18/02/2017 Tlam en Irak

Sorpresa en la Mosul liberada: esperanza en Trump y reproches a Obama

Soldados iraquíes que combaten contra el Estado Islámico ven con buenos ojos al nuevo presidente de Estados Unidos.

Por Hugo Passarello Luna


Cae la noche en Bartella, en las afueras de Mosul. En una pequeña mezquita, en el medio del campo, unos 20 soldados iraquíes dejan de lado sus fusiles y reposan en una sala alrededor de un brasero a gas, que sirve a la vez como calefacción y para calentar agua.

Un solo tubo fluorescente y una televisión, que nadie mira, son la única fuente de luz. Son apenas las 8 y hasta la medianoche harán lo que hacen todas las noches para matar el tiempo: tomar litros de té sobrecargado de azúcar, como obliga la costumbre, mientras conversan y revisan las pantallas de sus teléfonos.

El sargento Thamer, responsable auto designado de servir el té, reparte las tazas de papel entre sus camaradas. “¡Trump!”, dice Thamer, taza en mano, llamando la atención a un soldado que juega al dominó y no ve que su té lo espera. Los soldados ríen a carcajadas.



Desde que Donald Trump se convirtió en presidente de Estados Unidos, los militares de la séptima división del ejército iraquí descubrieron un parecido entre el mandatario y uno de sus camaradas. Nada más lejos de la verdad, porque no se parecen en nada. Pero poco importa la verdad cuando el Trump ficticio los divierte más que el real.

“A mí no me gusta Trump. No tomó medidas acertadas. La decisión de no permitir a los iraquíes entrar a Estados Unidos nos enojó un poco”, dijo a Télam el sargento Thamer, 33 años, 11 de ellos en la fuerza. “Hasta ahora no podemos entender su política. Nos gustaría saber cuáles serán sus planes para los países árabes.”

Hablar del presidente de Estados Unidos es un tema ineludible, sobre todo para quienes combaten todos los días contra el grupo yihadista Estado Islámico (EI). La división a la que pertenece Thamer tiene a cargo el apoyo logístico de las tropas que se preparan para tomar el lado oeste de Mosul, la segunda ciudad de Irak y último reducto yihadista de importancia en el país.

Estados Unidos lidera la coalición internacional que brinda un refuerzo vital en la lucha contra el EI. Desde el aire, los aviones estadounidenses bombardean las posiciones de los yihadistas. Cada misil reduce a escombros edificios, incluso los grandes, supuestamente ocupados por los combatientes del EI. Sin ese apoyo el avance de las fuerzas armadas iraquíes sería aún más lento y aún más fatal para sus integrantes.

“Necesitamos más ayuda para el ejército iraquí que está luchando esta guerra contra el Daesh (el acrónimo en árabe del EI). Estamos perdiendo mucho dinero. Gran parte de nuestra infraestructura, como los puentes, fueron destruidos”, dice Thamer a esta agencia.

La opinión del sargento no es compartida por algunos de sus colegas que ven con buenos ojos al nuevo jefe de Estado. “A mí me gusta Trump”, dice el soldado Youssef, el más joven de todos, con 24 años, dos como militar. “Es diferente. Está haciendo algo. No como el otro”.

El “otro” es el predecesor de Trump, Barack Obama.

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