28/05/2017 literatura

Martn Sancia: "Quera escribir una tragedia profundamente sexual, despojada y obscena"

Con dos obras recién horneadas en las librerías, la novela "Shunga" y el libro juvenil "Todas las sombras son mías", el escritor captura universos lectores que podrían pensarse contrapuestos pero que su imaginario perturbador unifica en una misma escenografía.

Por Julieta Grosso

Con dos obras recién horneadas en las librerías, la novela "Shunga" y el libro juvenil "Todas las sombras son mías", el escritor Martín Sancia Kawamichi captura universos lectores que podrían pensarse contrapuestos pero que su imaginario perturbador unifica en una misma escenografía donde se esparcen la violencia, el dolor y distintas formas de opresión que como espectros fantasmales retoman los tópicos de sus obras anteriores.

Luciérnagas, japoneses, zombies, geishas y montoneros se entremezclan en la inquietante cartografía de Sancia, autor de tramas que generan un desconcierto siempre ligado a la fascinación, ya sea cuando en "Hotaru" -ganadora del concurso Extremo-BAN!- decide revisar sus raíces genealógicas como cuando se inspira en la "shunga", una derivación del arte japonés dedicada a exaltar prácticas sexuales para contar una fábula de traiciones, muertes y autodestrucción.

A pesar de los premios que apuntalan su oficio literario -hace tres años obtuvo el segundo puesto del Premio Sigmar de Literatura Infantil y Juvenil por "Los poseídos de Luna Picante" y acaba de ganar la categoría mayor del mismo certamen con "Todas las sombras son mías"- el escritor despliega el tiempo de escritura en las horas residuales que le deja su trabajo de empleado administrativo en una dependencia pública.

Por estos días celebra la módica visibilidad que le otorga la aparición en simultáneo de la novela juvenil recién distinguida y de "Shunga" (Evaristo Editorial), una obra con narradores múltiples que plantea en un clima de horror y ensoñación el destino de hombres déspotas o incapaces para el llanto y de un conjunto de mujeres que son víctimas de su hostigamiento, su violencia o su desaire.

@fotoD@ - Télam: Tanto "Shunga" como "Todas las sombras son mías" se mueven en una intersección difusa entre ficción y realidad ¿Trabajar sobre géneros o formatos desdibujados es una decisión azarosa movida por el fluir libre de la escritura o una manera de fijar posición sobre los géneros literarios?
- Martín Sancia Kawamichi: Suelo partir de escenas mínimas, de destellos, nunca de argumentos, y suelo confiar en que sea la misma escritura la que me lleve a ese lugar en el que la verosimilitud aparece como una suerte de exudación de la voz. Es decir: pienso la verosimilitud como un elemento más relacionado con la voz que con lo argumental. Como si fuera una música. A veces, por manejarme así termino atentando contra el género en el que estoy trabajando, pero confío mucho en esa música…
De todos modos, es necesario que aclare lo siguiente: si me corro del género no es de piola, sino de incapaz. Leo mucho a escritores que ocasionalmente se cargan un género al hombro, respetándolo sin escandalizarse ni enloquecerse, y sin embargo salen airosos, logran obras auténticas, profundamente personales, sin que el género les haya robado una gota de alma. Han escrito novelas geniales sin necesidad de esquivarle el bulto al género, como hago yo.
Es un tema de fortaleza: para escribir una novela de género y no perder entidad tenés que estar armado con una personalidad fuerte como escritor, y no es mi caso. Si yo no le esquivara el bulto, el género terminaría comiéndome vivo.

- T: En "Shunga", la exaltación del sexo está vinculada a la violencia que se expresa en personajes como Kasuma o Daisuke, que encarnan arquetipos de dominación masculina ¿La idea fue utilizar un formato mitológico para exponer el trasfondo de sometimiento que subyace en tradiciones ancestrales o acaso el libro es una metáfora sobre la sexualidad y la dominación en tiempos en que el "Ni una menos" pretende visibilizar los estigmas y las desigualdades de género?
- M.S.K: Como partí casi a ciegas, no tenía pensado que la historia funcionara como metáfora de alguna obsesión o preocupación mía. Tal como me sucede con la verosimilitud, confío en que mis preocupaciones y obsesiones formarán parte de aquello que escribo. como forman parte, también, de mi modo de percibir el mundo, de mi modo de leer. Con esto quiero decir que no me propuse hablar de los estigmas y las desigualdades de género, pero es un tema que me preocupa y que, si afloró, lo hizo sin que yo lo buscara.
En "Shunga" las mujeres padecen la violencia masculina, la perversión en varias de sus formas, incluso padecen el amor enfermo, la pasión idiota de los hombres. Y los hombres se las arreglan solos para ser su propia causa de desgarro. Pero no fue buscado. Salió solo. Supongo que mis preocupaciones terminan siempre impregnando todo lo que escribo, aunque yo no quiera.

- T: A su vez la idea del sexo está unida a la de la muerte y a la tragedia ¿Por qué te interesó explorar esta vinculación en la que se juegan las pulsiones más primitivas del ser humano?
- M.S.K: Me interesaba que fuera una novela dionisíaca, trágica, con personajes terrenales a los que se le notaran las vísceras. Mi idea era no caer en el drama. Corría ese riesgo pero la tragedia me ayudaría a llevar la novela hacia un lugar que me alejara, sobre todo, de lo erótico. No quería lo erótico, que para mí tiene que más que ver con el drama que con la tragedia. No quería eso. Yo quería una tragedia profundamente sexual, profundamente despojada y obscena. Que el lector mirara ese mundo como a través de un espéculo. ¿Por qué? Supongo que porque no quería dejar la novela en manos de la tristeza.

- T: La idea de cuerpos colonizados, de prácticas sexuales ligadas a la profanación son una constante. Los personajes se masturban con frecuencia y la mayoría de las veces no consuman el acto sexual ¿Es una manera de enfatizar la soledad de los personajes y desmontar la idea del sexo como una práctica de intercambio?
- M.S.K: En las estampas shunga que sirvieron de inspiración para la novela había varios tópicos que yo quería abordar, por ejemplo: escenas de masturbación tanto femenina como masculina, escenas de voyeurismo, de acecho, relaciones sexuales con participación de más de dos integrantes... En el mundo flotante que reflejaban las estampas(el mundo de los barrios del placer) esas escenas podían funcionar de un modo.
Pero yo quería sacarlas de allí, alejarlas de la sofisticación y el erotismo y llevarlas a un mundo áspero, horroroso. Y la novela se me llenó de personajes brutalmente perdidos. Y la soledad de ese mundo se volvió sádica. Y el sexo se transformó en un tormento. Para ellos, no para mí, claro.

- T: Antes de "Todas las sombras" escribiste otra novela de terror juvenil que se titula "Los poseídos de Luna Picante" ¿El terror es un espejo deformante que sirve para poner en escena los miedos más recurrentes de un sujeto o una cultura?
- M.S.K: El terror que a mí me gusta trabajar es, más bien, una forma monstruosa de la ansiedad. Prefiero el terror que inquieta al terror que asusta. El terror que hace apretar los dientes y no el que hace gritar. Por lo tanto, no concibo el terror sin suspenso. Mi idea era que "Todas las sombras son mías" fuera más un thriller. Que el lector se llenara de sombras y de enigmas.
En cuanto a los miedos recurrentes creo que, para mi pesar, son tan recurrentes que aparecen no solo en mis historias de terror. Digamos que llevo a pasear esos miedos (a la oscuridad, al silencio, a las ratas, a la enfermedad, a la vegetación, al cambio físico, a la mirada cruel de los demás) por todos los géneros que abordo. Por último, tengo que reconocer que no soy un consumidor de literatura de terror. En cambio, miro mucho cine de terror, y seguramente ese conocimiento me ayudó a la hora de narrar. Bebí más de ahí que de mis pesadillas... casi nunca tengo pesadillas.
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