23/11/2016 Festival de Cine de Mar del Plata

"La idea de que el cine profundo debe ser aburrido es pueril", afirman los directores de "Los Modernos"

Uno de los filmes que levantó la temperatura del Festival de Cine de Mar del Plata, constituyéndose en una de las agradables sorpresas de la muestra que termina este domingo fue "Los modernos", ópera primera de la dupla uruguaya integrada por Marcela Matta y Mauro Sarser y que compite en la sección Latinoamericana.

Por Pedro Fernndez Moujn


Divertida y atrapante comedia existencial, filme con evidentes guiños a las cinematografías de Woody Allen y John Cassavetes (al punto de que Sarser es uno de los protagonistas de la cinta), "Los modernos" no sólo habla de los enredeos, idas y venidas sentimentales y decisiones vitales que hay que comenzar a tomar a los 30 y 30 y pico sino que también es un demoledor ataque a un cine pretencioso, silencioso, lento y sin discurso, que posa de snob y tiene ilustres adeptos, aunque en rara ocasión el favor del público.

Rodada en blanco y negro, con una hermosa Montevideo de fondo, entre siestas amorosas, caminatas por la Rambla y calles internas bajo el omnipresente fondo de un luminoso Gardel de guitarras y criollo en estupenda banda sonora, "Los modernos" lleva más de 9 semanas en cartel en Uruguay y es, antes que nada, una crítica a gran parte del cine que está de moda y se realiza en la banda oriental de Buenos Aires.

"El cine uruguayo de los últimos años se ha direccionado en un único sentido que tiene que ver con la historia mínima, bajo la engañosa idea de que un cine autoral o serio debe necesariamente ser lento, con pocas acciones, personajes muy simples, grandes silencios y negando al público toda posibilidad de entretenimiento", arrancan los dos realizadores, plantando bandera, en la charla con Télam luego de las funciones del filme que se convirtió en uno de los sucesos de esta edición del Festival de Mar del Plata.

"Este es un grito de "¡basta!" porque existe la idea de que todo tiene que ser sugerido, de que por arriba no pasa nada y por abajo pasa de todo, pero desde hace años estamos en una situación en la cual la ecuación real es que por arriba no pasa nada y por abajo pasa menos y nosotros quisimos hacer una película desde otra perspectiva y en respuesta a eso, una película con ambición de ser muy uruguaya y de volver a hermanar al público uruguayo con su cine, que es un vínculo muy dañado", destacan Matta y Sarser.

Télam: ¿Hay como un divorcio?
MyS: Sí, además de con el público hay un divorcio entre el cine uruguayo y la idiosincrasia uruguaya, nosotros sentimos que el cine uruguayo está plasmando algo falso, que es un espejo distorsionado de nosotros mismos, hay una idea de que los uruguayos somos grises y lentos y que el cine tiene que ser así y creemos que eso es absolutamente falso. La vida que nosotros hacemos no tiene nada que ver con esto, sí tenemos una cosa medio melancólica si querés propia pero no es el 100 por ciento del día ni todos los días, en Montevideo hay gente muy activa haciendo muchas cosas, entonces la idea fue hacer una película que reflejara el Uruguay como lo sentimos nosotros, nuestra idiosincrasia como la sentimos y por fuera del cliché establecido, además de hacer una película que nos gustara como espectadores.


T: Y en esta propuesta de comedia existencial que proponen la influencia de Woody Allen es insoslayable.
D: Siempre lejos de la copia, de querer parecerse "a", pero la influencia de Woody Allen o de Cassavetes para nosotros son centrales por varios motivos: uno, porque ellos en Estados Unidos también hacen o hicieron cine de bajo presupuesto y supieron resolver muy exitosamente muchas cuestiones que a vos se te pueden presentar; uno aprende cine viendo cine y estos tipos fueron maestros para nosotros; dos, que nosotros, al igual que ellos, decidimos recurrir a lo que tenemos más a mano que es nuestra propia vida, las cosas que pasan a nuestro alrededor, no tenemos el presupuesto para hacer una investigación de campo de seis meses en una favela; otro tema es que nos criamos culturalmente entre fines de los 70 y los 80 y el mundo que plasmaron estos tipos en esa época para nosotros fue central durante nuestra formación; es un cine de dilemas éticos y morales, de discusiones filosóficas, si querés, que estaba afectado y al mismo tiempo afectaba a la sociedad y todo esto con cero pretensión de snobismo, siendo entretenido, un cine que también te divierte.

T: En "Los modernos" el humor es muy amable y le permite sintonía al público con la película.
D: No es una película de gags, es un humor que no está basado en chistes sino que es un humor de situaciones, la gente a veces se ríe más en momentos de tensión del personaje que se mete en problemas (y de hecho Franco es un personaje al que los problemas van cercando) y la empatía que eso produce en el público lo hace reírse; después también hay algunas líneas de diálogos muy sutiles que quizás en Argentina descubrimos que funcionaban mucho mejor de lo que sucede en Uruguay.

T: ¿Sí?
D: Allá pasaban sin generar nada mientras que en las funciones de acá en el festival rápidamente las pescaron, agarraron todos los detalles, se rieron en los mismos lugares que todo el mundo se ríe pero también en esas cosas sutiles. El público argentino es sutil, es inteligente, es muy perceptivo, es perspicaz, es generoso; un uruguayo te felicita siempre desde un lugar como para que vos no te agrandes y el argentino es al revés: te infla como si fueras una pelota de fútbol, se abre contigo, el argentino tiene fama de ególatra, sin embargo cuando te viene a felicitar se despoja de su ego, abre su corazón.

T: Y siempre el humor como una fórmula eficaz que abre muchas más puertas de las que creíamos.
D: Obviamente la película trata temas que generan reflexión y para nosotros la única manera de que eso entre amablemente en el pensamiento y la emotividad de la gente es tratarlos con humor; la idea de que el cine profundo tiene que ser aburrido y prescindir de la idea de entretenimiento es una idea pueril.