21/04/2014 Susana Muzio

Como conseguir cambiar de identidad

En La sonrisa secreta, la escritora y periodista Susana Muzio da a luz -después de ejercer múltiples oficios relacionados con la escritura, y de cultivar las más variopintas amistades en ese mundo-, su primer libro de relatos: prosa cuidada y punzante, sostenida por múltiples lecturas, las cuatro historias recrean cuatro historias previas que trabajadas en sus resortes clave, se convierten en otras (y su parodia).

Por Pablo E. Chacn

El libro, publicado por El Cuenco de Plata, es una espléndida colección que se lamenta termine tan rápido. En la tapa, una foto de Marcel Duchamp tomada por Man Ray, adelanta el clima ominoso o tétrico del primer relato; ominoso, tétrico o socarrón.
 
Muzio nació en Buenos Aires en 1922. Pasó buena parte de su vida escribiendo libros por encargo sobre cualquier tema, y lo único que había publicado a la fecha fue Releyendo Patoruzú en 1995, en la editorial Espasa Calpe.
 
Periodista del diario El Mundo, sus columnas en la página 6 jamás fueron firmadas -sus seudónimos, doce durante la segunda guerra mundial- eran todos masculinos, tal cual doce personas distintas, y abarcaban desde la geopolítica a la anorexia. Entonces escuchaba, sin saber, las diatribas que vociferaba el poeta estadounidense Ezra Pound desde Italia.
 
Nadadora y maestra, amiga de Jorge Luis Borges, César Fernández Moreno, Marta Peluffo, Cecilia Ingenieros, Patricio Peralta Ramos y Arturo Saéz, con quienes se reunía en el bar “El Moderno”, fue en esas tertulias que empezó a despuntar la pasión por la literatura.
 
La estadía de Marcel Duchamp en Buenos Aires es la excusa para imaginar de ese tiempo, qué es lo que hizo el francés durante tres meses que desapareció de dónde se lo veía. Al parecer, fue iniciado en los secretos esotéricos-sexuales que al terminar lo habrían decidido a volver a su país, además de que la guerra había finalizado.
 
En August Stramm recrea más que la vida, la muerte del poeta alemán caído en el frente germano-ruso en 1915; recuperado su cadáver, fue arreglado y embalsamado y dispuesto a la vista de sus amigos. Autor de la pieza teatral Sancta Susanna y del poema putañero Casa de gozo (traducido al portugués por Haroldo de Campos), su trayectoria, antes de convertirse en soldado, no se agota en la universidad y los mejores burdeles de Europa.
 
Emma Zunz es una impecable reescritura del cuento de Borges -en clave rufianesca. La postitución en Rosario y Uruguay, manejada por un tal Junta (por el Juntacadáveres de Juan Carlos Onetti), que también frecuentó a la autora cuando era corresponsal de Reuters en Buenos Aires, produce una versión tan extrañada como verosímil del original, mutación de identidades y oficios mediante.
 
Nakamura es una pequeña joyita sobre el arte del bonsái y el sufrimiento de los árboles sometidos por una japonesa impiadosa que no duda a la hora de encerrar, si es posible, a un ombú lloroso en una cajita de cristal. El final es insólito.
 
Alejada de modas, escuelas, escuelitas, talleres, colectivos, camarillas y amiguismos, Susana Muzio Sáenz-Peña, sin embargo, no se priva de experimentos, tanteos y vanguardismos. Sería razonable conocer más cosas de esta escritora secreta, y notable.