Cultura |

novela

J.P. Zooey: "No veo a la gente preocupada por la colonización y el saqueo de su sistema emocional"

En su segunda novela, "Los electrocutados", el misterioso y enigmático escritor parte de una singular relación entre hermanos para dar pulso a un trama con lenguaje propio que indaga sobre la sociedad contemporánea, a través de preguntas y respuestas orientadas por "la visible renuencia de la humanidad de esta época a pensar el mundo de manera inaudita", según dice el autor a Télam.

Por Milena Heinrich
Por Milena Heinrich
07-11-2016 | 14:12
Telam SE
 Detrás del seudónimo J.P Zooey se encubre un autor cuya identidad es un "reflejo" de sus libros. De la persona que escribe no existen fotografías y se intuye que es varón -su biografía habla de "autor"-, que nació en Buenos Aires en 1973. Su obra, breve y celebrada por la crítica, la componen la colección de relatos "Sol artificial" y la novela "Te quiero", publicadas también en España.

Con esta segunda novela, editada ahora por Sigilo, J.P Zooey construye una trama difícil de definir que se levanta en un armazón de cartas, narraciones, cursos y lecturas científicas sobre teorías en torno a la humanidad. Como su título permite anticipar, "Los electrocutados" es también un libro eléctrico que intercambia, a través de fluidos lenguajes y géneros, enlaces literarios tan atrapantes como disparatados.

Quien ensaya teorías en esta novela y escribe cartas es Dizze Mucho, un profesor universitario bastante particular. La destinataria es su hermana Oidas. Y quien reconstruye esa trama entre hermanos, atravesada por descifrar lo que el sistema solar tiene para decirles, es J.P Zooey, un personaje que aquí toma el cuerpo de un periodista venido a menos, el cual tras la muerte de ellos es designado albacea de los escritos.

En esta entrevista por correo electrónico con Télam, el J.P Zooey que firma libros por fuera de la ficción, da pocas notas y atesora en secreto su identidad, cuenta que el título de su novela "remite al flujo de inputs y outputs eléctrico al que nos entregamos a diario amparados por el ideal casi religioso de hacer circular la información".

-Télam: El intercambio epistolar, en definitiva, habla sobre la soledad del protagonista y puede leerse como una reflexión sobre lo que ocurre en la humanidad. ¿Es la soledad esa suerte de destino al que tu literatura busca escapar?
-Zooey: ¿Cómo habría de buscar escapar de la soledad si es el fondo de la época? Es decir, la vida humana entera está atravesada por la soledad, aunque viva hilvanada por esa experiencia mística que es la telecomunicación. Toda esa gente en los colectivos y los trenes, en los bares y estaciones terminales, caminando por la calle, encorvada ante sus celulares, en posición de rezo, ¿no está en soledad? Están confiados al detrás de la pantalla, a "otro mundo", como ocurría siglos atrás con la lectura de la Biblia, y luego con las novelas modernas, pero ahora sin narración ni más redención que el mero contacto.

-T: Hablando de época, la tecnología atraviesa a toda la novela, ¿creés que la imagen de un final de la humanidad frente a la tecnología arrolladora es una preocupación de época?
-Z: El delirio moderno, obsesionado con la explotación técnica del mundo, pasó en la última década a liberar, regimentar y asistir el ámbito que podríamos llamar "emocional". Facebook conmina a sus clientes a compartir, a expresar lo que les gusta, lo que los enfurece, no callar nunca sus sentimientos. El "corazón" de Facebook y de Twitter podría utilizarse como el símbolo de las medallas y emblemas de la época así como a comienzos del siglo XX lo eran la lámpara de lectura y la chimenea industrial. No veo mucha gente preocupada por la colonización y el creciente saqueo de su propio sistema emocional.

-T: La novela está repleta de teorías y búsquedas científicas; se cruzan el griego Tales de Mileto, el poeta ruso Velimir Jlébnikov y el alemán Oskar Vogt; hay argumentaciones sobre la vida y la muerte, ¿cómo entendés estos interrogantes que pueblan la trama?
-Z: Cuidé que las teorías expuestas en la novela guardaran una lógica interna similar a teorías científicas o filosóficas. De este modo no busqué tanto crear nuevos delirios como exponer los delirios científicos y filosóficos que sostienen nuestra vida diaria. Si hubo alguna preocupación que orientó todas esas preguntas y respuestas puede haber sido la visible renuencia de la humanidad de esta época a pensar el mundo de manera inaudita. Pero, si tuviese que decir la verdad, diría que nunca estoy preocupado cuando escribo más que por voltear del árbol la palabra madura.

-T: J.P Zooey es uno y a la vez muchos: es el seudónimo con el que escribís, es la referencia a J.D Salinger; son los personajes de tus libros. ¿Quién es en verdad J.P. Zooey? ¿Cómo operan sus múltiples identidades en tu literatura?
-Z: En la pregunta "¿Quién es en verdad tal autor?" subyace un presupuesto sobre lo que es la identidad que quisiera analizar un momento. Supone que esa identidad, ese quién es "en verdad" ese autor, sorprendería como cuando se descubre debajo de una fisonomía familiar y agradable la piel del reptil, o debajo del sapo, un caballero. Tiene algo de drama esa pregunta: supone algo oculto y conmovedor que puede y debe ser revelado para gusto de la platea. Lamento decepcionar si digo que siempre supe que la identidad de un autor es un efecto de la escritura, y no al revés. Es decir, la identidad de un autor es un reflejo de sus libros, y de lo que el lector imagina o proyecta sobre esos libros. La pregunta sería más bien cómo opera la literatura múltiple en mi identidad.
Aquel "yo" que aparece en "Sol artificial", con los dientes amarillos por el cigarrillo, entrevistando aquí y allá, puede haber provocado una irrupción en la mente de algunos lectores que me abrió un camino. Y en "Los electrocutados" ese "yo" que ahora aparece con sombrero bombín, como una imagen de Magritte, es más enigmático o sofisticado. El autor de "Te quiero", por el contrario, irritó a algunos lectores que proyectaron en él sus propias inquietudes y su propio querer, porque ahí me sustraje casi hasta el colmo emulando la posición del científico positivista, y creo que durante la escritura, y desde la invisibilidad, pude predecir la aparición de un arco iris con un día de anticipación. Estaba en éxtasis. Se lo conté a la chica que me gustaba, fue la última vez que la vi. Eso no lo pude predecir. De modo que así operó la literatura múltiple en mi identidad: liquidándola. Nunca me interesó investigar en biografías para conocer la fuente de la que manaría una creación. Deduzco esa fuente a partir de lo que leo. Así como no me interesa conocer la fuente biográfica de la cual vendría una creación, nunca sé cómo se pronuncia el apellido de un autor de acuerdo a sus raíces. Desde el punto de vista marxista debo admitirme como un fetichista del lenguaje, es decir, alguien que lo adora pero se desentiende de su procedencia corporal, de la fábrica, de la vida que aparentemente lo gestó.

-T: Escribís: "Los hombres creen que se entienden cuando en realidad viven un delirio compartido", ¿qué lugar le das a la literatura para interpretar e interpelar al mundo?
-Z: Me quedé pensando en la pregunta anterior... Si tuviese que emplear una fórmula a lo francés diría: el autor no existe, sólo hay narrador. Pero no la repetiría. Narradores que deliran. La literatura tiene una ventaja frente a otros discursos, como el científico o el periodístico: se reconoce a sí misma, y libremente, como ficción, artificio. Y en la literatura el narrador tendrá el delirio (es decir, la voz que salga del surco) que quiera y sea capaz de llevar. La literatura no está obligada a responder a la "naturaleza de las cosas", ni tiene un "compromiso con la verdad", como blanden otros géneros del delirio. La idea de esa frase que citás está tomada de un texto de Nietzsche llamado "Sobre verdad y mentira en sentido extramoral". De Nietzsche se desprende que lo que llamamos "verdades", incluso las que dan forma al mundo llamado "real" como las verdades de la matemática, la ingeniería o la medicina, fueron originalmente creaciones artísticas, pero que el hombre olvidó que lo eran. ¿O la frase de Galileo: "La naturaleza está escrita en lenguaje matemático" no es una frase poética que se ha tomado como verdad universal? Aquello que nació como verso poético, que se originó como ficción científica, hoy rige una percepción del mundo que funciona y abarca el amplio arco matemático que va desde las finanzas hasta la genética y la inteligencia artificial. El heliocentrismo es otro delirio paradigmático tomado como verdad que fue fantástico. Pero si hablamos sobre un sol quieto en el centro, y un sistema planetario que gira a su derredor, los modernos compartiremos ese delirio, aunque la idea no tenga más verdad que el trino de cualquier pájaro, de cualquier autor. En lugar de computadoras, sistemas económicos, guerras e intervenciones genéticas, hoy los delirios literarios apenas crean comunidades. Jardines de gente pertrechada de libros, frases, datos fetichistas, listas, fronteras de gustos, y esferas de soledad sostenidas por el cáliz de la oración.


Para leer el cable de la noticia acceder a: https://cablera.telam.com.ar/cable/413713

También te puede interesar