06/12/2016 muestra

Pablo Piovano pone la lente en "El costo humano de los agrotxicos"

Por este trabajo, el fotógrafo fue distinguido con el premio de fotoperiodismo Philip Jones Griffiths, por "el hermoso e importante trabajo sobre el uso y los efectos de los agrotóxicos en la producción de alimentos en la Argentina".

Con motivo del ensayo fotográfico "El costo humano de los agrotóxicos", distinguido con el premio de fotoperiodismo Philip Jones Griffiths, su autor, Pablo Piovano, repasa el valor del trabajo documental independiente en un momento en que las investigaciones extensas no hallan eco en los medios tradicionales y reflexiona sobre el impacto de los agroquímicos en la salud.

Piovano (Buenos Aires, 1981) fue distinguido por "el hermoso e importante trabajo sobre el uso y los efectos de los agrotóxicos en la producción de alimentos en la Argentina", una serie de fotos en blanco y negro realizada en forma independiente sobre el daño que el glifosato produce en el cuerpo humano.


El premio llegó casi en coincidencia con el primer juicio por homicidio a causa de agroquímicos que se realiza en el país (un niño de cuatros años murió en Lavalle, Corrientes, por respirar veneno esparcido en el aire), a tres años de haber comenzado la investigación, y año y medio después de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconociera que el glifosato podía causar cáncer. 

Hace tiempo que la casa de Piovano cuenta con una pieza menos: ahí guarda las 90 fotos de un metro por sesenta que cubrieron el piso circular del Palais de Glace en marzo último: "No sé dónde meterlas", comenta a Télam.

Fueron dos años de trabajo y cerca un centenar de casos, en los que buscó mostrar al cuerpo como evidencia: "Por eso la reiteración del retrato de víctimas -dice-, era lo más urgente, aunque lo que se discute acá es la soberanía alimenticia: si tienen el monopolio de los alimentos controlan nuestra salud, y si controlan nuestra salud puede controlar nuestra libertad".

En este momento la muestra se expone en Vigevano, Italia, pero antes recorrió Europa, de mayo a julio. Empezó por el Fotón Festival de Valencia; siguió en Hannover, Alemania; y terminó en Arles, Francia, gracias a una beca de la Fundación Manuel Rivera Ortiz; y poco a poco va recorriendo la Argentina.

-Télam: ¿Qué significa este premio para el fotoperiodismo independiente?
-Pablo Piovano: Hace 20 años un fotógrafo podía profundizar un tema protegido por su medio, pero ahora no sucede: casi ningún medio en América Latina financia trabajo de investigación o ensayo fotográfico y solo unas pocas fundaciones en el mundo están sosteniendo la memoria de la fotografía documental. En mi caso este premio significa energía económica para seguir y volver al continente con algo que empieza a ser una causa y que es un doble trabajo, investigación y difusión, porque toca muchos intereses y se lo invisibiliza. 

-T: ¿A qué responde ese cambio respecto al fotoperiodismo y la memoria?
-PP: Creo que a una búsqueda de control mediático. La fugacidad en el tratamiento de la noticia van en pos de mantener en vilo a un lector ávido de nada, porque cuando las noticias corren muy rápido no está pasando nada. ¿Hasta dónde podés llegar cubriendo la nota diaria? ¿Qué podés dilucidar de estar un ratito en la villa y después en un ministerio?

-T: ¿Cómo impactan las nuevas tecnologías en esto? 
-PP: Son una herramienta de comunicación muy poderosa que hay que tomar, tenemos la posibilidad en nuestra cámara de filmar y hacer sonido, por ejemplo. Medios como el New York Times o el Washington Post ya saben que la continuidad no está en el papel y las redes sociales están cumpliendo un rol muy importante porque de alguna manera te igualan con grandes medios: en Brasil la audiencia de Mídia Ninja trabaja casi al mismo pulso que con O globo, con Dilma llegaron casi a tener un millón de seguidores en vivo, y esa posibilidad está abierta a todos nosotros.

-T: Tu trabajo recorrió medios alternativos, ¿cuál es el valor de esos espacios?
-PP: Son espacios donde se pueden contar las noticias que en otros lugares no tienen espacio, y se lo puede hacer masivamente. El problema es que, en general, tienen la intención más pura del periodismo pero aún no están profesionalizados. 

-T: ¿Cómo comenzaste a investigar el tema de los agrotóxicos?
-PP: Era un tema que los medios no estaban cubriendo y ameritaba ser narrado. En 2014 la Red de Médicos de Pueblos Fumigados había dado cifras alarmantes. Hablaban del uso de 370 millones de litros anuales de agroquímicos sobre el 60 por ciento del suelo sembrado del país. Eso significa que la Argentina tiene una de las tasas más altas del planeta de glifosato por persona, 7,6 litros, y que es un territorio de experimentación sobre nuestros cuerpos.

-T: ¿Te acordás de la primera foto que sacaste?
-PP: Fue en Basavilbaso, Entre Ríos. Fotografié a Fabián Tomasi, que de alguna manera es la voz de esta causa y me guió porque estaba en contacto con un movimiento incipiente. Fue el primero pero también el último que fotografié, su cuerpo está muy lacerado, le dieron seis meses de vida. Es un hombre de 50 años que trabajó en carga y descarga de agroquímicos y sufrió politraumatismo tóxico severo, ahora no puede sostenerse por sí mismo, no puede levantar un mate. 

-T: ¿Alguna situación te llamó particularmente la atención?
-PP: Cuando estuve cerca de San Salvador, un poblado apenas saliendo de lo de Fabián, había 19 casos de cáncer en cuatro cuadras. Eso fue como sentir el daño y se repitió a lo largo de todo el viaje en las zonas de impacto, es decir en las casas linderas a los campos. Anduve por Misiones, Chaco y Córdoba, donde están las Madres del barrio Ituzaingó, que después de tres años de bloqueo lograron echar a la planta Monsanto de esa localidad, la más grande de Latinoamérica. Algo que también me impactó, muchos de sus hijos habían muerto por envenenamiento.

-T: ¿Hay cifras de muertes por agroquímicos?
-PP: No a nivel oficial, se habla de 13 millones de afectados, gente que está en relación con estos químicos, de hecho la red de Médicos de Pueblos Fumigados nació en 2001 porque después de las fumigaciones llegaban chicos con asma, broncoespasmos y problemas en ojos y piel que derivaban en cosas más serias. 

-T: ¿Cómo nació tu vínculo con la fotografía?
-PP: Ya de niño me vi rodeado de imágenes, mi padre es fotógrafo, así que me encontré con la fotografía de una manera natural. A los 15 años tuve que trabajar en su laboratorio obligado y lo odiaba, pero después me enamoré. Para no aburrirme en el viaje hasta ahí, agarraba una cámara de rollo. Me acuerdo de una florista que tenía mi edad, una imagen muy bella, de la que hice un retrato muy malo; pero lo interesante era lo que pasaba cuando copiaba, al ver la alquimia en el laboratorio dije 'puta, acá hay un mundo', una forma de expresión que sentía potente y me funcionaba. 

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