20/05/2014 performances

El carroussel de Pavlov Andreevic gira en el Faena, una accin sobre el valor de lo efmero y lo ritual en el arte

Nueve performances que se suceden en simultáneo sobre una plataforma circular que gira por tracción a sangre conforman la gran instalación "Fyodor´s Performance Carousel", que el artista ruso de vanguardia Fyodor Pavlov-Andreevich desarrollará durante cinco días en el Faena Arts Center.

La inmensa sala Molinos alberga esta obra, de la que participan artistas locales e internacionales, y por la que el creador ruso advierte a la audiencia de "no retirarse del espacio, aunque lo odien, hasta que finalice la intervención".


"En Rusia hubo tantas revoluciones que no podemos planificar el futuro. Por eso creo que las acciones cortas son más eficientes que las largas", ironiza Andreevich, ideólogo y performer de esta novedosa propuesta, en una entrevista con Télam.

La peculiar intervención, construida con arte efímero de 11 artistas de tres continentes, abre sus puertas en Puerto Madero para quienes se animen a la experimentación y el desafío -5 días, 3 presentaciones diarias, una hora 15 cada una, 50 espectadores que no pueden dejar la sala hasta el fin-.

El  dramaturgo y cineasta moscovita, de 38 años, responsable del "Gran río de vodka" que corrió en la Art Basel de Miami en 2010 -acompasado en la cadencia de música tradicional rusa-, discípulo de la emblemática Marina Abramovic, es el responsable de esta inédita acción artística que hasta el domingo tomará forma en el viejo almacén portuario de Aimé Paime 1169.

Dividida en nueve escenarios, la plataforma que girará a través de tres bicicletas dispuestas en el salón, siempre que el público pedalee, entreteje escenas generadas por el propio Andreevich, con participación de los argentinos Belén Romero Gunset, Eduardo Alcón Quintanilha, Andrés Knob, Lolo y Lauti.

"En Rusia hubo tantas revoluciones que no podemos planificar el futuro. Por eso creo que las acciones cortas son más eficientes que las largas"

Bhagavan-David Barki de Brasil, la malaya Chuya Chia, la británica Eloise Fornieles y el estadounidense Joshua Seidner conforman una escena mayor que juega con el registro temporal y espacial.

El ritual de la intervención, la profundidad del vínculo entre lo oculto y manifiesto, lo expuesto y la subexposición, "es lo que quieras llamarlo, teatro, fotografía o una lingüística de estructuras, no importa realmente, lo que estamos haciendo aquí es escuchar el susurro que suena en nuestro oídos", dice Andreevich.

Los artistas estarán trabajando en vivo sin parar cinco horas y media por día durante la performance, con intermedios para descansar, cada visitante podrá pedalear 15 minutos en las bicicletas y para que los artistas no se mareen cambiará la dirección cumplido ese lapso.

Las cifras no son aleatorias, "un espacio vacío es un agujero negro donde se pierde energía", sentencia este performer que habla sin dudar de "la alegría brasileña" y "la encantadora tristeza" porteña", que sólo se dedica "al arte vivo" y dictamina que "son las obligaciones bien cumplidas las que conducen al azar correcto". 

"Este es un proyecto atípico, la primera vez que pensé en el carrusel fue hace cuatro años, desde ese momento estuve embarazado de él, una suerte de embrión de dinosaurio que ahora es un hijo maduro con su propio bagaje", indica.

"Suelo creer en el misterio de que las cosas pasen", dice, aunque se lamenta de no haber podido reunir al grupo para una convivencia intensa que incluya vigilia y sueño, a fin de generar un clima compartido de esta experiencia.

A su entender, "es importante que los performers compartan mucho la vida y no el trabajo, creo en una manera subconsciente de vincularse y generar obra individual en una escena o intervención común".

Por eso mismo es que hasta la presentación ninguno de los artistas convocados supo que harían los otros, "en todos los meses de preparación que tuvieron que visitar el espacio para desarrollar sus ideas, lo hicieron con los ojos tapados, porque yo no quería que vieran lo que los otros estaban haciendo", detalla Andreevich, una suerte de emperador del proyecto.

"El trabajo fue concebido como nueve muestras individuales, presentadas con un instructivo que el público debe comprometerse a cumplir: quedarse sentados 15 minutos, cinco con los ojos cerrados para concentrarse y hallar el silencio interno, ver unos videos sobre cada espacio artístico, pautas sobre cómo comportarse adentro", consigna.

En simultáneo, la artista argentina Agustina Woodgate rebasará los  límites de la sala Catedral con "GPS / Geometría Poética Social", una serie de intervenciones en los espacios públicos circundantes, un cruce de acciones, con curaduría de Ximena Caminos que podrán verse desde mañana hasta el domingo de 17 a 22.

Las entradas cuestan 50 pesos y pueden obtenerse de manera previa en https://eventioz.com.ar/e/fyodors-performance-carousel