06/11/2016 Libro

“Las llaves de la cárcel”, el libro que evoca una reforma penitenciaria con trágico final

Luis Brunati, ex ministro de Gobierno durante la administración de Antonio Cafiero en la provincia de Buenos Aires, reconstruye en el libro "Las llaves de la cárcel" una experiencia reformista iniciada por iniciativa suya en el Penal de Olmos, y que culminó de manera trágica con un incendio en el que murieron 35 reclusos de conducta ejemplar, en un hecho plagado de sospechas.

"Lo que me interesa de este libro es que llegue a los presos, que ellos sepan que la realidad que viven se puede cambiar desde una perspectiva colectiva. Este trabajo es para ellos", afirma en diálogo con Télam el autor de este trabajo, publicado en papel y subido también a la página web brunati.com.ar

Cuando asumió al frente de la cartera de Gobierno, en diciembre de 1987, Brunati contaba en su haber con un pasado militante de la Tendencia Revolucionaria del peronismo, al tiempo que alternaba su vocación política con la de documentalista.

Cafiero le encomendaría la complicada misión de llevar la voz de mando de la Policía Bonaerense y el Servicio Penitenciario, dos instituciones que habían jugado un rol determinante en el engranaje represivo de la última dictadura, montado en el distrito más grande del país, entre 1976 y 1983.

"Llegamos con el impulso que traía Cafiero en su intento por llegar a la presidencia. La gobernación iba a ser un trámite. Sabía que la tarea era difícil, pero tenía muchas ganas de poder cambiar las cosas. Después, se perdió la interna con (Carlos) Menem y las cosas tomaron otro rumbo", rememora.

En la Navidad de aquel año se produjo un hecho represivo en la cárcel de Olmos con el saldo de un muerto; y eso lo obligó a posar su mirada en la problemática carcelaria de la Provincia.

"Con varios de mis funcionarios nos presentamos en Olmos después de esos hechos y verificamos lo mal que estaban las cosas allí, con una población de casi 2.000 personas. Recuerdo que los agentes del Servicio Penitenciario pusieron en una mesa las armas y fierros que les habían secuestrado a los internos durante el motín", cuenta Brunati.

Al respecto, aporta un dato que ilustra el modo en el que las autoridades del penal ejercían entonces su poder sobre los presos: "Ante semejante exposición, noté, por mi experiencia como trabajador metalúrgico, que esa cantidad de material no podía haberse fabricado en los días que duró la revuelta. Me di cuenta de que debíamos hacer algo para cambiar esa realidad".

En el libro, el autor recuerda que en aquellos tiempos pasó "varias noches sin dormir", hasta que se le ocurrió la idea de poner en marcha el proyecto de construcción de una cárcel modelo, donde los presos de buena conducta habitaran en celdas individuales y tuvieran las llaves de esos espacios.

"La idea era construir pabellones con celdas en las que entrara la luz del sol y hubiera espacios verdes. El proyecto requería además involucrar a los presos en las tareas de edificación", evoca Brunati.

Tras sortear una serie de planteos y observaciones negativas por parte de los agentes del Servicio Penitenciario Bonaerense, la piedra fundacional del nuevo complejo se colocó en abril de 1988, y con el tiempo, más de 250 presos se abocaron a las tareas de construcción.

El diseño, dirección y ejecución de la iniciativa quedó en manos del arquitecto Claudio Caveri (fallecido en 2011), quien en los años '70 había participado en la Comunidad Tierra, un espacio de militancia social y cristiana que se desarrolló en el partido bonaerense de Moreno.

En tanto, la esposa del gobernador Cafiero, Ana Goitía, cumplía una tarea destacada en la recaudación de fondos para los materiales, al frente de una cooperadora.

La publicación detalla que hubo faltantes en los elementos de construcción que se guardaban en el penal, hasta que Caveri y su equipo designaron a un preso condenado por homicidio para que los custodiara.

"Las cosas quedaron al cuidado de un recluso y se acabaron los robos. Era un señor que purgaba una larga condena y que era probable que nunca saliera de la cárcel. Eso quiere decir que toda reforma que se haga del sistema penitenciario debe contar con el protagonismo de los presos, ellos también son capaces de cambiar la realidad en la que viven", remarca.

Una serie de acuartelamientos protagonizados por efectivos policiales que añoraban la conducción que Ramón Camps había ejercido sobre la fuerza en tiempos de la dictadura, sumados al "fuego amigo" que venía desde el peronismo, motivaron el alejamiento de Brunati del Ministerio, en diciembre de 1988.

En medio de dificultades y presiones, el proyecto Olmos prosiguió hasta mayo de 1990, cuando 35 de los reclusos que participaban de la iniciativa murieron como consecuencia de un incendio plagado de sospechas, cuyo origen el Servicio Penitenciario atribuyó a un "accidente".

A poco de que el Gobierno de María Eugenia Vidal haya iniciado una reforma en el Servicio Penitenciario, Brunati parece albergar la tibia esperanza de que esos anuncios se transformen en mejoras concretas.

"Si la intención de la gobernadora pasa por modificar las cosas, sus iniciativas pueden ser útiles. Esperemos que no se queden en el mero marketing político. Estoy convencido de que los cambios se producen si hay una sociedad movilizada y comprometida. Creo que a eso se debe apuntar", concluyó.