de Roland Garros a Vilas, que había obtenido el certamen el año anterior.

En ese momento era el tercero, pero después llegarían tres más. “Imposible que se repita semejante hazaña”, era el comentario de cualquier aficionado al tenis en cualquiera rincón del planeta.

De 1982 a 2004 hubo muchos y grandes campeones en Roland Garros y varios de ellos repitieron títulos como el sueco Mats Wilander (3), el checo Ivan Lendl (3), el brasileño Gustavo Kuerten (3), el estadounidense Jim Courier (2) y el español Sergi Bruguera (2), pero ninguno jamás estuvo ni cerca de desafiar el reinado de Borg.

En el año 2005, en su primera participación en el torneo, un español de 19 años llamado Rafael Nadal, se adjudicaba el título que el año anterior había sido para el argentino Gastón Gaudio.

Estos dos jugadores más el también argentino Guillermo Coria aparecían entre los mejores sobre polvo de ladrillo, pero un año más tarde Nadal volvió a repetir en París y entonces algunos ya empezaban a hablar del sucesor de Borg. Pero todavía le faltaba mucho camino por recorrer, lo que en números se traducía en cuatro títulos.

En ese 2006, Nadal superó el record de victorias consecutivas que tenía Guillermo Vilas sobre polvo de ladrillo (53), cifra que elevó a 81.

Rafa volvió a ganar el título en 2007 y 2008 y entonces sí ya todos veían como una gran posibilidad que llegara a los seis de Borg.

El español, un gladiador que derrochaba energía sobre el polvo de ladrillo, fue demostrando año tras año que detrás de esa derecha endemoniada también había mucho talento y algo que lo distingue de todos los deportistas del mundo: una mente ganadora que eleva su tenis por encima de cualquier circunstancia.

En 2009 cayó sorpresivamente frente al sueco Robin Soderling, pero luego siguió cosechando copas en 2010, 11 –para empatar a Borg-, 12 –para superarlo, 13 y 14.

En 2015, un Novak Djokovic en todo su esplendor aprovechó los problemas físicos del español para derrotarlo en cuartos de final y un año después más dolores lo obligaron a no presentarse a jugar en la tercera ronda.

Pero esta temporada, Nadal volvió a lucir con todo su esplendor en la gira de polvo de ladrillo y tras ganar en Barcelona y Montecarlo llegó a Roland Garros como el gran favorito. Y vaya que lo era. Ganó el torneo sin perder un set en los siete partidos que jugó como lo había hecho en 2008 y 2010. Apabulló a todos sus rivales para ganar el torneo por décima vez y agigantar su leyenda.

En algún momento le dije a mi hijo que Rafa podía igualar a Borg. Ahora, tras la décima conquista del español, le repito lo mismo que escuché de mi padre: “Imposible que se repita semejante hazaña”.