16/01/2017 Cruce de los Andes-200 aos

La proeza de los soldados sanmartinianos y la astucia de su general

Las seis columnas del Ejército de Los Andes que emprendieron el cruce de la cordillera tuvieron una misión específica, pero hubo una, la llamada principal, que iba preparada para enfrentar a la fuerza realista en la cuesta de Chabacubo, tal cual se produjo y había previsto el comandante, general José de San Martín.

Por Eduardo Barcelona



A la proeza de los soldados sanmartinianos de sortear con éxito el segundo cordón montañoso más alto del mundo, se le añade la astucia del jefe de haber abierto en seis pasos diferentes el cruce bélico, obligando a la conducción española de Francisco Marcó del Pont a dividir el frente a lo largo de 800 kilómetros sin saber cuál era la división sobre la que debía concentrar el contraataque.

El jefe del Ejército de Los Andes protegió con gran celo por dónde iría la columna principal, que cruzó por el Paso de Los Patos, en San Juan, para lo cual hizo creer a los españoles mediante una engañifa que la división esencial treparía por los pasos del Portillo y del Planchón, cuya vanguardia caminó por la segunda vía al sur de Mendoza.

La columna de El Portillo partió del fuerte San Carlos al mando del capitán José León Lemos y llevó 25 soldados de blandengues y 30 milicianos, reclutados en el valle de Uco (Tunuyán y Tupungato, en Mendoza). El objetivo fue hacer creer a los realistas que por ese paso seguirían otros cuerpos. Atravesaron la sierra dando a conocer que detrás de ellos venían otras divisiones.

La del paso del Planchón, con la conducción del teniente coronel Ramón Freire, iniciaron el cruce el 14 de enero de 1817 con 80 efectivos de los batallones 7, 8, 11, a los que se sumaron 25 granaderos a caballo. Los distintos uniformes de cada uno de los batallones desorientaron a los espías españoles que pensaron que ésta era la columna principal.

El objetivo más importante de esta columna fue tratar de hacerle creer a los realistas que eran la vanguardia del ejército, por lo que San Martín aconsejó a Freire que se "retirara" si era atacado "en razón de que será cargado por fuerzas muy superiores".

Freire cruzó sin mayores inconvenientes y tomó contacto con la guerrilla chilena al mando de Manuel Rodríguez, que iniciaron las acciones insurreccionales el 13 de enero en el sur de Chile. La columna de Freire partió desde el Plumerillo el 14 de enero.

La división La Rioja estuvo bajo la dirección del coronel Francisco Zelada, un hombre que hasta el momento de partir a Chile formaba parte del Ejército del Norte del general Manuel Belgrano, quien controló y respaldó el movimiento hasta que cruzó la frontera.

Fue la columna con la que menos contacto mantuvo San Martín durante el cruce, sabía que Belgrano estaba atento y en eso confiaba. Integraron la unidad efectivos del Ejército del Norte, la mayoría de ellos riojanos.

La división cruzó por el paso de Come Caballos, en La Rioja, donde la altura media del cordón anda en los 4.100 msndm. La misión fue tomar el poder en Copiapó y en Huasco.

La cuarta columna cruzó la cadena montañosa por el paso de Guana, San Juan, al mando del teniente coronel Cabot. Partió el 12 de enero por uno de los pasos más difíciles, dado las características del terreno, señalaron Claudio Monachesi y Edgardo Mendoza en el libro "San Martín y el cruce de Los Andes".

Cabot tenía que cumplir un plan muy riguroso, pues sus tiempos debían coincidir con los de la columna principal que viajaba por Los Patos. La columna de Cabot llevaba una carga especial de pólvora, municiones, fusiles y cañones que tenía que preservar a toda costa, observaron los autores.

La orden fue ir por el camino de Pismanta, caer sobre Coquinbo y La Serena y provocar un movimiento favorable a la lucha independentista. Altura media de la sierra: 4.200 msndm.

La quinta columna fue conducida por el coronel Juan Gregorio de Las Heras y viajó por el camino más corto a Santiago de Chile: Uspallata, Mendoza. El objetivo fue obrar en combinación con el grueso del Ejército de Los Andes para reunirse en el valle del Aconcagua, donde se reagruparían las fuerzas con vistas a la batalla de Chacabuco.

La salida desde el Plumerillo se produjo el 18 de enero y detrás, el 19, salió el de la Maestranza y la Artillería con Fray Luis Beltrán al frente. El número de artilleros se estima en 20.

Las Heras llevó una fuerza compuesta por casi 800 hombres del batallón 11 y alrededor de 30 Granaderos a Caballo.

La necesidad de no perder el ritmo de marcha obligó a Las Heras el 2 de febrero a seguir el cruce a las 3:15 de madrugada, afrontando el frío y la oscuridad de la montaña a 3.800 msndm. El desplazamiento nocturno en alta montaña es el más arriesgado que registra la historia de las campañas militares.

Todos los movimientos de las cuatro primeras columnas fueron más o menos públicos y evidentes, con acciones destinadas a proteger el secreto sobre cuál era la principal.

En una ocasión previa, José Antonio Álvarez Condarco, le preguntó a San Martín por dónde viajaría el grueso de la fuerza. El comandante le respondió: "Si mi almohada lo supiera, la quemo". Tal era el misterio que el comandante tendió sobre la vía elegida y el día de la partida.

Los historiadores y especialistas coinciden en marcar que la salida de la columna principal dejó la sensación que se la hubiera tragado la montaña. Pocos, muy pocos, sus principales jefes y algún que otro baqueno, sabían que el paso elegido era el de Los Patos.

"La salida del Plumerillo fue como si el ejército se hubiera esfumado", señaló el especialista sanmartiniano, Jorge Olarte: "Fue lo buscado por San Martín, que nadie supiera por dónde iría, ni cuál era la columna principal del ejército".

El general Diego (RE) Soria aporta otro dato para comprender la operación del cruce de la columna principal. "Cada escalón estaba subdivido en otros dos: cada subescalón salió con un día de diferencia. Es decir, que cuando salió San Martín, ya llevaban cuatro días de marcha por la cordillera los primeros".

Otro secreto impuesto por el comandante fue el número total de efectivos del ejército que empezó el cruce. Al llegar al valle de Putaendo, la columna principal se unió a la secundaria de Las Heras, que había marchado por Uspallata.

El Paso de Los Patos fue el trayecto más largo para llegar a Chile y también uno de gran dificultad, tanto que los jefes realistas creyeron que "era una misión imposible emprender el cruce por esta vía", según Monachesi-Mendoza.

Por esta razón, la sorpresa realista fue mayor ante el éxito del cruce, que debía atravesar la cadena montañosa y llegar con fuerzas suficientes para emprender de inmediato un combate que era terminal: Chile quedaba libre o la aventura sanmartiniana caía derrotada.

En Mendoza, los habitantes vieron partir entre el 19 y el 25 de enero la fuerza principal del Ejército de Los Andes, que se dividió en tres escalones. El primero al mando del jefe del estado mayor, brigadier Miguel Estanislao Soler, el segundo con el brigadier Bernardo O'Higgins y el tercero bajo la dirección del Libertador.

San Martín fue el último en salir del Plumerillo, pero en el momento de la batalla de Chacabuco estaba al frente del ejército, con lo cual avanzó a marcha forzada a lo largo de más de 500 kilómetros de ruta montañosa.

El 19 de enero partió Soler, O'Higgins lo hizo el 21 con el dispositivo centro. Monachesi-Mendoza explican que la labor de O'Higgins fue crucial a lo largo de la travesía, iba y venia de una punta a la otra del ejército para controlar que nada faltara y mantener informado al comandante, que marchaba detrás.

El 23 de enero partieron desde el Plumerillo los escuadrones 1ro. y 2do. de Granaderos a Caballo, bajo las órdenes del coronel José Zapiola. El 24 lo hizo el parque General y el de la Maestranza. La misión de la maestranza incluía la recuperación de mulas, caballos y reses que se dispersaban por el camino.

A la tarde del 24, San Martín le escribió a su operador político Tomás Godoy Cruz: "Mi muy querido amigo. Esta tarde salgo a alcanzar las divisiones del Ejército. Todas han salido bien. Dios nos dé acierto mi amigo para salir bien de tamaña empresa". En realidad, salió al día siguiente.

Ese día 24 se produjo la primera escaramuza bélica con un contingente realista. Fue en Picheuta, donde los patriotas salieron derrotados. Al día siguiente, el coronel Las Heras puso en fuga a los godos en Potrerillos, pese a contar con una fuerza menor.

Luego hubo otras tres escaramuzas mientras se producía la gran operación del cruce de Los Andes: Achupallas, Las Coimas y Guardia Vieja, todas libradas con éxito. "La más importante fue la de Las Coimas, donde se derrotó a un contingente de 500 realistas. Ahí no murió ningún soldado argentino", puntualizó Soria.

Es decir, que a la dificultad propia del cruce montañoso, se le agregó la resistencia de pequeños combates de los realistas. Ninguno otro cruce de los conocidos en la historia militar tuvo que enfrentar tantos obstáculos.

Mientras tanto, la travesía de la columna principal seguía adelante. La primera gran etapa de la marcha fue llegar a la estancia Los Manantiales y de ahí hasta Chacabuco.

En Manantiales, el descanso fue muy corto. San Martín dividió la fuerza, Soler al frente y detrás O'Higgins a un día de distancia.

En el camino se encontraron con dos senderos: el de la Horqueta y el del Espinacito. "El primero muy empinado y abrupto, debido a la estrechez y la altura, lo cual constituyó la jornada más difícil de todo el cruce", afirmaron Monachesi-Mendoza.

A continuación apareció el cordón occidental de Los Andes, que para cruzar se puede hacerlo por los pasos de Valle Hermoso y el de las Llaretas. San Martín cruzó por éste, el más extenso y complicado.

El 31 de enero, en Manantiales, el Libertador había recibido la información enviada por Las Heras sobre las escaramuzas de Picheuta y Potrerillos. El sistema de postas de los chasques cumplían con eficiencia la entrega actualizada de lo que pasaba en las otras columnas.

Le respondió a Las Heras con una recomendación: "El 8 del actual (febrero) sea su entrada en Santa Rosa". A Soler le ordenó que subdividiera el escalón y le pidió que le pidiera lo mismo a O'Higgins.

"También creo conveniente que reparta a la tropa dos o tres días de víveres, no sea que un temporal disperse la división y el soldado se encuentre aislado, sin tener que subsistir", agregó en la orden a Soler.

Los expertos aseguran que desde Manantiales al boquete de Valle Hermoso, donde está hoy el límite entre la Argentina y Chile, distan 19 horas de marcha a lomo de mula. Los baqueanos lo hicieron en menos horas: cambiaron varias veces de cabalgadura para llevar el mensaje del Gran Jefe.

El 1 de febrero, San Martín ordenó repartir vino a los soldados para suavizar el frío, pero también consignó la muerte de un valiente "negrito, que venía bastante enfermo".

Ese día, O'Higgins fue alcanzado por el mayor Arcos que tenía la orden de tomar Achupallas, lugar de una de las escaramuzas el 4 de febrero. El jefe chileno dispuso entregar a los soldados cargas de galleta, tres cargas de charque molido, una de aguardiente, otra de maíz y siete de charque en rama.

Si los jefes de las columnas informababan a San Martín, éste lo hacía con el gobernador intendente de Cuyo, Toribio Luzuriaga, quien, a su vez, lo hacía con el Director Supremo, Juan Martín de Pueyrredón. La Gazeta de Buenos Ayres, fundada por Mariano Moreno, publicaba las noticias.

El 5 de febrero, las distintas columnas del Ejército de Los Andes entraron en Chile.

La situación de las tropas realistas de Marcó del Pont se tornaba difícil.

La columna principal apareció por Santa Rosa y en San Antonio, Chile, y en las cercanías, en San Felipe, comenzó el reagrupamiento de la fuerza siguiendo el modelo napoleónico de concentrar previo a la batalla. Los españoles se dieron cuenta entonces que estaban rodeados. Por un lado, la columna de Las Heras había ocupado el puesto de Guardia Vieja (otra escaramuza) y, por el otro, Achupallas donde estaba el grueso del Ejército de Los Andes.

El coronel español Atero percibió el peligro e intentó un contraataque salvador. El 7 de febrero cruzó el río Aconcagua y presentó batalla a los patriotas al mando de Mariano Necochea. Ahí se produjo la escaramuza más importante, previa a la batalla de Chacabuco, la de Las Coimas.

Con el resultado puesto, San Martín le escribió a Pueyrredón. "El enemigo recibió refuerzos considerables el 6 por la tarde; en la misma noche pasó el río Aconcagua y al romper el día 7 se presentó al frente del comandante Necochea con 400 caballos, sobre 300 infantes y dos piezas a su retaguardia. Este valiente oficial mandó a retirar a sus avanzadas y hasta ver al enemigo a media cuadra no disparó un sólo tiro. Mandó a poner sable en mano, les cargan con mayor bizarría; los baten completamente, dejan sobre el campo 30 muertos, toman 4 prisioneros y los persiguen acuchillándolos hasta el cerro Las Coimas. En la misma mañana, antes de las 9:00, abandonan precipitadamente su posición y San Felipe", describió el Libertador.

Entre el 8 y el 11 de febrero, el Ejército de Los Andes reagrupó las fuerzas. Al día siguiente venció a los realistas en la cuesta de Chacabuco.

El 22 de febrero volvió a escribirle a Pueyrredón: "En 24 días hemos hecho la campaña, pasamos las cordilleras más elevadas del globo, concluimos con los tiranos y dimos libertad a Chile", subrayó exultante el comandante del Ejército de Los Andes a su jefe, el Director Supremo de las Provincias Unidas.