21/10/2014 Daniel Guebel

“Estoy fascinado por la figura de la pasión sacrificial”

En El ser querido, el escritor Daniel Guebel recupera uno de sus primeros libros e incluye la segunda parte de Genios Destrozados, y a pesar de su proverbial bonhomía encañona a Marcel Duchamp, se interesa por los artistas que hacen de su cuerpo un campo de batalla y acaso simula no entender algunas preguntas claramente incomprensibles.

Por Pablo E. Chacón

El libro, publicado por la editorial Mansalva, funciona como una suerte de compilación de raros, al tiempo de construir, con esos materiales, una suerte de autobiografía desplazada y de inquisición sobre el poder de la literatura.
Guebel es autor, entre otros libros, de La perla del emperador, Arnulfo o los infortunios de un príncipe, Derrumbe, Ella, Los elementales, Nina, El terrorista, El perseguido, La vida por Perón y de obras de teatro, algunas compuestas junto a su colega Sergio Bizzio.
 
Esta es la conversación que sostuvo con Télam.
T : El ser querido ¿es un libro nuevo, una reescritura de uno anterior con la sorpresa de Genios Destrozados II a modo de bonus track? En cualquier caso, ¿cómo lograste articular ambos textos?
G : No hay modificación en El ser querido. Siempre me pregunté, sin detenerme a investigar al respecto, cómo había hecho Henry James para publicar sus obras completas revisadas y corregidas. En el fondo, esa perspectiva es un aplanamiento de las diferencias de textura, los matices, los cambios de estilo (esa forma secreta de la autobiografía), a favor de un imperioso último autor que cree que aprendió o es mejor que los anteriores que fue. La verdad es que, salvo un par de comas mal puestas y alguna errata, no encontré que mi yo del presente tuviera derecho a sacar (mejorando o empeorando) al autor que había escrito esos cuentos entre los veinte o treinta años, y a quien aprovecho la oportunidad para mandarle mis saludos y pedirle disculpas ante la evidencia de que, unas décadas más tarde, no ha mejorado mucho. Pero me gustó presentar en un mismo libro algo así como el testimonio de la voluntad de una diferencia, y su éxito o su fracaso. De hecho, decidí juntar ambos libros cuando (Luis) Chitarroni me comentó -¿aviesamente, lúcidamente, generosamente?- que Genios Destrozados 1 era una continuación natural de mi primer cuento de El ser querido, Flores para Felisberto. ¿Cómo no ponerlos entonces en relación?
 
T : En tus libros, por lo general se esconde una cifra secreta, un secreto, algo no dicho (que a veces se dice) y que muchas veces obliga al lector a releer. Sucede incluso en Genios..., donde la ausencia de Marcel Duchamp podría llamar la atención. ¿Cómo funciona ese sistema en este caso?
G : No entiendo. En Genios Destrozados 1, Marcel Duchamp aparece como personaje o como mención varias veces. Es la bestia negra, el objeto de burla, irrisión, despecho y enojo del narrador. Cuando escribí ese primer tomo, dejé que ese encono apareciera, me causaba gracia. No sé si hay un secreto, una cifra, un sentido o un destino particular en mis textos, ya sea dicho o explícito, pero sé que el personaje más inapresable de todo libro, y a la vez el más importante, es el narrador, un fantasma omnipresente que elige las palabras, dispone la narración, y envía señales de su presencia, de su subjetividad, o digamos incluso de su psicología (nótese lo sonoro de la p antes de la s, el psss de psicología), y que no necesariamente responde a la voluntad o el designio del autor.
 
En los casos más obvios y yo diría, delicadamente, boludos, sí: cuando el autor usa al narrador para posar de inteligente, despierto, macho activo, etcétera, etcétera. Para dar una imagen estimulante de su yo. Digamos: para levantar minas. En el caso de Genios destrozados 1 yo veía, con cierta sorpresa y entretenido, cómo mi narrador se entretenía acusando a Duchamp de farsante, estúpido, etcétera, etcétera. Y desde luego lo dejé: usando a Duchamp de tal modo, el narrador se construía a sí mismo como pedante, académico, reaccionario, antimoderno.  Yo no sabía por qué, pero así era. Abandoné la escritura de Genios… cuando me hartó ese narrador. Y me senté a escribir Genios 2 cuando tuve la impresión de que la voz del narrador de esas historias podía tener otras modulaciones. De hecho, el narrador de Genios 2 se ocupa centralmente del arte moderno del siglo XX, al menos en los casos de Marina Abramovic y Jonathon Keats, ambos artistas vivos, que yo sepa.
 
T : Yo hablaba de ese Duchamp, el farsante. Sin llegar a esos extremos, el ser querido ¿podrías ser vos (dando lugar a una autobiografía desplazada), y a la vez un genio destrozado por la canalla cultural vernácula (componiendo así una obra mayor de la victimización literaria)?
G : ¡Todo libro es una autobiografía velada o desplazada o descubierta! Pero no necesariamente tiene que contar como su autor va al baño o padece la demora del beso nocturno de la madre o del beso negro del chongo o asiste a la muerte de su padre en quinientas páginas. El tópico del artista fracasado o el genio destrozado aletea en varios de mis libros y en los últimos bracea hasta ocupar el primer lugar. Desde una perspectiva social, son modulaciones del mito romántico del artista elevado que se enfrenta a la incomprensión del mundo contemporáneo vulgar, monetarizado, etcétera, etcétera.
 
Desde una perspectiva más personal, tiene que ver con mi fascinación por la figura de la pasión sacrificial, la de dar todo por algo o alguien, una causa, otra persona, una práctica. Pero la verdad es que esa fascinación no me lleva a creer que yo podría ser uno de esos personajes, y ni siquiera puedo imaginarme quienes son o compondrían la canalla cultural vernácula. De todos modos, es un buen tema, si uno apuesta a la hipérbole: un mundo conspira a favor del fracaso de uno. Los heresiarcas de Tlön, por ejemplo, conspirando contra un pobre poeta ciego y presentándole la mujer equivocada, etcétera, etcétera.
 
T : La canalla cultural vernácula… Abandonemos eso. Marina Abramovic ¿acaso no es una víctima del sistema del arte contemporáneo?
G : No sé. No me interesa como personaje público sino como objeto de una interpretación sacrificial. Creo que en mi cuento sobre ella tengo mejor opinión sobre ella que la que podría anotar ahora. Lo interesante es lo mucho que logra con la nada que hace. Quizá eso resuma cierta zona del arte conceptual. Pero eso está desarrollado en mi cuento.
 
T : En ambos casos, se trataría de amor. ¿Son estos textos de amor, amor literario, filial, sexual, ideológico? ¿Ideológicos, podrían ser?
G : En qué ambos casos? ¿Me aclara la pregunta?