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27-05-2017 13:05 - cine

Se exhibe “La muerte no duele”, documental sobre Rodolfo Ortega Peña

Ortega Peña murió el 31 de julio de 1974 en la esquina de Arenales y Cerrito en un asesinato que había sido anunciado semanas antes en la revista “El Caudillo”.

Telam SE
27-05-2017 | 13:05

“La muerte no duele”, un documental del realizador Tomás de Leone sobre el diputado de la izquierda peronista de la década del 70 Rodolfo Ortega Peña, el primer asesinato político reconocido por la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) en julio de 1974, se estrenó el jueves pasado en el Cine Gaumont, donde se puede ver durante tres semanas.

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Abogado de presos de todas las organizaciones políticas y armadas de la década del 70, ensayista, teórico y diputado por el Frejuli aunque crítico de la dirección de Perón durante su último gobierno, Ortega Peña murió el 31 de julio de 1974 en la esquina de Arenales y Cerrito en un asesinato que había sido anunciado semanas antes en la revista “El Caudillo”, de la derecha peronista, en una nota sobre el entierro de Perón, que falleció el 1 de julio, donde se dijo, hablando sobre él: “le tenemos una bala lista”.

Ortega Peña fue candidato a diputado en las listas del Frejuli (Frente Justicialista de Liberación) de 1973 y accedió a la banca en 1974, luego de la renuncia de un grupo de la Tendencia Peronista que se produjo como consecuencia de un encuentro de ocho legisladores con Perón, cuando los conminó a subordinarse a su liderazgo o dejar el partido.

En esa ocasión, expresando en su juramento que “la sangre derramada no será negociada” y conformando el unipersonal Bloque de Base, Ortega Peña asumió la banca que mantuvo hasta su muerte.

El filme, que recurrió a la biografía de Ortega Peña realizada por los periodistas Felipe Celesia y Pablo Wainsberg “La ley y las armas”, recorre la vida de Ortega Peña, desde su infancia, su adherencia al peronismo, su colaboración con la Unión Obrera Metalúrgica liderada por Augusto Vandor a comienzos de los 60, la conformación de un estudio de abogados con Luis Eduardo Duhalde, dedicado fundamentalmente a la defensa de presos políticos, y su intervención política en los años 70, en los que jugó en forma independiente al resto de las agrupaciones del peronismo revolucionario pero con gran protagonismo.

Télam mantuvo una charla con Tomás de Leone, que anteriormente filmó la ficción “El aprendiz”, sobre los motivos que lo llevaron a la realización de este documental y el modo como encaró su trabajo.

Telam SE
Télam: ¿Qué lo motivó a la realización de un documental sobre Ortega Peña?
Tomás de Leone:
Conocí su historia seis años atrás, lo primero que me impactó fue su juramento al asumir como diputado y empecé a investigar su historia con lo que descubrí que fue uno de los primeros abogados en sentar jurisprudencia en relación con los desaparecidos a partir del caso de Felipe Vallese en la década del 60 y también que fue el primer asesinado que se adjudica la Triple A; me pareció que todo eso configuraba un hilo conductor para hablar de una serie de cuestiones sobre esa época.

T: ¿Cómo analiza su asunción como diputado?
TDL:
El drama que él tiene es que sigue apostando a las instituciones y la vida política cuando todas las organizaciones estaban pasando a la clandestinidad, hecho que se hace manifiesto luego de la plaza del primero de mayo (el famoso discurso de Perón sobre los “jóvenes imberbes” cuando Montoneros se retira de la manifestación); estamos en un proceso de degradación institucional y ahí él se queda solo porque sigue apostando a la vida política, a diferencia de las organizaciones de izquierda revolucionaria del peronismo que pasan a la clandestinidad.

T: ¿Cómo fue la elección de las personas que se entrevistan en la película?
TDL:
A excepción de los biógrafos (Celesia y Wainsberg) la condición fue que el resto tenía que ser gente cercana que lo trató y tuvo acceso directo a él, la idea fue que cuando aparecieran esos personajes su relato estuviera más ligado a acceder a zonas más personales y cotidianas de Ortega Peña que a dar información. En ese sentido, el rostro de los entrevistados que aparece en la película tenía que ser una textura más del filme y no una cara que habla a cámara. La película tenía que ubicar al personaje en ese tiempo y dar los colores, las texturas de un personaje tan rabiosamente activo; era importante el contenido histórico pero también el contenido dramático del personaje, buscando tejer una relación entre ese personaje y el espectador.

T: Si bien se ocupa de los convulsionados años 70, el relato del filme no se propone desde un determinado posicionamiento ideológico.
TDL:
Eso era fundamental, la película tenía que funcionar aun para el espectador que supiese lo indispensable de la historia argentina y que no necesariamente tuviese que concordar ideológicamente con la película ni el personaje para que pudiera verla y seguirla. Como espectador puede sucederme que muchos documentales con los que coincido ideológicamente me parecen un plomo y otros con los que tengo mis reservas en esa materia pueden atraerme desde su construcción, en este sentido, la idea fue trabajar un relato que no tergiversara lo que hizo Ortega Peña y buscando sacar a luz determinadas facetas del personaje pero que fuera antes que nada un hecho cinematográfico ty que no se redujera a un hecho político.

Telam SE
T: El filme propone también un trabajo muy cuidado de los materiales de archivo de los que se sirve.
TDL:
Sí, y fue un aprendizaje continuo a lo largo del filme; una vez que me enganché con el personaje y empecé a vislumbrar la idea de hacer la película sabía que no la iba a hacer con tres fotitos y tres tipos hablando a cámara, ahí empecé a ver si podía construir un relato cinematográfico y, en eso, la búsqueda de material audiovisual fue fundamental. Trabajé en el Archivo General de la Nación, el Museo del Cine y con colecciones privadas, y llegamos a digitalizar material que no estaba digitalizado.

T: ¿Y cuáles fueron los descubrimientos que aparecieron en la película?
TDL:
No sabía que era un tipo tan conocido y tan recordado, me impresionó que fue una figura con la que nadie después de su muerte pudo arrimar agua para su molino y también que estuvo lejos de la construcción de poder político en sí mismo sino que él estaba en una construcción política de verdad, no hacía lazos políticos solo como un medio de acumulación sino que trabajaba más como un intelectual y un político.
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