01/05/2014 Sarau

La periferia literaria de San Pablo en clave de hip hop

Narradores, poetas y músicos de San Pablo, Ciudad Invitada de Honor a la 40 edición de la Feria del Libro, así como un colectivo de raperos bolivianos, dieron cuenta anoche, en La Casona de Flores, de la vigencia del sarau (sarao), un intenso movimiento cultural nacido en la periferia brasileña, marcado por la conciencia social y la denuncia política.

Por Juan Rapacioli



El encuentro, donde se pudo ver y escuchar a diversos referentes de la cultura marginal paulista, atravesada por la poesía tradicional, la influencia africana y disciplinas más contemporáneas como el hip hop, sirvió además como escenario para la presentación del libro “saraus”, una antología de los poetas que consolidaron el movimiento periférico en San Pablo.
 
La interpretación de las palabras, la posición del cuerpo, el manejo del tiempo y la utilización del espacio, son algunos de los puntos claves en la experiencia del sarau, donde siempre está presente la problemática social, la denuncia política, la mirada integradora y la búsqueda de una conciencia real de lo que significa la vida en los márgenes.
 
De esas temáticas no es ajeno el hip hop, un movimiento artístico que surgió dentro de una subcultura marginal en el Sur del Bronx y Harlem, en la ciudad de Nueva York, entre jóvenes latinos y afroamericanos durante la década de los 70, como forma de protesta contra la desigualdad, la discriminación y la pobreza.
 
En diálogo con Télam, Lucía Tennina, profesora de Literatura Brasileña de la UBA y compiladora del libro publicado por la editorial independiente Tinta Limón, explicó: “El sarau es una práctica cultural que viene del siglo XIX, que consistía en manifestaciones artísticas de diferentes lenguajes: danza, música, literatura”.
 
A partir del 2001, continuó, uno de los tantos encuentros dedicados a la poesía en la periferia de San Pablo, decidió llamarse sarau. La gran particularidad de estos encuentros es que se daban en los bares marginales de la ciudad, donde se recogen las estadísticas de alcoholismo y muerte más grandes”.
 
“A partir de ese sarau, que estableció ciertas fórmulas para que estuviese centrado en la literatura, se abrió un gran espacio, que solía ser solo para hombres, para que participen mujeres y niños”, sostuvo Tennina.
 
Y contó: “Sérgio Vaz, poeta y creador de Cooperifa (Cooperativa Cultural de la Periferia), le dio forma a los saraus en la periferia, instaló la idea del respeto entre los poetas, que no tiene que ver con el gusto estético, sino con la idea de compartir”.
 
“Eso, además, coincidió con las compilaciones de literatura marginal que hizo el escritor y compositor Ferrez, y así se fue armando una geografía de saraus”, explicó.
 
“De alguna forma -sostuvo la compiladora-, la experiencia del sarau se puede sintetizar en una frase del poeta Sérgio Vaz: ´en la periferia no hay teatros, no hay cines, no hay bibliotecas. Pensaban que nos íbamos a morir bebiendo cachaza y transformamos a la periferia en un centro cultural´".
 
Según Tennina, que leyó a sala llena uno de los poemas del libro, “el sarau está atravesado por múltiples lenguajes y por toda un idea de movimiento que está muy ligada al hip hop, una disciplina muy fuerte en San Pablo. Hay una identidad en común, un proyecto común y un enemigo en común”.
 
Por su parte, Andrés Bracony, uno de los editores de la editorial autogestionada Tinta Limón, dijo que “este encuentro lo hacemos acá, en La Cazona de Flores, porque es donde hace base nuestra editorial desde hace casi diez años. Nos centramos en textos de filosofía política, pensando siempre en movimientos sociales. Nuestra pregunta constante es: cómo se arma una política emancipatoria que no pase por una idea de Estado céntrica”.
 
“La conexión con los saraus surgió hace unos años, cuando estuvimos en San Pablo y conocimos al movimiento Cooperifa -contó-. Un tiempo después apareció Lucía con la propuesta de la antología. En ese momento, justo, estábamos editando la poesía de Camilo Blajaquis, y así le fuimos dando forma al libro”.
 
El editor apuntó: “lo que que vimos ahí y nos interesó fue un espacio de mucha libertad que para nada caía en un estereotipo, porque se daba con gente de todas la edades, mezclando lecturas de poesía, música, recitales de rap, toda una esquina tomada de gente disfrutando y poniendo la palabra en relación con cosas que no son simplemente la palabra escrita”. 
 
“Después -explicó- vino el laburo de darle forma, encontrar una estética para que de alguna manera resuene el sarau dentro del libro. Fue muy importante el trabajo de Diego Maxi Posadas, el ilustrador, que le dio cierta iconografía afro a la portada”.  
 
Según Bracony, “es interesante la relación con la producción que se da acá, donde también hay un gran movida de literatura oral, como el slam. Creo que hay una gran sintonía, aunque tengan orígenes sociales diferentes. Encuentros como estos abren mucho el juego para que los pibes se animen a escribir, a leer, a cantar. En eso hay un cierto carácter de movimiento que habilita mucho más que la carrera individual”.
 
 
etiquetas