23/05/2015 NBA

El grandioso pibe Prigioni

Las finales de Conferencia de la NBA tienen un protagonista insospechado hace un lustro, cuando transitaba ya el otoño de su carrera e incluso no dejaba de contemplar la posibilidad de retirarse y pegar la vuelta: Pablo Prigioni es el hombre, cordobés hasta la médula, argentino por añadidura y muy a buenas con esa condición.

Walter  Vargas

Por Walter Vargas


Curiosas, por cierto, las derivas de los jugadores argentinos en la meca del fascinante deporte de la pelota naranja, puesto que a comienzos de la temporada imaginar a uno de ellos en una marcha próspera en los playoff remitía a Luis Scola en Indiana Pacers y sobremanera a  Emanuel Ginóbili en los San Antonio Spurs, a la sazón los defensores del anillo.

Entretanto, Prigioni padecía su propio calvario en New York Knicks, en caída libre, con un récord de histórica pobreza, al borde del papelón, tribunas iracundas y la franquicia misma metida en una crisis sin precedentes.

De repente Houston Rockets necesitó de un refuerzo de mitad de la temporada, de forma específica un base experimentado, el entrenador principal Kevin McHale tenía bien mirado al de Río Tercero y de un día para el otro el escenario cambió como cambian las cosas que parecen guiadas por una mano anónima, dispensas del destino o, mejor, recompensas fuera de catálogo.

Prigioni devino entonces una pieza más (nada fulgurante acaso, pero no menos importante) del engranaje de los Rockets, liderados por el crepitante talento del barbado James Harden y lanzados hacia la pugna grande entre los candidatos de mayor rango.

Después, los sucesos se encadenaron de tal modo que Scola y los Pacers se quedaron sin hilo en el carretel, más temprano que tarde los Spurs tropezaron con Los Angeles Clippers y los focos se desplazaron sin retaceos a nuestro personaje, el sapiente trotamundos que antes de recalar en la meca había vestido cuatro camisetas en la Argentina (Sportivo 9 de Julio de Río Tercero, Club Social Ramallo, Belgrano de San Nicolás y Obras Sanitarias de Buenos Aires) y otras cinco en España: Fuenlabrada, Lucentum Alicante, Tau Cerámica y su derivado, Saski Baskonia.

Bien examinada la carrera de Prigioni, encontraremos no una, sino varias curiosidades, unos cuantos golpes del azar y una serie de mutaciones siempre virtuosas.

Por empezar, en sus comienzos fue un ayuda base más proclive al desorden y al tiro apresurado que un canto a la lucidez, que es en lo que se convirtió cuando creyeron y creyó en sus dotes de organizador, en su muy buena defensa, en su templanza, en su fina lectura del juego y en su pasmosa frialdad para pasar la pelota al compañero indicado.

De allí que tras un par de temporadas en el ascenso de España, en Alicante, llegó al exigente Tau Cerámica y construyó un meteórico ascenso poblado de fulgores, títulos y premiaciones, por ejemplo el de líder de asistencias durante la temporada regular de la Euroliga 2006/2007.

Otra rareza, si cabe la expresión, radica en el hecho de que en Prigioni maduraron los hitos más gratos en edades despegadas de una cierta cercanía con los veinte años, hasta los 25, digamos, tal como sucedió con la abrumadora mayoría de los más destacados jugadores argentinos de este siglo.

Pensemos que a la Selección Nacional llegó a los 29 años (víctima de la fausta proliferación de cracks en su puesto: Daniel Farabello, Lucas Victoriano y, por supuesto, Pepe Sánchez y Alejandro Montecchia), a la NBA llegó a los 35 y recién estos mismos días, con flamantes 38 cumplidos el 17 de mayo, goza de la posibilidad de jugar para Houston la final de la Conferencia Oeste versus Golden State Warriors.

Y la verdad es que si Houston se quedara en la puerta de la finalísima de la NBA (de hecho, a la hora de ser escritas estas líneas cae por 2-0) nada cambiaría la ponderación del cordobés Prigioni, sus méritos son contantes y sonantes y relevan de un examen adicional: tal vez volverá a vestir la camiseta argentina (en su momento anunció que nunca más, pero quién sabe), tal vez dentro de un par de años sea un gran director técnico (para lo cual se prepara desde hace bastante tiempo), pero en su caso el balance provisorio es más bien un absoluto: venerable anciano de la bola naranja, sabio de la tribu si los hay, el veterano Prigioni es más joven que cientos de jóvenes y ya se ha ganado con holgura un lugar de privilegio en el baloncesto nacional.