12/08/2014 Cerro Bayo

Miles de nios aprenden a esquiar en sus vacaciones de invierno en Villa La Angostura

La escuela infantil aplica un método basado en juegos y condiciones propias que los diferencian de los adultos: falta de miedo y facilidad para copiar con la vista y aplicarlo al cuerpo.

Por Gustavo Espeche Ortiz


Mientras los adultos requieren aplicar el razonamiento, con datos e instrucciones sobre equilibrio, balance, inercia y fuerza centrífuga, los niños aprenden con juegos y repitiendo lo que ven, y en el caso de los más pequeños a veces ignoran dónde están la derecha y la izquierda.

El centro de esquí de Cerro Bayo se define como familiar y "boutique", con una atención personalizada o para grupos pequeños, lo que es aplicable también a su escuela de esquí infantil, por la que cada temporada pasan entre 4.500 y 5.000 niños que a los pocos días salen a esquiar a las pistas.

En cuanto abre la temporada de nieve, llegan numerosas familias de adeptos al esquí con sus niños pequeños que quieren sumar a la actividad, por lo que simultáneamente comienza las clases para todas las edades, en un sector especialmente preparado.

El instructor a cargo de la escuela es Santiago Mazza, quien vive dos inviernos por año, ya que distribuye su tiempo entre las pistas de Aspen, en Estados Unidos, y las de Villa La Angostura,  explicó a Télam los secretos de la enseñanza para los niños.

"Según la edad, se requieren distintas características del lugar y de la enseñanza, porque a los chicos hay que contenerlos, no sólo darles la clase sino disponer de un edificio donde puedan comer, descansar, con celadores, personal especializado, profes de educación física y experiencia en niños", comentó.

El sector para los más pequeños, el Jardín de Nieve, recibe niños de tres o cuatro años, desde que dejan de usar pañales; la siguiente es la escuela Copitos, para los de cuatro a seis años, y la Bayitos es para quienes tienen entre 7 y 12 años, que son los que más pronto están en condiciones de ir a las pistas.

Donde mayores recaudos se toman en todo aspecto es en el Jardín de Nieve, una pista de unos 40 metros, con un medio de elevación propio, que está cerrada con redes periféricas para evitar que los niños salgan y a la que tampoco pueden entrar adultos, salvo los profesores.

"Eso nos evita estar pensando en los demás esquiadores, como con los adultos, y nos concentramos en enseñarles desde cero, con un método basado en juegos, como un camino con obstáculos, búsqueda de tesoro, pasar bajo arcos, por túneles, actuar el relato de un cuento o bailando entre ellos", explicó Mazza.

En la escuela para chicos de cuatro a seis años se hacen jornadas de medio día o día completo, que incluyen almuerzo y merienda, con diversas actividades en la nieve que contemplan el aprendizaje, pero también hay espacios para descanso y colchonetas donde los niños pueden dormir una siesta si lo desean.

El instructor destacó que "lo importante es que no sientan presión, que no les parezca una obligación como la escuela primaria, ya que a pesar del interés de algunos padres por un rápido aprendizaje, lo mejor es que ellos manejen ese tiempo y disfruten".

Sobre la escuela Bayitos, comentó que "la mejor edad para aprender es entre los siete y doce años, porque a esa edad son esponjas, tienen grandes avances y esquían todo el día; lo aprovechan en un 100% y en pocos días ya están en las pistas".

Al respecto, señaló que "los chicos quieren ganar kilómetros mientras el adultos es más técnico, más racional; los chicos copian mucho por la vista y son más naturales; basta decirles donde mirar y lo hacen, pero el adulto usa cosas más cotidianas y tenemos que luchar contra el instinto".

"En cambio -siguió-, los chicos no tienen miedo, lo que es una gran ayuda en el aprendizaje y, por el contrario somos nosotros los que tenemos que regularlo, por eso es importante que en las escuelas esquíen acompañados de instructores".

Para Mazza no es conveniente que aprendan junto a la familia adulta, "porque se sienten observados, controlados o presionados por padres que a veces están demasiado apurados en mostrarle a lo demás lo que logran sus hijos, y eso puede ser una traba al aprendizaje".

"Todos queremos que nuestro hijos aprendan rápido, pero es importante que disfruten y que el proceso lo hagan disfrutando, mediante juegos, y que llevemos los tiempos de acuerdo a los tiempos de ellos".

Mazza nació en La Angostura, donde aprendió a esquiar de niño y se graduó como instructor en el Club Andino local a los 17 años, tras lo cual trabajó 11 años en Andorra y ocho en Aspen, donde ahora a los 36 años alterna las temporadas con Argentina, y dicta clases para formación de instructores y títulos superiores en esquí.-