27/02/2014 triloga

La nueva novela de Federico Levn cierra su saga del hambre

En "La lengua estofada", el escritor argentino Federico Levín cierra una desmesurada trilogía de novelas atravesada por la pasión alimenticia, donde una serie de extraños personajes son movidos más por las circunstancias que por las decisiones, configurando un final para lo que el autor califica como "la saga del hambre".

Por Juan Rapacioli

 
Después de las novelas "Ceviche" y "Bolsillo de cerdo", esta última entrega publicada por Ediciones Aquilina en su colección Negro Absoluto -dirigida por Juan Sasturain- encuentra a su peculiar protagonista, el Sapo Vizcarra, un obeso cocinero devenido en investigador, saliendo de su zona de acción, el barrio del Abasto, para aventurarse en un viaje por el país.
 
Federico Levín (Rosario, 1982) publicó, además de esta trilogía,  la novela "Igor", el libro de poesía "Los Pacoquis" y el libro "Nueva Autoayuda", junto a Agustín J. Valle. Además, formó parte del grupo de narradores "El Quinteto de la Muerte", con el que publicó el libro "La fiesta de la Narrativa".
 
Télam -La trilogía ha sido enmarcada dentro del policial gastronómico, ¿a qué se refiere esa categoría? 
Levín -Lo de policial gastronómico empezó como una broma, no sabía que realmente se le decía así a todo un género, conocía algunos casos de detectives que hablaban de su pasión por la gastronomía, pero esto es otra cosa. No es la gastronomía el tema de la trilogía, sino la comida. Lo que intenté trabajar fue la relación material con la comida, un lado que también puede ser enfermizo. En ese sentido aparece la obesidad pero no como patología, sino como una cosmovisión. Es una escritura que investiga ese mundo desmesurado de forma desmesurada. 
 
T -¿Cómo nació el Sapo Vizcarra?
L -El Sapo tiene que ver con la alternancia de velocidades: la pesadez del cuerpo por un lado y la liviandad del lenguaje por otro. Por eso su apodo, un animal que está quieto o saltando velozmente. Por otro lado, siempre tuve un interés por el mundo de la cocina y pensé en incluirlo dentro del proyecto narrativo cuando encontré a un personaje donde pude depositar esta relación enfermiza de la abundancia.
El desafío fue investigar qué puede pensar un personaje de esas características, porque un obeso es una persona que se enfrenta al mundo desde un lugar particular, donde todo puede ir a parar adentro de él. Es el reverso de mi caso que, como flaco que soy, hay siempre una sustracción con respecto al universo.
 
T -¿Qué querías contar a través del personaje? 
L -Me interesaba narrar cómo conviven, en algunos recorridos vitales, una vehemencia que se adueña de todos los elementos y al mismo tiempo una falta absoluta de voluntad; es como que todo se traba en el Sapo, está en una especie de euforia por gobernarlo todo, pero para realizar un movimiento necesita dejarse llevar por algo externo que no puede manejar. Lo que me interesaba con el personaje era la idea de un centro alrededor del cual se empiezan a mover historias. No es el Sapo quien genera las situaciones sino que los relatos van apareciendo a partir de él. Es un personaje que está del lado de la quietud y funciona de alguna manera como el proceso de la alimentación. No tiene historia personal sino por oposición a las historias de los demás personajes.
 
T -¿Cuál es la importancia del Abasto en estas novelas?
L -La presencia del Abasto es definitiva, son novelas de ahí. Cuando empecé a escribir vivía ahí y hubo una retroalimentación constante entre ficción y realidad: lo que veía lo traducía y después trabajaba con lo que traducía, generado una relación que en algún punto llegó a ser agobiante y por eso me pareció importante darle salida los personajes. Pero uno de los problemas que se me presentaban era saber a dónde se podían ir. Al tener tanta información sobre el Abasto, tenía muy poco material para inventar sobre otros lugares.
 
Entonces decidí hacer el viaje que después iban a hacer los personajes. Me fui con un grupo de gente que filmó y que ahora se encuentra haciendo un documental sobre el proceso de escritura de esta novela. Por ahora sólo tenemos un trailer de ese registro cinematográfico, estamos buscando financiamiento para terminarlo.
 
T -Si bien no se trata estrictamente de un policial, el género parece darle forma a la narración... 
L -Tomé el policial porque su estructura me permitía hacer una serie de indagaciones con respecto a la literatura y a lo que entendemos por realismo. Lo último que se dice del policial es que es un género del realismo. Me interesa captar cierto tipo de textura de la realidad y en ese sentido el policial es un tipo de realismo un poco engañoso. Lo que siempre me interesó del género es la idea de la trama bien definida. A veces, cuando a uno le gusta experimentar con el lenguaje, deja un poco de lado la trama, pero a mí me gusta combinar ambas cosas: una pregunta acerca de la realidad que al mismo tiempo logre plantear una trama atractiva.
 
T -¿Hubo lecturas que acompañaron el proceso de escritura?
L -En ese proceso me acordé de (Witold) Gombrowicz, que siempre indagaba sobre los géneros, y su novela "Cosmos", donde utiliza la estructura del policial con elementos absolutamente enrarecidos. No hay un crimen ni un detective claro, pero sí una investigación. Gombrowicz se refiere al "balbuceo del momento que nace", sería como una exploración en el caos del que no se puede salir. El policial se inventa dentro de ese cansancio como un entretenimiento que asume el agotamiento del caos.
 
T -¿Por qué estas novelas configuran una saga del hambre? 
L -Porque el hambre es un motor, no sólo narrativo, es lo que te hace mover hacia un lugar u otro. Está en un límite entre lo voluntario y lo involuntario, entre lo pensable y lo impensable. Siempre surge del límite, marca el final de lo civilizado. Casi siempre se habla de los efectos intelectuales que producen los libros, pero muy poco de los físicos, no se suele decir qué tipo de malestar o satisfacción corporal te genera cierta lectura. Yo quería jugar con eso a través del hambre.
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