Espectáculos
26-11-2016 20:10 - Libro
Sergio Aisenstein: "Somos seres incompletos; todos somos freaks"
Sergio Aisenstein (Buenos Aires, 1957), el creador del legendario Café Einstein a finales de la dictadura, y de la discoteca Nave Jungla al cierre de la década del ´80, decidió escribir un libro, "Freakenstein", que se convierte en documento de época pero también en el relato de un sobreviviente que no deja de pensar en crear nuevos mundos en los que la búsqueda es atravesar la oscuridad.

Leer el relato que Aisenstein hace de su vida es zambullirse en los días en los que convivió con un Luca que cocinaba a la hora que se le ocurría, dormía la siesta en una hamaca paraguaya rodeado de pinos y tocaba en el Café Einstein, en el que muchas veces se quedaba a dormir.
Aisenstein es el Sergio al que Luca le grita "Quiero dinero" en el tema de Sumo que lleva ese nombre. Al cantante de Sumo lo vio por primera vez un día en el que subía la escalera del bar ubicado en la Avenida Córdoba al 2500 y, según recuerda Aisentein en el libro, el primero que le habló de él fue Daniel Melingo.
"Forjamos una profunda amistad. El amaba el Café Einstein. Con Luca teníamos amigos en común en Europa. Habíamos vivido cosas del mismo calibre: cárcel, muerte y drogas", recuerda en el libro publicado por Planeta.
En "Freakenstein", el autor también rememora el cierre de ese mítico café. Cuenta que la clausura fue por orden del entonces ministro del Interior de Raul Alfonsín, Antonio Tróccoli, que tenía hijos que iban al Einstein y explica: "En vez de dominar a sus hijos, iba cerrando los lugares a los que iban".
A la hora de intentar dar cuenta de la experiencia de Nave Jungla, su fundador recuerda que "las estrellas no eran los que querían brillar", y considera que ese lugar "hizo explotar Palermo. Lo puso de moda".
Esa discoteca cerró a fines de los 90 y según cuenta Aisenstein se debió a la cantidad de "juicios de los vecinos e inspectores", que asegura que no entendían "lo que ocurría allá adentro".
-Télam: En el libro hay un lugar destacado para la historia de tus padres, tu casa de la infancia, en la que había mucha oscuridad, ¿por qué decidiste contar y ahondar en ese aspecto?
-Sergio Aisenstein: Pensé cómo contar la historia de mi vida sin contar cómo surge todo, dónde estaba el terreno fértil. Nave Jungla y los freaks no aparecen de la nada. Mis abuelos tenían circos de freaks, era el circo más importante de toda Asia y Europa. Yo me escapé de mi casa, busqué mi destino. Vivíamos en Barrio Norte y nos mudamos a Caballito, Parque Chacabuco, porque era un barrio de pasajes por el que no pasaban coches, porque mi hermano había muerto atropellado por un coche. Más tarde mi hermana Liliana y mi cuñado morirían de la misma forma. En esa casa, a mi hermana la mandaron al Nacional Buenos Aires y a mí al Liceo Militar. Mi viejo quería que fuera médico y estudié un poco de medicina, pero me escapé.
-T: ¿Y cómo fue el proceso de escritura?
-SA: Soy escritor de alma, tenía libros de viajes, bitácoras. En un momento empecé a publicar relatos en Facebook, que es una red social relativa: tiene un lado positivo y otro mortal. Pero un día, al empezar a publicar uno de mis relatos, la hija de uno de mis ex psiquiatras me dijo "libro" y ahí empecé. El libro podía salir ahora o en marzo y yo no soportaba más la presión del libro adentro mío. Me ayudaron las editoras de Planeta y toda la parte gráfica fue seleccionada por ellas.
-T: Contás que tuviste dos editoras: ¿Cómo fue el trabajo con ellas?
-A: Le mandé el primer capítulo a una de ellas, Adriana Fernández, y me contó que lloró. Es muy fuerte. Sentí mucho apoyo. Las mujeres que me vienen rodeando en este último tiempo me ayudaron mucho. Los tipos a veces no tenemos la sensibilidad para pescar ciertas cosas, jugamos más rectos y la mujer es más holística.
-T: En el libro decís que "un hombre sin amigos es algo oscuro y terrible". Y definís a los tuyos como "seres que se cruzan en tu vida y te dejan un montón de oro a tus pies a cambio de nada".
-A: Sin dudas me ayudaron, me salvaron. Con todas las personas establezco un lazo real porque necesito tener vínculos reales con la gente.
-T: ¿Cómo imaginas la recepción del libro?
-A: Hay libros que nunca los pude terminar de leer porque me emocionan demasiado, quiero dejarlos siempre como pendientes: algunos libros de Breton, los poemas de Dylan Thomas, "Un bárbaro en Asia", de Henri Michaux. Amo los libros, ellos también me ayudaron.
-T: ¿Cómo definís a los freaks hoy?
-A: Todos somos freaks. A todos nos falta algo, a todos nos sobra algo, somos seres incompletos y esa es la idea del freak. El Café Einstein fue la formación de esa cultura. Mi trayectoria fue siempre hacer y crear cultura y nunca me fijé qué estaba pasando a los costados, sino no hubiera hecho nada.
-T: Al hablar de tu relación con Chabán, decís que si uno lo conocía sabía que había posibilidad de un final trágico.
-A: Te puedo decir que todas las personas son como un enigma. Somos un enigma para nosotros mismos. Desde ese lugar, te digo que Omar Chabán es un enigma, una persona muy misteriosa, que me hizo reír muchísimo, no me reí con nadie como me reí con él. Un transgresor alucinante.
-T: En el libro contás anécdotas de Luca que ayudan a verlo desde otro lugar.
-A: Los años que estuvo en la Argentina, Luca vivía en mi casa. No se abría mucho, no le gustaba mostrarse. Lo hacía solo como el Luca que aparecía en el escenario. Antes de conocerlo a él, conocí a sus amigos en Europa. Todos murieron igual: de heroína.
-T: ¿Estás pensando en algún proyecto a mediano plazo?
-A: La idea es hacer, armar un nuevo lugar, sobre el que no quiero adelantar mucho. Aunque no importa demasiado el nombre, en este momento estoy medio enamorado del que estoy pensando: Freakenstein. Como me pasó con el nombre Nave Jungla, que lo fui armando con un sistema de William Burroughs y Dylan Thomas, mezclando cosas con los surrealistas y apareció. Me gustaría que sea en el barrio de Villa Crespo pero falta, primero tengo la presentación del libro, me quiero ir de vacaciones y después veré.
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