Espectáculos

02-09-2014 14:03 - teatro

Carlos Mugica y Salvador Allende reviven en dos escenarios porteños

Las obras "La bestia rubia", de Andrés Gallina, y "Allende, la muerte de un presidente", de Rodolfo Quebleen, se ocupan de dos figuras descollantes de la política latinoamericana del siglo XX y se pueden ver en la actualidad en escenarios porteños.

Por Hctor Puyo
Por Héctor Puyo
02-09-2014 | 14:03

La primera, protagonizada con intensidad por Nelson Rueda y dirigida por Tatiana Santana, refleja el asesinato del sacerdote Carlos Mugica por parte de la Triple A, en 1974, y es prácticamente un monólogo interior donde el cura muestra sus energías y sus dudas.

Con bellos movimientos coreográficos de Mecha Fernández, en los que se lucen también Pedro Frías, Gabriel Del Río, Melisa Noé Pereyra y, sobre todo, Laura Figueiras, la pieza se inscribe en el género de la hagiografía y como tal debe apreciarse.

Así, se ve sobre todo al Mugica místico más que el político, con frecuentes escenas de rezos colectivos, alguna de duda filosófica sobre la existencia divina, un posible amor de juventud y su fanatismo futbolístico por Racing de Avellaneda.

La obra hace referencia a su defensa tenaz del Peronismo -pese a provenir de una familia de rancia estirpe que festejó la caída de Juan Domingo Perón en 1955-, señala al lopezrreguista Rodolfo Eduardo Almirón como el sicario que le dio muerte, y equilibra la cosa con una supuesta "amenaza verbal" de Montoneros, en una enunciación de la "teoría de los dos demonios" que hace tiempo no se escuchaba.

Queda en segundo plano su pertenencia al Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, sus citas del Che Guevara, Camilo Torres y el obispo Helder Cámara, como si el autor no hubiera sido contemporáneo de aquellos convulsionados días.

"La bestia rubia" es sin embargo un espectáculo de visión válida, aunque la altanera actitud del personal de vigilancia que autoriza la entrada al complejo subterráneo del CC San Martín conspiró contra el ánimo de algunos espectadores el último jueves.

Por su parte, en "Allende, la muerte de un presidente", repuesta en la sala de La Máscara, el actor Jorge Booth produce el milagro de revivir al extinto presidente socialista chileno Salvador Allende como en un acto de magia.

La pieza del argentino Rodolfo Quebleen se estrenó en inglés en Nueva York en 2006 y aquí tiene una hábil dirección de Norberto Gonzalo que le valió elogios en escenarios locales y de América Latina y el reconocimiento de Interés Cultural por el Ministerio de Cultura de la Nación.

Booth tiene un enorme parecido físico con Allende -el único socialista del siglo XX que llegó al gobierno, aunque no al poder, y fue consecuente con sus ideas- y Quebleen lo hace recorrer un monólogo interior desgarrador, donde aparecen no sólo sus menesteres gubernamentales sino aquellos sentimientos más íntimos del hombre.

Todo se desarrolla en las últimas horas de su vida, cuando descubre la traición de Pinochet, en el cual había confiado como militar "democrático" y se debate con todos sus fantasmas mientras el Palacio de la Moneda, la sede gubernamental, es bombardeada y los tanques comienzan a avanzar sobre las calles de Santiago.

Director y actor eligieron hacer hablar al personaje en una suerte de chileno neutro, con una naturalidad que en ningún momento suena impostada, y aprovechan las virtudes del texto para hilvanar una historia verosímil que incluye a la vez situaciones desconocidas por el gran público.

El Allende de Booth "dialoga" con fieles y traidores, con su viejo maestro anarquista de ajedrez, con su esposa "Tencha", sus hijas Isabel y Tati y con su secretaria y amante "Payita", que estuvo a su lado los últimos años de su vida.

Aunque la mayor virtud de la obra radica en su actualidad y en los métodos golpistas de los grupos concentrados: Allende habla de la CIA, de Richard Nixon y su secretario de Estado, Henry Kissinger, como ejecutores del golpe que causó su destitución y su muerte.

Pero también denuncia la montaña de dólares con que fue coimeado el sindicato de camioneros para aislar al gobierno, el desabastecimiento de artículos de primera necesidad, los cacerolazos de la clase alta, la incomprensión de aquel proceso por grupos que deseaban empujar subjetivamente la historia y otros ingredientes que resuenan aún y son universales.

"La bestia rubia" se ofrece en el CC San Martín (subsuelo de Sarmiento y Paraná) de jueves a sábados a las 21 y domingos a las 19. "Allende, la muerte de un presidente", en La Máscara, Piedras 736, los jueves a las 21.

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