11/05/2016 libros

Silva: "Las redacciones son estructuras de poder masculino que usan a las mujeres como adornos"

En "Música para feos" el español Lorenzo Silva, bestseller del género policial, narra un romance sobre dos seres dañados que construye a partir de lugares comunes y su propia experiencia: una joven periodista expulsada de medios misóginos y un militar maduro expuesto a conflictos de alto riesgo.


Su paso por las redacciones de algunos de los diarios más importantes de España e investigaciones que realizó sobre los envíos de tropas españolas a Siria y Afganistán derivaron colateralmente en la novela publicada por Planeta, donde Silva guía al lector a través de un compilado de canciones: 21 temas a lo largo de 21 capítulos que al final del libro forman la "lista de reproducción" que aparece con el título de la novela en Spotify.

"Música para feos" alude a "Chelsea Hotel", el tema que Leonard Cohen cuenta que escribió tras subir a un ascensor del icónico hotel neoyorquino buscando a Brigitte Bardot, aunque ahí se topó con Janis Joplin, con quien tuvo en claro inmediatamente que pasaría esa noche y que en el tema cita cuando ella dice: "no importa, somos los feos, pero tenemos la música".

Los protagonistas de esta novela "son feos en el sentido de que las cosas les han salido a medias, no son guapos ni ricos ni famosos, ven la parte vacía más que la llena de la botella", resume Silva sobre Ramón y Mónica.

Un soldado maduro presente en los conflictos armados mas cruentos de la contemporaneidad -como Bosnia, Kosovo, Libia o Mali- y una joven periodista subocupada son los actores de la narración que toma forma desde una voz femenina exiliada de cánones contemporáneos, la de esa mujer autónoma pero angustiada porque con 29 años no está casada, más allá de su situación laboral.

"Siempre estoy pegado a la realidad -dice Silva en diálogo con Télam-: España ha tenido tropas hasta hace siete meses en Afganistán y 'Música para feos' cuenta la experiencia de los que se van, desde la mirada de los que se quedan, mediados por la inmediatez de tecnologías como Skype", que hacen que guerra y paz se crucen de forma extraña.

"Entrevisté a más de 150 soldados que participaron de la intervención española en Irak y Afganistán -cuenta-, y la mayoría no ha matado nunca a una persona, aunque algunos tienen más exposición, como Ramón, que asume el trabajo más desagradable no sólo en nombre de su gobierno, paí­s, conciudadanos y compañeros, sino como responsabilidad individual porque sólo él conoce qué lo ha hecho decidir si puede quitarle la vida a alguien".

Silva se refiere a la investigación que realizó para el libro "Afganistán: Diario de un soldado", sobre la labor de militares españoles en misiones internacionales: "Sólo una docena de los entrevistados disparó contra una persona a la que vio morir, la mayorí­a no dispara jamás, son pocos los que han causado bajas en una guerra y, si abren fuego, tiran al bulto, porque mezclados con la población civil pueden causar serios daños", advierte.

-Télam: ¿Por qué elige esa deriva Ramón, el protagonista de su novela?
-Lorenzo Silva: No lo sé. Es un vida rara, el militar se mueve por un sentido casi contrario al de la sociedad contemporánea. Mientras el común de la gente busca el máximo beneficio, el código militar busca el máximo sacrificio. Es como ser un marciano y eso hace que su vida se fracture: Ramón pierde a su padre y gana fracasos personales que lo desbaratan a pesar de haber elegido la aventura y el cambio drástico.

-T: ¿Por qué escribir una historia de amor convencional cuando el bagaje que le da forma no lo es?
-LS: Porque elijo la fuerza dramática: Mónica ha quemado etapas demasiado de prisa, ya tuvo una relación con un hombre mayor que la llevó a territorios que no tienen que ver con la juventud y creo realmente que su experiencia con Ramón es redentora. Ella está perdida en muchos aspectos, rendida prematuramente y se encuentra con un hombre que remueve su historia y le hace sacar lo que realmente es. Lo que han tenido ha sido valioso y no es un consuelo voluntarista. Por otra parte hay cosas que no me las invento yo, son una especie de reflejo de la realidad. La protagonista es una periodista subocupada y la profesión periodí­stica en España realmente se ha depauperado mucho y es muy cruel con las mujeres. Lo he visto muchas veces: chicas de 25 años contratadas por el tiempo que dure la cadena de convenios basura baratos. Las redacciones tienen una misoginia latente, son estructuras de poder masculino que toman a las mujeres como adornos. Me remito a la estadí­stica: en las redacciones españolas privadas hay muy pocas mujeres, todos jefes, al revés de lo que ocurre en el Estado, que tiene mecanismos más eficaces para regular designaciones. Y esto es lo que sufre Mónica, además de no haber encontrado un amor correspondido y valedero hasta que da con Ramón.

En su paso por Buenos Aires Silva repasa la actualidad de la novela negra, un género que lo tiene como referente a partir de personajes como los investigadores Bevilacqua y Chamorro, protagonistas de la exitosa serie policial que comenzó hace 20 años y que pronto sumará su noveno capí­tulo con "Donde los escorpiones".

"Cuando empecé, en España todavía se escribía novela polí­tica de la transición bajo el ropaje de la novela negra, y fui parte de un cambio que a pocos les llamó la atención en su momento -pero que hoy marca el paso-. Las tramas que mostraban un paí­s en democracia con tensiones sociales dieron paso a otras que replicaban las consecuencias de insertarse en la economí­a mundial y, con ella, la delincuencia organizada global", grafica el autor de la Trilogía de Getafe.

Así la novela "Donde el escorpión", próxima a publicarse en Argentina, "aborda la corrupción polí­tica como expresión de un sistema que se agota por deshonestidad de sus administradores cuando se acaba el dinero: la ví­ctima es la alcaldesa de una ciudad costera envuelta en tramas inmobiliarias de lavado de dinero y crimen global", se despide.
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