Cultura

09-11-2016 13:08 - literatura

Michel Houellebecq: “Prefiero exiliarme en la Argentina antes que en los Estados Unidos”

El más polémico, y tal vez el más celebrado escritor de la Europa contemporánea, llegó por segunda vez a la Argentina, donde durante tres días participa de entrevistas, conferencias y disertaciones.

Por Gonzalo Garcs
Por Gonzalo Garcés
09-11-2016 | 13:08
La última vez que Michel Houellebecq estuvo en la Argentina fue hace nueve años. Por entonces el gobierno de George W. Bush en los Estados Unidos entraba en su decadencia final y el de Néstor Kirchner en nuestro país terminaba con euforia. Twitter era poco conocido; la crisis económica global todavía no asomaba.

Telam SE
El mismo Houellebecq parecía encontrarse en una fase relativamente plácida de su carrera. Los años de exilio de Irlanda, donde residía desde fines de los años noventa para gozar de tranquilidad y pagar menos impuestos que en Francia habían aplacado algo de su insolencia, o por lo menos le habían quitado el aspecto urgente de sus comienzos. Su última novela, "La posibilidad de una isla", había sido un éxito de ventas, ya que no de crítica; se había hablado mucho de su "pase" millonario de la editorial Flammarion al grupo multimedia Fayard, y en el ámbito hispano, de la prestigiosa Anagrama a la poderosa Alfaguara. En suma, podía hablarse, sin demasiada injusticia, de cierto aburguesamiento del más provocador de los escritores franceses.

Lo menos que puede decirse es que la situación en 2016 es muy diferente. Cuando Michel Houellebecq llegue a Buenos Aires hoy, los Estados Unidos tendrán un nuevo presidente y la política en la primera potencia mundial no volverá a ser lo que era. Por su parte, la Argentina tiene el primer gobierno no peronista, radical ni militar en cien años. Houellebecq ya no vive en Irlanda: ha vuelto a Francia, y las noticias que trae no son buenas. El orden europeo que imperaba desde el fin de la Segunda Guerra Mundial ya no existe tras el Brexit. La crisis social en Francia, según el autor de "Sumisión", no tiene posibilidades de resolverse.

"Hay un sentimiento que quizá sea difícil de entender para los sudamericanos", dice Michel Houellebecq a Télam. "El sentimiento, que se hace cada vez más opresivo en Europa, de que nos acercamos de manera ineluctable a una guerra civil".

Agrega que cuando escribió "Sumisión" sólo creía a medias en semejante posibilidad, pero ahora los hechos están a la vista. "Desde hace muchos años el Partido Socialista emplea la táctica de elevar al Frente Nacional para hacer perder votos a la centroderecha", agrega. "Eso ha llevado las cosas a un lugar insalubre. En 2012 nos encontramos con la situación bastante loca de que un presidente socialista fue elegido a pesar de que el país había virado hacia la derecha. Y no es improbable que en 2017, tal como lo planteo en mi libro, el Partido Socialista vuelva al poder, a pesar de que el país se ha corrido todavía más a la derecha. Las élites dirigentes están totalmente desconectadas de la gente y son la profesión más despreciada, con la excepción del periodismo."

Un malentendido rodea "Sumisión", la novela más reciente de Houellebecq, desde antes de que se publicara. Entonces corrió el rumor de que su nuevo libro planteaba la ficción de una Francia gobernada por un partido musulmán. Los antecedentes del escritor llevaron a pensar que se trataría de una sátira sangrienta contra el Islam; años antes, durante una entrevista acompañada de abundante vino, Houellebecq había declarado que el Islam era "la religión más idiota".

Después se supo que en esa declaración había un trasfondo personal: la madre de Houellebecq, con la que este mantenía una relación de feroz conflicto, se había convertido a aquella religión, y su hijo ahora famoso aprovechaba para enviarle tiros por elevación. Lo cierto es que la fama escandalosa de Houellebecq estaba bien cimentada: las acusaciones de islamofobia, de racismo, de misoginia, nunca demostradas, tampoco habían sido rebatidas.

El mismo día de la publicación de "Sumisión", como obedeciendo a un macabro plan publicitario, tuvo lugar la masacre de Charlie Hebdo: hombres armados con fusiles de asalto irrumpieron en la redacción de la revista satírica y mataron a doce personas. Entre ellas estaba Bernard Maris, amigo personal de Houellebecq. Este, horrorizado, suspendió la promoción de su libro, que se convirtió en un fulgurante bestseller, en buena parte gracias a un nuevo malentendido, según el cual la novela contenía la predicción del atentado islamista.

Meses más tarde, cuando volvió a aparecer en público, Houellebecq se cansó de repetirlo: "No, esta no es una novela contra el Islam; y sí, tenemos el derecho a escribir novelas contra el Islam, si así lo queremos".

No mentía. En realidad, "Sumisión" imagina una situación en la que Francia, al borde de una guerra civil entre nacionalistas y musulmanes, es salvada -no destruida- por la llegada al poder de un partido islamista moderado. En la novela, esto produce el inmediato cese del conflicto. Más aún, la economía florece bajo el nuevo régimen: como las mujeres se retiran en forma masiva del mercado del trabajo y la mano de obra escasea, el desempleo se reduce a cero y los salarios aumentan.

En un sentido más profundo, la novela transmite la impresión de que los franceses, hartos del laicismo y nostálgicos de la religión, están dispuestos a abrazar el Islam porque es preferible a un mundo sin Dios.

"¿Cuánto duró la ideología laica y nacionalista que reemplazó en Francia a la religión?", se pregunta Houellebecq. "¿Cuánto duró el patriotismo? Un poco menos de cien años. Desde las guerras napoleónicas hasta la Primera Guerra Mundial. El patriotismo francés desapareció en las trincheras y no fue reemplazado por nada. En cambio, la cristiandad medieval duró más de mil años."

El tono de Houellebecq ha cambiado. No hace tanto tiempo decía, entre lánguido y aburrido, que una persona está en un país como en un hotel, ni más ni menos, y que no le debe ninguna lealtad. También se preguntaba: "¿Quiero ver a Francia vaciada de sus industrias, convertida en un país museo, en una especie de burdel para turistas? Categóricamente respondo: sí".

Las cosas han cambiado. No es que Michel Houellebecq se haya convertido en un patriota francés: de su país, en la actualidad, rescata el queso y poco más. Pero ha descubierto que ciertos valores, que su país todavía sostiene, sí le importan: el primero de ellos, la libertad de expresión. "Eso me concierne en forma personal", dice, y agrega que no solo esa libertad está en peligro por culpa del terrorismo islamista, sino por la dictadura de lo políticamente correcto que surge del propio Occidente: "Cuando yo era joven había más libertad. Ahora el debate de ideas se limita a una cosa: detectar cuando alguien se sale del discurso establecido. Cuando pasa esto, el acusado tiene un solo derecho: puede disculparse. Y eso es todo".

Vital, con furia renovada y con la ironía intacta, Houellebecq parece haber acrecentado sus fuerzas creativas gracias a su regreso a Francia. En la actualidad vive en un departamento del barrio chino de París, cerca de la Plaza Italia. Desde la masacre de Charlie Hebdo vive con custodia policial, pero eso no parece molestarlo ni amedrentarlo.

Su libro anterior, "El mapa y el territorio", fue considerado como una vuelta al mejor Houellebecq; también publicó un libro de cartas entre él y el filósofo de la gauche divine, Bernard-Henri Lévy. Esa voluntad de dialogar con un contemporáneo era síntoma, quizá, de que Houellebecq ansiaba romper el aislamiento para volver a abordar (y pelear con) el mundo contemporáneo.

Esta visita a América del sur (antes de llegar a la Argentina dio una conferencia en Porto Alegre, Brasil) es parte de esta renovada voluntad de rozarse con otras realidades. Admirador de Borges, a quien reconoce como una influencia, Houellebecq tiene una imagen muy afectuosa de la Argentina. "Incluso cuando leí a Roberto Bolaño", reconoce, "creí que era un escritor argentino: quizá porque a cualquiera que escriba en español con ese nivel de sofisticación tiendo a asociarlo con la Argentina".

¿Acaso le gustaría alguna vez pasar más tiempo en este país? Sin abandonar su expresión seria, Houellebecq asegura que terminará por exiliarse aquí. "Es cada vez más evidente que Europa está acabada", dice. "Y lo que pueda subsistir de su civilización tendrá que continuar en el continente americano. Yo preferiría que fuera en América del Sur. Ustedes tienen sus defectos, no me cabe duda, pero de cualquier manera tengo más ganas de irme a la Argentina que a los Estados Unidos".

También te puede interesar