15/10/2014 Homenaje

Antonio Cafiero: se fue el gran predicador de toda una generacin de militantes peronistas

“El que sueña solo, sueña solo, el que sueña con otros, hace la historia”, eso fue lo que nos enseñó Antonio Cafiero. Nos inculcó que los peronistas habíamos introducido un valor fundamental en la vida política, el valor de la alegría.

Por Eduardo Valds



“El que sueña solo, sueña solo, el que sueña con otros, hace la historia”, eso fue lo que nos enseñó Antonio Cafiero. Nos inculcó que los peronistas habíamos introducido un valor fundamental en la vida política, el valor de la alegría. Si no despertamos alegría en la gente, no estamos cumpliendo nuestro deber, decía el maestro de nuestra generación, “para un peronista está prohibido entristecerse”culminaba. Se fundaba en el primer discurso de Perón en 1946, al asumir su primera presidencia: “Quiero un país con talante de romería y espíritu de fiesta”. Por eso, agregaba Antonio, “el peronista triste, no es peronista, porque somos los custodios de la identidad del pueblo, que sea creadora y feliz”.

“Somos un pensamiento en acción para transformar el mundo” me dijo el año pasado cuando se enteró que Jorge Bergoglio adoptaba el nombre de Francisco para gobernar la Iglesia, “vas a ver que va a predicar la Justicia Social Universal, tiene que haber un orden internacional justo, para encontrarla en cada Nación”.

Estas son algunas de las últimas enseñanzas del gran predicador que fue Cafiero para mi generación. Sufrió calumnias, cárceles, infamias, pero nunca abandonó su alegría peronista. Sus cumpleaños eran una cita obligada en su casa de Clemente Onelli. Allí nos juntaba a los que empezaron con él en 1945 y a los que abrazaron la causa posteriormente. Si alguien se preguntaba dónde quedaba el "peronómetro", la respuesta se hallaba en esa fiesta.

El legado que más fuerte me dejó Antonio fue sin lugar a dudas su coraje de abril de 1987, cuando se sublevaron los carapintadas. Mientras muchos peronistas se escondían, otros esperaban algún coronel salvador, Cafiero nos convocó a la Plaza de Mayo a defender el gobierno constitucional y decir para siempre que las diferencias entre peronistas y radicales deben dirimirse en Democracia. La emoción que sintieron los argentinos bien nacidos al verlo junto al Presidente Raúl Alfonsin en el balcón de la Casa de Gobierno. No sé si todavía se ha apreciado el hecho en su verdadera dimensión histórica. Estoy convencido que ese gesto audaz le jugó en contra en la interna justicialista del año siguiente cuando Carlos Saúl Menem se alzó con el triunfo para la nominación presidencial. A mucha ortodoxia le hubiera gustado que triunfaran los cuarteles, pero la presencia de Antonio en ese acto cambió la historia para siempre. La democracia es el piso institucional en el que los peronistas queremos realizar las tranformaciones sociales, doblegar la injusticia que nos hiere el corazón. Por eso militamos este tiempo orgullosos de la ampliación de derechos que viven los argentinos.

Con la melancolía alegre de este día en que nos enteramos de tan triste noticia, podemos decir como Raúl Alfonsín, que Antonio Cafiero es “el Presidente que los Argentinos nos privamos de tener.”