08/03/2016 Santa Cruz

El Parque Nacional Patagonia protege especies endmicas y se organiza para el turismo

Es el más reciente de esta cadena de reservas naturales y fue creado para proteger uno de los sectores más vírgenes de la estepa santacruceña con su particular flora y especies animales endémicas, en particular el macá tobiano, un pato zambullidor que su emblema.

A poco más de un año de su creación, fue visitado sólo por unos 50 vehículos, pero el escaso personal a su cargo trabaja con vistas a un importante desarrollo turístico gracias a impactantes y variados paisajes de meseta de altura, con lagunas de aguas cristalinas en medio del desierto y un Patrimonio Cultural de la Humanidad: La Cueva de las Manos.

Su vegetación rala pero resistente y variada explota en los arroyos aún pequeños que forman oasis que multiplican la fauna,entre las que se destacan guanacos, caballos salvajes, pequeños roedores como los tuco-tuco, pájaros como la loica y aves rapaces como el águila mora, halcones y cóndores que llegan desde la Cordillera de los Andes hasta la Costa Atlántica.


Los glaciares aplanaron el paisaje con su fuerza única, pero los arroyos calaron las piedras y formaron cañones y cañadones que permiten ver las piedras por dentro con su multiplicidad de colores y consistencias que se convirtieron en petróleo en la zona costera, pero para el visitante tienen mucha más riqueza guardadas allí desde lejanas eras geológicas.

Las cerca de 53 mil hectáreas de esta reserva están a cargo de un grupo reducido de personal de la Administraciones de Parques Nacionales (APN): un par de guardaparques, un intendente y una jefa de seccional, más algunos brigadistas y sólo un vehículo.

En la etapa aún inicial que atraviesa el PN Pastagonia, la tarea admistrativa y organizativa del trabajo resulta enorme y tanto empleados como visitantes coinciden en que todavía está todo por hacerse.

El intendente del parque, Eduardo Minitello, explicó a Télam que su tarea, además de la administrativa, se limita a "vigilar los campos, que no se haga fuego -para evitar incendios- y verificar las condiciones y lugares donde acampan los visitantes".

Como los demás parques, éste cuenta con "áreas de uso público y otras destinadas sólo a especialistas", por lo que cada cambio es sometido a "estudios de impacto ambiental" entre los que se destacan el corte de los alambrados de las estancias que había en lo que ahora es el área protegida.

Los trabajadores que son contratados para ese fin, que en realidad son alambradores, muchas veces se muestran sorprendidos cuando le indican la tarea a realizar, que es desalambrar los terrenos, en bien del ambiente.

En esos alambrados, gran cantidad de guanacos quedan enganchados cuando intentan saltarlos y, si no llega a tiempo un brigadista o un guardaparque, mueren allí de hambre y sed, o desangrados por las heridas.

Algunos de los hombres que llegan a salvar a esos animales, que a veces reciben mordidas y patadas cuando se les aproximan, recuerdan el caso de una hembra que fue hallada muerta frente a su cría, colgada en un alambre.

El lugar cuenta con caminos de ripio entre los que está la Ruta Provincial 41, paralela a la Nacional 40, una tan escénica como la otra, pero la primera aún sin la transitabilidad de la 40, aunque es más importante para este parque creado por ley de Congreso el 17 de diciembre de 2014 y promulgada en 2015.

Las poblaciones de Los Antiguos, en el norte, y Perito Moreno, en el sur son los lugares cercanos con mayor cantidad de camas para hospedarse, y también restaurantes, supermercados y campings, que se llenan sobre todo en verano a pesar de que la zona es ideal para desarrollar deportes de invernales.

Uno de los mayores atractivos de la región es el cañadón del Río Pinturas en una de cuyas paredes se encuentra la Cueva de las Manos, que en principio las llamaron de Altamira, por comparación con las españolas.

La zona, sobre todo entoidavía hoy las mesetas, cuenta con petroglifos hechos con piedra o basalto volcánico que no se diferencian en mucho de las figuras en colores de la Cueva de las manos.

Estos dibujos de los patagones o aoniken aún son estudiados por los científicos desde hace décadas y no cuentan todavía con interpretaciones unívocas.