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Nadie escuch el ltimo secreto: Agustn Marangoni

Nadie escuchó el último secreto (La Bola Editora, 2015), de Agustín Marangoni, es un libro de relatos brevísimos. Son más de cien historias, en las que el autor, más allá del humor, nunca deja de lado la inteligencia. Este libro es una lectura perfecta no sólo para aquellos cultores del microcuento, sino también para todos los lectores que entienden que una historia poderosa no necesita de muchas palabras para ser contada.

Por Leonardo Huebe

¿Un libro como Nadie escuchó el último secreto, nace o se hace? Quiero decir: ¿Fue preconcebido o la creación individual de cada microcuento fueron sugiriéndote la idea del libro?
A.M.: - Sospecho que en la literatura, y en el arte en general, la obras se hacen. Incluso los artistas se hacen. Nada ni nadie nace, todo es trabajo, reflexión, constancia y voluntad. En relación a cómo fue concebido, la verdad, tomó forma de a poco. Mi primera idea fue escribir un libro de crímenes perfectos, todos en formato de cuento breve. Quería escribir cien, pero no llegué ni a treinta y empecé a repetirme. En ese proceso de pensar y resolver los textos aparecieron otras ideas. Las fui anotando y trabajando hasta que conseguí microrrelatos que me gustaron. Escribí más de trescientos. De ese caudal seleccioné menos de la mitad, los agrupé temáticamente y volví a empezar con la idea de armar este libro. El proceso de corrección, eso sí, fue algo demencial.
 
Infancia: Cuando perdían la gracia, los bufones mandaban a cambiar los reyes.
 
 A aquellos viejos lectores del género nos ha sorprendido y hasta gratificado que las redes sociales lo hayan popularizado. ¿Influyó en vos esta circunstancia del “lector inmediato” o no lo tuviste en cuenta a la hora de escribir estas ficciones?
A.M.: -- La verdad es que no tuve en cuenta al lector para escribir este libro. Lo escribí porque me gustó el proceso. Nunca pensé en un lector porque ni sé quién se interesa por este género. El principal empuje fue el placer propio, cuestión que no me es fácil encontrar. Disfruto muchísimo de leer a otros, me cuesta leerme a mí mismo, casi nunca me gusto. Tengo novelas enteras congeladas en el disco de mi computadora porque no me gustan. Cuentos también. Soy muy duro conmigo mismo. Soy mi lector más lacerante. Pero acá me gusté y me sentí bien. De ahí en adelante, todo lo demás.
 
Policiales: Las pericias aseguran que al herrero lo degollaron con su propio cuchillo de palo.
 
 El contenido del libro está divido en cuatro secciones: Infancia, Policiales, La Biblia y Mundos Posibles. ¿Está subdivisión existió desde el principio o te la fue proponiendo el notar que existían estos ejes temáticos entre los microcuentos?
A.M.: - Apareció en el proceso de selección. De los trescientos textos que escribí muchos atravesaban temáticas similares. Tuve días que bajaba cuatro o cinco ideas infantiles, que al trabajarlas hacían aparecer otras cuatro o cinco del mismo tema. Y así. De forma inconsciente giré sobre tres puntos: policiales, infantiles y ciencia ficción. El capítulo bíblico apareció al final. El microrrelato, por definición, tiene que apelar a la intertextualidad, a la brevedad y al humor. Y de los tres capítulos que tenía ningún texto ponía en juego la intertextualidad, fue buscado eso, obvio, pero me pareció buena idea respetar el género, entonces me puse a prueba y fui en busca del libro más popular de todos los tiempos. Así apareció el capítulo de la Biblia, que es una reescritura humorística que comienza en el Génesis y termina en el Evangelio según San Juan. Fueron meses de leer, estudiar, escribir y reescribir. Reconozco que ese trabajo me llevó a entender la Biblia como una pieza maestra de la literatura universal. Me quedé maravillado con las historias que cuenta y de cómo las cuenta. Está todo ahí.
 
La Biblia: -Muy bonito el milagro de arruinarme el suicidio- le regañó Lázaro a Jesús.
 
El Prólogo de Camilo Sánchez dice así: Agustín poda un árbol de palabras: surgen brotes, una mirada que edita lo que sobra de las historias. Creo que es una descripción perfecta para Nadie escuchó el último secreto. Dos preguntas: ¿Esa obsesión por la síntesis, ese buscar el núcleo central de las historias y mostrarlo, es natural en vos o es algo trabajado y perfeccionado con el tiempo?
A.M.: - Con el tiempo aprendí a sacar lo que no es necesario en un texto. Es un gesto de cortesía con el lector: ser claro, la precisión. Es parte de mi formación periodística. Cuando escribo críticas de arte mi eje es encontrar obras que digan mucho con poco, considero que la síntesis es el grado más elevado de complejidad. Se puede decir mucho con mucho y está muy bien. Y también me gusta. Pero en este caso el objetivo fue pensar hasta el límite, forzar la estructura de la microficción para contar una historia en la menor cantidad de palabras posible. Sin perder la música, claro. Porque se puede contar una historia como un telegrama y eso es un error. La literatura sucede en la música. Un microrrelato sin música es un microrrelato mal escrito. No es cuestión de mutilar palabras, es cuestión de encontrar una idea interesante que te permita resolver el texto en poco espacio, con ritmo y que le deje un lugar al lector para que se sienta parte de la narración. Por eso, el primer paso de un microrrelato está en la construcción de la idea. Es un juego que, muchas veces, comienza en el universo de las matemáticas. Hay quienes dicen que menos es más. Prefiero decir que lo justo es más.
 
Mundos Posibles: Comprobó atónito que el fin del mundo era una esquina.
 
El autor
Agustín Marangoni es escritor y periodista. Nació en Mar del Plata, en 1982. Publicó textos en diarios, revistas y webs de toda la Argentina, Colombia, España y México.
Su eje de acción es el arte contemporáneo, también la música y el cine, aunque de tanto en tanto se deja llevar por textos políticos y de análisis social. En el terreno de la literatura tiene dos libros publicados, Gutiérrez (2011) y Nadie escuchó el último secreto (2015). También hace radio. Es co-conductor del ciclo “Maldita Radio”, que durante trece años estuvo en la “Rock & Pop Beach”. Actualmente está en el aire de “FM Metro”.
 
Para finalizar, el último relato: Hágame el favor querido lector: tácheme. Y reescríbame. Antes de que todo esto vuele en pedazos.



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