17/02/2017 muestra

Las pinturas argentinas del estadounidense Stevens Vaughn, desde maana en la UCA

"Como tinta que fluye", la primera exhibición en el país del artista que reside en China, quien utiliza una particular técnica en la que entremezcla los pigmentos con agua que gotea, y que funciona como una suerte de ritual, abre sus puertas al público.


Curada por Cecilia Cavanagh y Massimo Scaringella, la muestra reúne en total catorce obras pintadas especialmente en Buenos Aires, como en un intento de documentar el lenguaje del agua, a través de estos colores que chorrean por las telas adquiriendo diferente intensidad, una paleta que selecciona según lo que cada país le ofrece: "Aquel amarillo y azul por ejemplo es Boca, me dijeron. No sé qué es Boca, pero me gusta", dice Vaughn, entre risas, en entrevista con Télam.

El espacio de arte de la UCA es un cubo vidriado con vista privilegiada al río, un paisaje que entra en sintonía de manera automática con las piezas creadas por este artista de Minnesota, donde el agua es tan protagonista como la paleta cromática desplegada.

Vaughn utiliza la técnica del "dripping" -explican los curadores-, que no significa tirar el color en forma casual, sino al contrario, a partir de una indagación experimentada, distribuir cada gota del pigmento en un orden relativo donde la inestabilidad del soporte en su libre fluir origina figuras diversas: puede romperse en gotas, salpicar según el impacto con la superficie, pero siempre de modo equilibrado o, como en algunos trabajos más recientes, el pliegue de la hoja determina la superficie cromática.

En sus trabajos, además, este creador está influenciado por su estudio y formación en filosofía -residió durante nueve años en Japón- y cuenta que posee una imperceptible y rara forma de autismo, que resulta en una falta del concepto de tiempo y dirección, es decir que su vida temprana se basó en temporadas y eventos.

"Estas obras las pinté todas aquí en la Argentina -relata Vaughn sobre su proceso de trabajo, que en sí mismo es casi como una performance- Las pinté bajo la lluvia, fue genial. Son diferentes de otras que haya hecho, el agua aquí es diferente, los pigmentos son diferentes, la lluvia tiene su propia personalidad, y yo estoy aquí para asistir al agua, soy un conductor.

¿Cómo comenzó a aplicar esta técnica en sus pinturas?
Una vez estaba dando una clase a un grupo de alumnos en mi casa, y estaban a punto de graduarse de artistas, y yo les dije: "están a punto de obtener una hoja donde dice que son artistas, yo no tengo ningún título, ningún papel que me diga lo que tengo que hacer en la vida, entonces puedo hacer lo que se me dé la gana". Cuando tenés la habilidad de hacer nada entonces podés hacerlo todo. Pero estaba lloviendo, y los alumnos no querían quedarse en la lluvia. Hacía frío, estaban a punto de entrar en receso para almorzar y en un momento avisaron que la comida estaba lista. Ellos se evaporaron y me quedé sólo, bajo la lluvia, con todas estas pinturas, estas hojas. En unos quince minutos bajo la lluvia vi cómo todas las pinturas se movían, estaban vivas. Viví nueve años en Japón, donde tenían un dicho: el agua es el color más importante en pintura. El agua puede ser un día soleado, un día nublado, sombras, eso dicen en Japón del agua. Podés estar atascado en el agua o el agua puede cooperar con vos. Hacer lo que vos desees. Y ahí me di cuenta, cuando vi esos hermosos dibujos movedizos, que el agua está viva. Ese día desarrollé una nueva relación con el agua, entendí que el agua tiene una caligrafía. La caligrafía del agua (lo dice en español).

¿Cómo sería esa caligrafía?
El agua tiene piel. Me gusta pensar que mis pinturas están hechas del espacio entre la piel del agua y la piel del papel. Y esto parece un espacio muy chico, pero para mí es un espacio gigante. Y en este espacio gigante muchas cosas pueden ocurrir, los pigmentos se mueven, todo tiene vida propia, y yo estoy ahí para asistir, para ser parte, como en un ritual. Los rituales de agua son de los más antiguo que tenemos, el agua tiene memoria, y nosotros somo agua. Si miras este hermoso río aquí, frente a nosotros, es la sangre de la ciudad. Una idea que encuentro interesante es pensar en la piel del agua, y que el agua pierde su piel. Creo que debemos darnos cuenta qué tan unidos estamos. Si ponés dos gotas de agua cerca, ellas quieren unirse. El agua es el aspecto central de nuestra vida.

¿Cómo elegís los colores para cada obra?
Eso es un desafío, porque cada país tiene colores diferentes. Estos -señala- son los colores de la Argentina, son los únicos que encontré aquí. Cuando los vi, pregunté: "¿Dónde está el rojo brillante?". Y al final me rendí porque rendirse es una palabra importante en el arte. Los colores que estaban disponibles aquí son estos y al final llegué a amarlos. De los azules y amarillos me dijeron: "Es Boca". No sé qué es Boca, pero me gusta (risas). Cuando viajás, pintás con los colores de cada país. Este año, en el Congo pinté con los colores de África. En Sofía, pinté con los colores de Bulgaria. Y así.

¿Hay algo catártico en tus pinturas? ¿Algo más emocional que racional?
Yo soy autista, así que en el autismo mi mundo no es de a pedazos. Mi mundo es entero. No tengo sentido del tiempo o la dirección, no puedo pensar una parte acá y la otra allá, soy completo. Y en el autismo no operamos de manera racional, sino de manera ritual. Somos más de los rituales primigenios, en los rituales encontramos confort. Y estas pinturas son un aspecto de un ritual del cual participo pero que no puedo controlar.

"Como tinta que fluye" se podrá visitar hasta el 12 de marzo en el Pabellón de las Bellas Artes (Alicia Moreau de Justo 1300, Puerto Madero, CABA), con entrada libre y gratuita, de martes a domingos de 11 a 19.
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