05/12/2015 Biblioteca Nacional

Horacio González llamó a preservar la Biblioteca Nacional como “una casa de cultura crítica y pluralidad”

“Mi deseo es que se respeten todas las situaciones que permitieron que esta Biblioteca fuera una casa de cultura crítica relevante con un gran ejercicio de pluralidad”, dijo el director de la Biblioteca Nacional, Horacio González, en un homenaje a la inmensa actividad que se llevó adelante durante su gestión.

Por Juan Rapacioli


“Si quieren buscar pluralismo, tienen que venir a buscarlo aquí. Los que vienen deben saber que acá está eso que predicaron diciendo que no estaba en el lugar donde sí estaba”, dijo González en el encuentro, donde se presentó el último número de la revista de la Biblioteca Nacional, que reúne diversos ensayos de escritores argentinos sobre Ricardo Piglia. 

Eduardo Rinesi, Noé Jitrik, Jorge Lafforgue, Tununa Mercado y Guillermo Korn, entre otros escritores, intelectuales y artistas estuvieron presentes en el encuentro realizado anoche en la sala Augusto Cortazar de la Biblioteca, donde también se leyeron algunos mensajes de personalidades que no pudieron asistir, como la intelectual Beatriz Sarlo. 

“Las dificultades abiertas del conjunto de la cultura argentina orientaron las políticas que se llevaron a cabo durante todos estos años: la política de exposiciones a cargo de Ezequiel Grimson, la política del Museo del Libro y de la Lengua a cargo de María Pía López, todas las cosas se hicieron sabiendo que estaba la cultura argentina en juego”, afirmó González. 

Y sostuvo que “el modo en que se constituía la cultura argentina en la Biblioteca Nacional era un modo por el cual había que revivirla. Cuando llegamos tenía salas clausuradas, intervenidas, sindicatos en una lucha a muerte. El mérito lo tienen los trabajadores de esta casa que de a poco fueron contribuyendo a lo que finalmente se convirtió en lo se invoca como políticas de Estado”. 

“No me gusta hacer esas invocaciones, pero si hubiera una política de Estado, debería ser la que hicimos aquí, sostenida por los procesos técnicos que se renovaron a la altura de las grandes bibliotecas nacionales del mundo; en ese sentido consideramos al Estado como una forma libre de la sociedad”, indicó el sociólogo. 



Y apuntó: “Intentamos ver al Estado desde otro lugar y al mismo tiempo saber que teníamos que pelear el presupuesto de la biblioteca con funcionarios que sospecharon que algo pasaba acá”. 

“En todas las ocasiones que hablamos con los ministros de economía que tuvo este gobierno, todos tuvieron la mayor predisposición ante un presupuesto que no se le escapa a nadie que tenía que ser mayor del que había para sostener estas actividades, algo que hoy está en riesgo”, consideró González. 

Y sostuvo que a nadie se le puede escapar que “lo que ocurrió en esta biblioteca tuvo que ver con la época, ya casi ni me animo a decir con un gobierno, cuyo balance se deberá hacer, y cuyos grandes logros no pueden ser enumerados, sino que se reúnen en uno: haber puesto en la gran mesa de discusiones del país sus problemas fundamentales”. 

“Tan abierto es el modo en que se ha discutido, que este nuevo gobierno que viene, de empresarios, se ha atrevido a tomar las discusiones, a decir que va a respetarlas. Si hay una historia, si tiene ojos vivos, estará mirando lo que pasa para ver cuánto valen las palabras dichas en un momento”, reflexionó el ensayista. 

En ese sentido, dijo, “se escucharon por parte de funcionarios del gobierno que vendrá palabras de respeto, ojalá las cumplan. Efectivamente les va a ser difícil que las cumplan, porque están en un cuadro de acciones donde reproducen las peores formas de la globalización mundial”. 

“El gobierno que va a asumir -señaló González- descubrió pequeñas frases, síntomas fraseológicos, como el ‘va a estar bueno’, que no se si lo inventó Durán Barba o se inventó en Palermo Hollywood; esa frase no se escuchaba, es un enrarecimiento del idioma, se retuerce el idioma de una manera deshistorizada”. 

Y, precisó, “así hablan los nuevos gobernantes: cuando dijeron ‘va a estar bueno Buenos Aires’, estaban diciendo algo de una gran abstracción, pero muchos votaron por la forma en la que ya hablaban. Eso se nos pasó de largo, no supimos abordarlo, y eso que acá estábamos en un lugar donde era una obligación percibir esas cosas”. 

La Biblioteca, dijo su director, “fue una extensión interna en el cuadro gubernamental. Así va haber que estudiar los episodios que se desarrollaron durante estos años aquí, de los que debemos estar muy orgullosos el conjunto de los trabajadores. En ese sentido, la creación del Museo del Libro y de la Lengua fue originalidad total”. 

“María Pía López inventó un lugar para hacer exposiciones sobre algo imaginario como es la lengua, eso no se olvidará fácil, ya que constituye cimientos de la convivencia pública y cultural de la Argentina, así como las exposiciones y catálogos, realizados con un inmenso trabajo de muchas personas”, explicó el intelectual. 

Y fue contundente: “mi deseo es que se respeten todas las situaciones que permitieron que esta biblioteca fuera una casa de cultura crítica relevante, con un estilo conceptual, una retórica y una poética que es no es nuestra, sino de una vastísima herencia con una profunda heterogeneidad”.