15/10/2015 Teatro

Lupe Gehrenbeck, autora y directora venezolana que debuta en Buenos Aires

La obra "Gregor Mc Gregor: rey de los mosquitos", escrita y dirigida por la venezolana Lupe Gehrenbeck, que tiene por protagonista a un peculiar personaje histórico de su país, se estrenará en El Portón de Sánchez, (Sánchez de Bustamante 1034), el viernes a las 21, con la presencia de su responsable, y se repetirá esos días a la misma hora.

Actúan Rosario Audras, Fiorella Pedrazzini, Diego Esteban de Paula y Ailen Acosta, con asistencia de dirección de Alexander Ramos y producción de Rosario Audras.

Gehrenbeck es una de las autoras más representativas del teatro venezolano contemporáneo, licenciada en Arte en su país y Estados Unidos, condujo la Compañía Nacional de Teatro y trabajó con directores y dramaturgos como Miguel Narros, Pablo Cabrera, José Ignacio Cabrujas, Isaac Chocrón, Román Chalbaud y, en Nueva York, en el grupo La Mamma.

Consultada por Télam sobre el origen de "Gregor Mc Gregor: rey de los mosquitos" respondió que la historia del personaje le inspiró "pensamientos encontrados: no era fácil decidir si se trataba de un estafador o de un soñador, y me tentó escribir una historia donde el sospechoso, el ladrón o estafador era por una vez el europeo y no el latinoamericano".

- ¿Que lugar ocupa esta obra en su trayectoria?

- Es una de mis favoritas porque en ella me di la licencia de ir más allá de la necesidad de contar la anécdota, me dejé guiar por la música que producen las palabras cuando se mezclan; quería decir desde la esencia de lo que se dice, nombrar con exactitud, lo que está detrás de las palabras.

"Aunque escrita con las mismas palabras que usamos cuando compramos el pan, busqué trascender el sentido literal, sugerir otros contenidos, invitar al pensamiento, invocar lo que va por dentro; hice una apuesta literaria guiada no sólo por la exactitud sino por la resonancia que puede tener un adjetivo, al color que añade un adverbio, el ritmo que impone un verbo.

- Usted tiene experiencia en teatro, televisión y cine. ¿En cuál de esas disciplinas se encuentra más cómoda?

- En el teatro, porque allí el único truco posible es encontrarle la verdad a las cosas; sobre la escena no se puede mentir, sino ir con la verdad y yo prefiero la verdad a la mentira, el amor a la soledad, el arte a la ciencia.

- ¿Cuál es su experiencia al haber trabajado para públicos tan disímiles como los de Londres, Nueva York, París, Barcelona y Caracas?

- Estuve tres años explorando ese asunto, con un experimento: una misma obra, en tres idiomas pero el mismo texto y con actores de cada ciudad, dio resultados completamente distintos según el lugar.

"Quería probar cuánto de catarsis es inherente al teatro de manera indisociable; partiendo de la noción francesa de los 'sans domicile fix', los sin casa, me atreví a pensar en cuan hipócrita era esa acepción; estamos viviendo engañados por una nomenclatura políticamente 'correcta' que no sirve sino para discriminar y segregar de manera encubierta."

"La historia se recicló al calor de las identidades de cada lugar que aportaban los actores. Una experiencia que me hizo crecer y perder el miedo a las diferencias culturales, porque si hablamos de lo que verdaderamente importa, en cualquier lugar nos entendemos todos en el teatro."

- ¿Su condición de mujer le significa algún lugar especial en el teatro de esos lugares?

- Las mujeres somos las que más vamos al teatro pero somos las dramaturgas mujeres las menos montadas: me impresionó leer en el New York Times un artículo que refería un 75% de audiencia femenina y un escaso 3% de dramaturgas llevadas a escena; el teatro es un ámbito más donde podemos ver que aún las mujeres tenemos mucho que hacer en favor de nuestra igualdad de derechos.

- ¿Cuál es la situación del teatro en Venezuela?

- No hay apoyo oficial y eso ha hecho florecer el teatro de manera inédita; se hace mucho teatro comercial, mucho humor y por otro, se hace mucho teatro comprometido, el que hurga en lo no obvio, en lo difícil de decir, en las incomodidades que nadie quiere ver pero que se agradecen cuando te las muestran, y te vas cargado de razones cuando baja el telón después de una buena función.

-¿Cómo ve el teatro local y universal del siglo XXI?

- Creo que nos llegó el turno al tercer mundo; veo teatro en París y en Nueva York y me atrevo a decir que hay una profunda crisis de contenido: tienen muy poco que decir, se miran el ombligo, divagan por asuntos existenciales poco verosímiles y no ofrecen puentes para la identificación.