Cultura

23-06-2014 15:33 - Narrativa

"Al habla, estamos siempre frente a un abismo"

Besar a la muerta es la primera novela del sociólogo y director de la Biblioteca Nacional, Horacio González, donde despliega saberes y discursos en clave de criollismo paródico, sin dejar de reflexionar, acaso a su pesar, sobre el estatuto del acto de habla.

Por Pablo E Chacn
Por Pablo E. Chacón
23-06-2014 | 15:33
Telam SE


El libro, publicado por la editorialColihue, cumple igualmente con el sino del autor, profesor universitario, editor, periodista de ocasión, reseñista, matriculado, pero siempre heterodoxo.

Con un prólogo de María Pía López, socióloga también, escritora y titular del Museo del Libro y de la Lengua, en Besar... se dan cita desde Leónidas Lamborghini hasta John William Cooke.

Esta es la conversación que González sostuvo con Télam.

T: La escena del asado tiene su historia en la literatura argentina. ¿Por qué la elegiste para centrar una discusión, una querella cultural, política, gastronómica, filosófica y hasta teológica?

G : La novela tiene giros caricaturescos, por eso vacilo en llamarla novela, sería en realidad una noveleta farsesca, y el asado, como fuerte signo de identidad, adquiere resonancias fantasmagóricas. No se puede invocar un asunto tan plenamente ligado a la memoria culinaria del país, sin incurrir en cierto criollismo paródico. De todas maneras, el reborde teológico que tiene, es también algo que contiene mucha de obviedad -hay siempre algo sacrificial en el asado-, y también algo profundamente abismal, la ingestión de carne asada, que es lo que solemos hacer en la vida cotidiana pero nos remite a la formación del culto, de los ritos, de lo insondable de la religión.

T: Dos elementos que llaman la atención: las cartas -en una época como la actual, en que prácticamente no se usan-, y los curas (que no son cualquier cura). ¿Cómo o por qué los incluiste en la trama, si es que se puede decir que ésta es una novela de trama?

G: También aquí pensé en el modelo originario de las novelas, las novelas epistolares, pero hice a los personajes, no expresándose a través de cartas sino comentando cartas. Puedo decir, si no fuera muy pomposo, que deconstruyen cartas, aunque no utilizo esta expresión, pues sería más ajustado decir que los personajes realizan interpretaciones arbitrarias de algunas cartas célebres de la historia política y teológica argentina. Estas arbitrariedades son el tema específico que quise explorar. Los personajes tienen la arbitrariedad de los funámbulos.
T: El peronismo, obvio. La forma-novela, ¿te permitió decir algo, o decirlo de otro modo que el ensayo, la intervención, corta o larga, la edición, etcétera? Quiero decir, algo distinto, nuevo, algo que no hubieras pensado antes. En ese caso, ¿de qué se trata?

G: No, cada vez que me sentí dentro de una novela, bajé de un hondazo al novelista y subí en catapulta al ensayista. Estas módicas violencias que pueden arruinar un escrito, son el juego al que me entregué, de una forma mordaz.

T: Besar a la muerta no parece un libro nostálgico, y sin embargo está saturado de citas, escritores, sociólogos, poetas, filósofos, como si esa tradición intelectual estuviera acoplada a la realidad política del momento. Yo creo que hoy lo está en sectores muy restringidos, al punto tal que muchas cosas importantes se dicen y es como si no se hubieran dicho. ¿Cuál es tu opinión?

G: Cité en broma, son citas que en una clase parecerían serias y aquí son una burla de mí mismo.

T: Bueno, es cierto que hay juegos, sorna, pequeños desvíos hacia el folletín. ¿Interesan los géneros para leer esta novela? En cualquier caso, ¿por qué el folletín?

G: El folletín permite no ahondar en los planos de espiritualidad compleja de los personajes. El desvío hacia el folletín, no hecho por especialistas en folletines, es la tabla de salvación del novelista improvisado. Entonces, rescata a sus personajes dándoles un toque de inconsecuencia y falsedad, donde el estereotipo folletinesco cubre la ausencia de matices de conciencia, pero a la vez se obliga a ser gracioso. Si con el folletín no conseguís hacer reír a través de la desmesura provocada, estás frito.

T: ¿De dónde sacaste el tiempo para escribir el libro, dónde estuvo el disparador?

G: En toda conversación hay un tejido secreto de carácter novelístico. Hace tiempo que me observo a mí mismo hablando, escuchándome hablar y mirando la manera en que los demás hablan. Es una actividad cercana a la demencia, mirar hablar. El disparador, si es que esta palabra hay que invocarla, fue descubrir que hablamos. Y que al habla estamos siempre frente a un abismo, aunque solo digamos buenos días.

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