22/02/2016 aniversario

La Antrtida, ese territorio dnde la soberana y la ciencia argentina dicen presente desde hace 112 aos

El registro histórico del cambio climático en nuestro planeta, el descubrimiento de bacterias que abren la puerta a nuevos medicamentos o los microorganismos que sustentan la riqueza ictícola del Atlántico Sur son parte de las investigaciones que científicos argentinos desarrollan en alguna de las 13 bases que el país sostiene en la Antártida desde hace 112 años.

Por Julio Mosle

Argentina mantiene presencia de manera ininterrumpida al sur del paralelo 60, frontera antártica, desde el 22 de febrero de 1904 en el que tomó posesión del entonces destacamento naval de Orcadas e instaló allí una estación meteorológica.



Protegido por el Tratado Antártico de 1959, ningún país puede explotar sus recursos naturales u ocupar el continente polar con fuerzas armadas hasta que se resuelva en ese foro internacional la cuestión de los derechos soberanos de países como la Argentina y los reclamos de otros estados sobre parte de su territorio.

La Antrtida, ese territorio dnde la soberana y la ciencia argentina dicen presente desde hace 112 aos

Argentina cuenta con seis bases que tienen actividad permanente en el Sector Antártico Argentino: Orcadas, Marambio, Carlini, Esperanza, San Martín y Belgrano II; y además hay otras siete bases de actividad temporaria que se denominan Brown, Matienzo, Primavera, Cámara, Melchior, Petrel y Decepción.

Efectivos militares, técnicos civiles, buques, aviones y helicópteros constituyen la cadena logística que sostiene las 13 bases y permite que cerca de 300 compatriotas puedan desarrollar sus tareas científicas y operativas a lo largo del invierno antártico.



Las posibilidades de investigar y explorar el territorio antártico que tienen los científicos argentinos están cimentadas en el despliegue logístico encabezado por las fuerzas armadas, que garantizan la permanencia de las bases y asentamientos en esa parte del territorio nacional.

En la reciente Campaña Antártica de Verano (CAV), el buque polar ruso Vasily Golovnin volvió a reemplazar al Rompehielos Almirante Irízar (RHAI) en el abastecimineto con alimentos y combustibles a las bases nacionales en el continente blanco y realizar el repliegue de residuos, a la vez que desarrolló actividades científicas.



El buque ruso, junto con los dos helicópteros, fue alquilado en otras campañas para suplir las operaciones que realizaba el Almirante Irízar hasta que sufrió un incendio en abril de 2007 y aspira a regresar a su misión con nuevas capacidades el próximo verano.

El director Nacional del Antártico, Mariano Memolli, contó a Télam que “la construcción de soberanía antártica por parte de Argentina es a través del trabajo científico y la protección ambiental", y en este sentido recordó que cuando en la Cumbre del Clima de París COP21 celebrada en diciembre pasado se discutió el calentamiento global, "Alemania presentó un relevamiento de largo plazo llevado adelante por un equipo de argentinos y alemanes en la base antártica Carlini, de nuestro país”.

“Lo que estamos haciendo ahora es conocer científicamente la Antártida para establecer qué recursos hay allí y cuál es la manera más conveniente de cuidarlos. La Antártida es una gran formadora de climas y si queremos que el mundo siga teniendo más o menos las mismas temperaturas que ahora, hay que protegerla celosamente”, afirmó.

El funcionario subrayó que “la investigación científica es imprescindible a pesar de que a veces la vinculación con nuestra vida cotidiana no sea directa; por ejemplo, en un momento se descubrió que había bacterias en la Antártida y estudiándolas se descifró su genoma, y eso permitió identificar enzimas y proteínas que pueden ser utilizadas en medicamentos”.

“La mayoría de los caladeros de pesca del mundo están devastados por la sobreexplotación y el único lugar dónde ese daño no se registra es en la confluencia de las aguas antárticas con el Atlántico Sur, dónde a pesar de la pesca intensiva se mantiene un nivel de riqueza ictícola; la investigación de esas condiciones de la naturaleza y su protección es otra de las responsabilidades que tiene en la Antártida nuestro país”, precisó.

En ese sentido, la cooperación científica en la Antártida tiene durante esta campaña de verano un capítulo que protagonizan investigadores peruanos y colombianos en el buque oceanográfico argentino Puerto Deseado.



Al respecto, el oceanógrafo colombiano Alejandro Muñoz comentó que la intención es “perpetuar el trabajo iniciado el año pasado por el programa antártico” de su país, que prevé el estudio de los parámetros fisicoquímicos de las aguas antárticas y un apartado para el relevamiento de mamíferos marinos.

El equipo colombiano, que se completa con la bióloga marina Maria Isabel García, espera poder cumplir con el objetivo planificado antes del viaje: la obtención de más de 50 muestras que serán trasladadas a su país.

“Los compañeros peruanos están haciendo su trabajo y nosotros el nuestro, pero la idea es que al final tengamos bastante información que pueda servir a la comunidad científica”, sintetizó Muñoz.


Por su parte, el biólogo marino peruano Javier Quiñones, explicó que durante los 50 días de trabajo a bordo del Puerto Deseado su equipo recolectará información sobre la abundancia de krill y su relación con sus depredadores superiores.

“Perú está realizando estudios de abundancia de krill y su relación con depredadores superiores, haciendo avistamientos de aves –cómo petreles y albatros- en cada milla náutica recorrida y comparando con aquello que marca la ecosonda”, señaló.

Gracias al trabajo conjunto realizado por el Instituto Antártico Argentino y el Instituto de Oceanografía y Geofísica Experimental de Italia, las bases permanentes de nuestro país cuentan con la red de sismógrafos más extensa del continente blanco y que es de "importancia internacional para la comunidad científica".



Según explicó a Télam el investigador italiano Claudio Cravos, dos de los seis aparatos instalados tienen vital importancia ya que aportan información sobre volcanes activos cercanos o por ser capaces de detectar sismos que ocurren en otros continentes.

La información más valiosa proviene de la base Belgrano 2 que, siendo la más austral, no posee actividad sísmica propia pero que, en cambio, por sus condiciones de aislamiento no tiene "ruidos" y puede detectar movimientos telúricos en Nepal.

"Por otra parte la que más actividad registra es la Base Orcadas: está muy cerca de las islas Sandwich donde hay cuatro volcanes activos y está en el borde de una placa tectónica", señaló Cravos.



La restauración de la primera construcción argentina en territorio antártico, la "Casa Moneta", erigida en 1905 y desde 2007 declarada sitio histórico nacional, será uno proyectos científicos interdisciplinarios que lleva a cabo la misión que está en viaje a la Base Orcadas en el marco de la CAV.

La encargada del proyecto es la museóloga y restauradora Natalia Skronsky, que explicó a Télam que los estudios preliminares estiman que el estado de conservación de la casa, ubicada en las islas Orcadas y que estuvo en servicio activo hasta 1940, es “comprometido” y el proceso para recuperarla podría durar hasta cuatro años.

“La primera etapa fue el relevamiento documental que se hizo en Buenos Aires, ahora vamos a realizar el pre-diagnóstico, donde hacemos una inspección del sistema constructivo, las patologías y se van a tomar muestras para determinar materiales”, señaló la especialista.

La Base Carlini, administrada por la Dirección Nacional del Antártico, entre otras misiones de cooperación científica internacional es la sede del laboratorio Dallman, instalado gracias a un convenio con Alemania que se mantiene desde mediados de la década de 1990.



"El inicio del convenio fue que la Argentina ponía logística y Alemania los equipos para analizar lo que había en la fauna, pero luego comenzaron a notar el retroceso de los glaciares y trabajaron sobre el impacto del tema", señaló a Télam Doris Abele del Alfred-Wegner Institute.

En la base trabajan 37 científicos argentinos, cuatro alemanes, tres italianos (uno por convenio con Bélgica) y un español (también por Bélgica).

La base Esperanza fue producto de la planificación del general Hernán Pujato quien, a finales de la década de 1940, ideó cinco puntos para la consolidación de la soberanía antártica, entre ellos la "colonización" del territorio.

Así, cada invierno, ocho familias viven en una base que incluye a la escuela Raúl Alfonsín entre sus instalaciones.

En el 2016, la dotación de la campaña de invierno será de casi medio centenar de personas, incluyendo a 14 chicos de entre 18 meses y 17 años que reciben clases en un colegio que tiene que cerrar sus puertas cuando el viento supera los 90 kilómetros por hora.

La base temporal Petrel es, por estos días, motivo de estudio por parte de cientifícos y especialistas que participan de un plan a 10 años que podría incluir la construcción de dos pistas de aterrizaje para aeronaves a reacción de gran porte.

La historia de la base se remonta a 1967, cuándo se creó para ser un espacio de vida permanente, pero fue desactivada después de un incendio a mediados de la década siguiente.

El plan iniciado hace tres años por el Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas implica el reacondicionamiento de las antiguas instalaciones y la construcción de nuevas estructuras que en principio posibiliten el trabajo de los helicópteros MI-117 E.



Base Marambio -ícono antártico por excelencia para la mayoría de los argentinos- es una meseta elevada a unos 200 metros del nivel del mar, haciendo imposible la utilización de las barcazas de desembarco que se vienen utilizando durante toda la campaña.



Por ser junto a Esperanza una de las de mayor dotación durante el verano y en el invierno, Marambio concita el volumen de provisiones más importante de todas las bases argentinas al sur del paralelo 60.

La mayor cantidad de esos cargamentos es el combustible que mantiene viva a la base que hoy funciona como cabecera del puente aéreo con la Argentina americana.

Durante el repliegue de personal que se realiza en estos días, llega a albergar hasta a 140 personas y serán 50 los que pasen el invierno allí.