07/07/2016 200 aos de la Independencia

El rol de la saltea "Macacha" Gemes en la poca de la Independencia

La intervención de la mujer en la época de la Declaración de la Independencia argentina tomó dimensión en figuras como Macacha Güemes, recientemente reconocida como la Primera Mediadora de Salta debido a su accionar para lograr la firma del Pacto de los Cerrillos, que le permitió al Congreso de Tucumán sesionar con tranquilidad.

Por Paola Soldano

Corresponsal

 La intervención de la mujer en la época de la Declaración de la Independencia argentina tomó dimensión en figuras como Macacha Güemes, recientemente reconocida como la Primera Mediadora de Salta debido a su accionar para lograr la firma del Pacto de los Cerrillos, que le permitió al Congreso de Tucumán sesionar con tranquilidad.

Se trata de Magdalena Dámasa Güemes de Tejada, más conocida como Macacha, la hermana del general Martín Miguel de Güemes, de quien se convirtió en su más estrecha colaboradora.

El 22 de marzo pasado, cuando se cumplieron los 200 años de la firma del Pacto de los Cerrillos, Macacha Güemes de Tejada fue reconocida como la “Primera Mediadora de Salta”, a través de un decreto firmado por el gobernador Juan Manuel Urtubey.

Este nombramiento es el reconocimiento a la hermana de Güemes, quien actuó como mediadora para sellar un acuerdo destinado a lograr la paz y terminar con un conflicto que ponía en riesgo la seguridad de las deliberaciones que en Tucumán comenzarían el 24 de marzo de 1816.

Por aquellos tiempos, Güemes, entonces gobernador de Salta, y el general José Rondeau, jefe del Ejército Auxiliar del Alto Perú, mantenían serias diferencias militares, estratégicas y políticas.

“Al Pacto de los Cerrillos lo tenemos que poner en un momento crucial en la vida del nuevo Estado”, expresó a Télam el reconocido historiador salteño Miguel Ángel Cáseres.

Este acuerdo se firmó en la finca de los Tejada, en el actual municipio de Cerrillos, cuando 21 de los 29 diputados ya esperaban en Tucumán para debatir la posibilidad de declarar la independencia de las entonces Provincias Unidas del Río de la Plata.

“En mayo de 1810 emerge un nuevo estado, con el nombre de Provincias Unidas del Río de la Plata, que tiene su afloramiento en esos días; su sustento en la Asamblea de 1813; su consolidación en 1816, en el Congreso de Tucumán; y su concreción en 1853, cuando adquiere su ley fundamental”, explicó.

Luego, señaló que “el Congreso ya estaba decidido y no por un capricho sino por la urgencia estratégica” del general José de San Martín, que para salir junto al Ejército de los Andes a liberar otros pueblos necesitaba tener a “su pueblo independizado”.

En ese contexto, el entonces jefe del Ejército Auxiliar del Perú, que había sido derrotado en Sipe Sipe, en noviembre de 1815, llegó a Salta con sus tropas diezmadas pero con la intención de rivalizar con Güemes, a quien no le reconocía los métodos que utilizaba en la guerra por la independencia, ni a los gauchos que libraban las batallas contra las tropas realistas.

Rondeau llegó a invadir Salta durante tres días pero pronto se vio acechado por los gauchos, que le cortaron el acceso a víveres, agua, alimentos y todo tipo de recursos, lo que lo obligó a dialogar con Güemes.

Cáseres explicó que “esta contingencia, el desencuentro entre Güemes y Rondeau, fue en definitiva una niñería, con todo el respeto del caso”, porque el jefe del Ejército Auxiliar del Perú “no reconocía a los gauchos ni los métodos” que utilizaba Güemes, y mucho menos su autoridad.

Del otro lado, Güemes -definido como “era un gran estadista, según lo demostró durante su gobierno y porque además supo leer el plan sanmartiniano, se comprometió con él y fue protagonista”- también tenía una “personalidad de líder, con algo de caudillo, que lo arrebataba por momentos”.

“Allí es donde cobró especial dimensión el rol de la Macacha Güemes”, una especie de “operadora política” del hermano, a la que “le decían la ministra sin cartera”.

Magdalena tenía dos años menos que Martín Miguel, con quien creció y decidió acompañarlo en su vida política.
“Se complementaban, se le puso a la par. Eran hermanos muy cercanos, compinches”, detalló Cáseres, quien destacó que ella fue “protagonista vital del Pacto de los Cerrillos”.

Macacha no solo fue una mediadora para que este acuerdo llegue, sino que una vez tomada la decisión se encargó de cada detalle para que se concrete y que no quedara amenazada la seguridad de la deliberación en Tucumán y la defensa de la frontera norte, apenas a 500 kilómetros del Congreso.

Cáseres explicó que “el Congreso se podría haber reunido en varios lugares, pero si miramos la historia nacional, después de la Batalla de Tucumán existió una línea imaginaria que demostraba que las tropas realistas no pasaron más allá de Salta”.

“San Martín, que sabía esto y se lo encomendó a Güemes, en quien confió plenamente y no lo defraudó, sabía que el Congreso podía sesionar con tranquilidad, aún cuando Salta pudiera estar en manos del adversario, porque no iban a pasar de allí”, afirmó.

“Güemes y Rondeau debían pactar, sellar un acuerdo para priorizar el objetivo nacional. Por eso creo que ganamos todos con el Pacto de los Cerrillos”, abundó.

Para Cáseres, este acuerdo fue “un balde agua fría ante el juego de dirimir las pasiones y posiciones, porque ese desencuentro inhabilitaba la apertura del Congreso y, en caso de necesidad, debilitaba la posibilidad de la defensa”.

“También fue un balde de agua tibia para la gran esperanza del surgimiento y la consolidación del Estado Nacional”, concluyó.
La firma de este pacto fue largamente celebrada en el Congreso de Tucumán y por San Martín, que en una carta enviada a Tomás Godoy Cruz expresó: “Más que mil victorias he celebrado la mil veces feliz unión de Güemes con Rondeau”.