19/03/2014 teatro

San Martn y Bolvar en una visin divergente de "Guayaquil"

La obra "Guayaquil. Una historia de amor", de Mario Diament, estrenada en Teatro del Pueblo, se desvía del camino tradicional para contar con cierto cinismo el encuentro entre los libertadores José de San Martín y Simón Bolívar en 1882.

Por Hctor Puyo

La versión oficiosa dice que la agenda incluía la liberación del Perú, la administración de ciertas regiones y el tipo de gobierno que cada uno proponía para la joven América del Sur, pero lo cierto es que no hubo testigos de las conversaciones.

Lejos de una actitud de colaboración desinteresada, ambos héroes enfocan la cita con actitud de ajedrecistas, midiendo las fuerzas, suponiendo las movidas del otro

Eso permitió que durante casi dos siglos se especulara en forma académica sobre el hecho -incluso se lo decoró con un famoso abrazo- y así quedó en los libros, pero Diament prefirió construir una comedia brillante donde las amantes de ambos tienen un lugar protagónico.

Lejos de una actitud de colaboración desinteresada, ambos héroes enfocan la cita con actitud de ajedrecistas, midiendo las fuerzas, suponiendo las movidas del otro y dejándose llevar por el trabajo subterráneo que Rosa Campuzano y Manuela Sáenz traman en función de sus varones.

El texto de Diament no pone en duda el arraigo de esos personajes en sus pueblos ni el concepto de Patria Grande que enarbolan; el asunto corre por otro lado y tiene que ver más con un procedimiento escénico que con cualquier revisionismo histórico.

Ambas criollas y militantes de la liberación -se sabe que Campuzano fue compañera de San Martín y Sáenz de Bolívar-, el autor las utiliza a la manera de los comediógrafos franceses de hace tres siglos para tejer algo muy descontracturado y disfrutable.

Así es que entabla una suerte de relación a cuatro bandas con disputas entre los militares y seducciones cruzadas de cada cual con la mujer ajena, y el entuerto político toma un cariz marcadamente erótico.

Es un ejemplo el diálogo de seducción entre San Martín (Edgardo Moreira) y Manuela (Ana Yovino), que abreva en lo más festejado del teatro "boulevardier" o de vodevil, en lo que Diament confirma con creces su capacidad como dialoguista.

No son menos eficaces los pasajes entre Bolívar (Pablo Razuk) y la Campuzano (Georgina Rey, toda sexo), en un juego que "se non è vero è ben trovato" aunque no haya cambiado el curso de la historia y el encuentro entre ambos próceres siga siendo tan misterioso como antes.

En su afán de plasmar una historia con héroes bajados del monumento, el autor recurre incluso a mecanismos de Goldoni y la Commedia dell`Arte, al encomendar tareas a los respectivos subalternos (edecanes a cargo de Rodrigo Pagano y Luis Gasloli), que no siempre comprenden y a veces no salen como son planeadas.

Conviene agregar que todo surge del intento de investigación de un periodista francés (Santiago Figueroa) que se acerca a la casa de Boulogne sur Mer muchos años después de la muerte del general San Martín a hurgar algún posible rastro sobre lo charlado en el encuentro.

Todo eso le sirve al director Manuel Iedvabni para lograr quizá su mejor trabajo en los últimos años, gracias a un elenco efectivo donde Moreira y Razuk comprenden a sus personajes alejándolos del mármol y aportándoles una carnalidad visible.

No es menor el desempeño de las damas, con la siempre formidable Yovino -de hecho era casi la única que se salvaba, como Ofelia, en un "Hamlet" de 2010-, bella, de ajustados movimientos, y Rey, con la que compone un dúo de pactos femeninos de jugosas consecuencias. 
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