Cultura

29-08-2016 14:50 - reportaje

Pablo Bernasconi: "Estoy escribiendo los libros que me hubiese gustado leer cuando era chico"

Veinticuatro relatos integran "Mentiras y moretones", el nuevo libro del ilustrador, que fusiona imágenes sugerentes con una prosa de sutil rastro poético.

Por Julieta Grosso
Por Julieta Grosso
29-08-2016 | 14:50
Telam SE

 Así como los golpes y el dolor se transforman con el paso del tiempo, la memoria altera las experiencias y abre una brecha entre los episodios y la manera en que son evocados a través del recuerdo: sobre esta cuestión filosófica y otras afines al proceso de escritura confluyen los veinticuatro relatos que integran "Mentiras y moretones", el nuevo libro del ilustrador Pablo Bernasconi que fusiona imágenes sugerentes con una prosa de sutil rastro poético.

"Hay dolores que se pelean con la memoria. Y la empujan hasta que cambie de color. Por eso ninguna verdad suena tan real como una mentira bien contada". Así arranca Bernasconi el libro álbum que da cuenta de sus obsesiones temáticas, pero también de su empeño en desdibujar los límites de la literatura infantil, evidenciado desde la elección de un título que funciona acaso como metáfora de los obstáculos o desilusiones de la vida ordinaria.

"Mentiras y moretones" (Sudamericana) está destinado a un público amplio que incluye a los chicos pero interpela a los adultos a través de relatos que indagan en las problemáticas recurrentes de la vida moderna: el inconformismo y la búsqueda de la perfección ("Punto imposible"), la ansiedad ("El hombre que nunca estuvo") o las interferencias en la comunicación ("Galleta").

En paralelo, muchos de los textos que atraviesan el libro parecen indagaciones fragmentarias sobre la naturaleza de la escritura: la manera en que elementos aislados se vinculan para componer una relato -"Notas para un cuento"- o cómo la invención y la fantasí­a enriquecen la literatura y el mundo en general.

Telam SE
 - Télam. ¿Cuál fue el disparador de "Mentiras y moretones? Uno podrí­a pensar que por "deformación" profesional, el punto de partida de tus obras es casi siempre una imagen...
- Pablo Bernasconi: Mis últimos dos años fueron muy especiales, por situaciones personales que me tocaron vivir, y que modificaron mucho mi forma de tomar las cosas, de actuar. Cuando comencé a pensar en este libro estas cosas aún no me habían sucedido, y si bien tení­a la idea de desarrollar un proyecto que hablase de los golpes y los moretones, y de la forma que tiene la memoria de recrearlos, no estaba preparado desde la experiencia para responder algunas preguntas de forma genuina. El tiempo me colocó en un lugar diferente, y un libro que parecí­a definido fue en gran medida reinventado al verse interpelado por la realidad. En muchos de mis libros el punto de partida sí es la imagen, que me es más natural como modo de avanzar, pero en este caso en particular empecé por la palabra, por delinear el contenido literario de cada relato para definir la congruencia del conjunto.

- T: ¿Tu actividad te lleva de manera natural a encontrar un correlato visual de las emociones, que en el caso del dolor aparece graficado en la idea del moretón?
- P.B: Supongo que la mirada que tengo ante casi todas las cosas es atravesada por un lente propio desde el que puedo entender y digerir conceptos que de otra forma se desdibujarí­an, o al menos me serí­an más difí­ciles de digerir. La poesí­a (visual o escrita) nos acerca a la escala humana de las cosas, es inherente a, como decí­a algún griego, "el resplandor de la verdad". Los moretones y la forma en que cambian sus colores son una metáfora de este avance inevitable ante cierta sanación que todos buscamos con distintas herramientas pero un mismo faro. La creatividad es la que nos cuenta la historia desde un lugar asimilable, superador.

- T: ¿Esa reflexión incluida en el libro acerca de que es imposible recordar el dolor de la misma forma fí­sica en que lo vivimos es una metáfora sobre la brecha que media entre un episodio y la manera en que lo evocamos? ¿En qué medida la ficción sirve para reconstruir los vací­os de la memoria?
- P.B: La memoria es siempre distorsiva pero tiene en definitiva buenas intenciones. Quizá en un primer momento nos vincula con el episodio atenuando los puntos dolorosos, desde la fantasí­a. Es un ejercicio muy amable de su parte. El pasado tiene tonalidades que definitivamente cambian de color con el tiempo, y cada persona sabrá como admitir esa policromí­a.

- T: ¿Los chicos pueden relacionarse de otra manera con la invención y la imaginación si les inculcamos la idea de que la memoria es una construcción que se vale también de una dosis de "fantasí­a"?
- P.B: No creo que sea necesario inculcarles nada a los chicos. Me parece que naturalmente pueden defenderse de las enseñanzas y así­ lo promuevo. Los cuentos, las historias, son menúes personales que acompañan sus crecimientos, pero que en sus versiones más dogmáticas podrí­an interferir en sus decisiones, cosa que me aterra. Mi intención es siempre tangencial, ir por el costado. Y en ese terreno la retórica y la metáfora saben hacer sus trabajos, son suficientemente gentiles como para darles la mano sin tironear.

- T: ¿Pensás siempre en obras para chicos que aborden también problemáticas ligadas a la vida adulta?
- P.B: Es mi gran tema, y mi propia gran pregunta. Para quién hago los libros. No los hago para los chicos, no los hago para los adultos, no los hago para nadie en particular. Alguna vez dije que estoy escribiendo los libros que me hubiese gustado leer cuando era chico. Que me estoy regalando libros en diferido. Cada vez creo más que mi propia fidelidad estilí­stica e intelectual tiene que ver con completar creativamente mi infancia desde mi presente.

- T: Los relatos "Uno de miedo" y "Miedoso" aluden a lo insondable de los temores. ¿Abordar el miedo a través de la literatura tiene alguna faceta paliativa en tanto "jugar" con el miedo en una historia lo aliviana?
- P.B: Imagino que puede haber alguna faceta terapéutica, de encuentro, de empatí­a con los temores. Puede haber pero no serí­a nunca mi intención. Las historias vienen a acompañar, a interceder, a mediar en escala humana con cosas que muchas veces nos exceden por insondables. En definitiva, buscar en los textos remedio para esto serí­a abusivo, y hablando de responsabilidad de los autores, serí­a demasiado. Si hablo de historias que tratan sobre los miedos, estoy trasladando pareceres í­ntimos que encuentran socios clandestinamente, desde la casualidad mejor entendida.

- T: ¿La literatura para chicos tiene muchos puntos de contacto con la poesí­a, acaso requerimientos de concisión y precisión próximos al lenguaje poético?
- P.B: Adoro la poesí­a. Me parece uno de los registros más valientes y perdurables de la "época" moderna. La poesí­a es naturalmente tangencial, por eso es tan amable y delicada con nuestro ser sensible. Y es valiente, porque habiendo tantos otros registros y estí­mulos tanto más "efectivos" a la hora de comunicar un mensaje, la poesí­a sigue desmenuzando nuestras ideas con toda la fragilidad de la que es autora indiscutible. Así­ entra la música, la danza, el arte visual, las letras, que no son más que elementos a los que la poesí­a invita a jugar.

- T:¿Cómo se fusionan o combinan el trabajo como editorialista gráfico para el diario La Nación y tu ví­nculo con la literatura ¿La frontera entre ficción y realidad es más porosa de lo que parece?
- P.B: Exacto, la frontera es porosa, y muchas veces desdibuja la cotidianidad y celeridad de un trabajo para el diario, con la extensión apacible de un proyecto de libro. Todo nos retroalimenta supongo, nos construye como autores integrales. No suelo separar un trabajo del otro, porque en definitiva no los considero un trabajo, no se parece a eso.

- T: ¿Hacés "testeo" de tus historias con tus hijos?
- P.B: Sí, a veces, con algunos cuentos. Son pequeños déspotas en potencia.

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