04/04/2015 Mercados crisis

China, el gran prestamista de los pases emergentes

La asistencia financiera brindada por China a los países emergentes de Asia, Africa y América latina suma decenas de miles de millones de dólares, montos cuya devolución comienza a ser puesta en cuestión por la declinación de las economías de esas naciones, alguna de las cuales deben su supervivencia a las ayudas que han recibido del gigante asiático.

Por Angel Jozami


Algunas fuentes académicas de Estados Unidos llegan a cifrar el total de los préstamos chinos en todo el planeta a la friolera de 670.000 millones de dólares, una estimación que no cuenta con un basamento sólido hasta la fecha.

Pero lo que sí está claramente establecido es que China ha desembolsado alrededor de 120.000 millones de dólares sólo en América latina entre 2005 y 2014, según la Escuela de Estudios Globales de la Universidad de Boston y el organismo de investigación estadounidense Diálogo Inter Americano.

Por otra parte, el capital de préstamos desembolsado por el Estado y otras instituciones financieras para-estatales de China en los países de Africa totalizaron unos 53.000 millones de dólares entre los años 2000 y 2011.

Pero lo cierto es que el modelo chino de una diplomacia financiera dirigida a lograr acceso a los recursos naturales (minería, petróleo, producción agroganadera, etc.) en los países subdesarrollados o emergentes, está en proceso de agotamiento desde comienzos del año pasado debido a dos factores que derivan de una misma causa.

Por un lado, como ha sido señalado, por el declive del crecimiento en las naciones emergentes en razón del fin del ciclo alcista de los precios de las commodities y de la pérdida de mercados en Europa y otros países por el ralentizamiento del crecimiento a escala global.

Por esta misma razón, la política iniciada por China durante la década pasada y profundizada desde 2005-2008 también se agota.

Su voracidad por asegurarse una masa cada vez mayor de recursos para su economía, que crecía a niveles de entre el 8% y el 10% anual hasta la crisis de 2009, ha decrecido en la misma medida, más aún cuando los problemas de las economías que ha venido asistiendo empiezan a mostrar dificultades muy serias.

En general, la política china de préstamos al mundo en desarrollo se ha presentado como de rivalidad con Estados Unidos por el control de parte de la economía de esas regiones.

Sin embargo, la realidad de los acuerdos pergeñados por Pekín con los gobiernos de Asia, América latina y Africa apuntan a asegurarse la devolución de los créditos otorgados con bienes primarios, además de generar la posibilidad de ingreso de sus exportaciones a esos mercados y la apertura de los mismos para proyectos de infraestructura de gran envergadura.

La inestabilidad económica y política de los gobiernos a los cuales China ha venido prestando sumas muy elevadas está haciendo que sus dirigentes se replanteen la manera más adecuada a la nueva etapa para establecer alianzas estratégicas económicas y políticas a largo plazo, pero sin arriesgar tanto en el plano financiero.

Ese nuevo camino en exploración parecería orientarse a grandes inversiones en megaproyectos de infraestructura en regiones carentes de ésta y que, al mismo tiempo, sirvan para facilitar la penetración de las empresas chinas en esos mercados, así como para tornar más asequible el despacho de las materias primas hacia China.

Este es el caso de países como Grecia, donde el actual gobierno de Alexis Tsipras quiso congelar la privatización de una parte del puerto de El Pireo adjudicado a una empresa china, pero finalmente la disputa parece encaminarse a que el contrato se sostendrá por presión de la Unión Europea.

Básicamente, Pekín se orienta a disminuir el riesgo de sus préstamos e inversiones a través de la creación del Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras y el Nuevo Banco de Desarrollo, dos instituciones respaldada por los BRIC para competir con el FMI y el Banco Mundial.

A través de estas dos instituciones en vías de rodaje, China se propondría esos dos nuevos objetivos de su política exterior: diversificar riesgos y virar de los préstamos directos a países a inversiones propias o conjuntas con otras empresas en grandes obras de infraestructura.

Pero en el mientras tanto, Pekín deberá enfrentar los grandes riesgos de impagos de naciones como Venezuela que le adeuda 56.300 millones de dólares acumulados en 16 préstamos otorgados al gobierno del fallecido presidente Hugo Chávez.

Pero este año, ante la gravedad de la situación de Venezuela, agravada por la fuerte caída del precio del petróleo, Pekín rechazó una petición del actual mandatario Nicolás Maduro de nuevos créditos durante una visita que realizó a comienzos de este año a la capital china.

Las deudas que mantiene Ucrania y que ascienden a unos 18.000 millones de dólares ya están mostrando atrasos en los pagos de unos 6.600 millones de capital e intereses, con una relación bilateral que se ha complicado mucho tras la destitución del ex presidente Viktor Yanukovich, aliado de Rusia.

Moscú es, justamente, otro de los beneficiarios de las ayudas chinas con 30.000 millones de dólares en créditos que han servido para estrechar los lazos de amistad con un gobierno que choca cada vez con Estados Unidos y Europa por la situación de Ucrania.

Ecuador; Myanmar (la antigua Birmania) con 20.000 millones de dólares; Sri Lanka con 1.500 millones o la gigantesca Petrobras, la petrolera mixta de Brasil, con créditos de más de 3.000 millones de dólares, o Argentina a través de un acuerdo swap por 10.000 millones de dólares, son algunos otros países que se han beneficiado de la "generosidad" que se permiten los dirigentes de Pekín a través de los casi cuatro billones de reservas monetarias del Banco Popular de China (banco central).