19/12/2013 Anuario policiales

ngeles Rawson: el crimen del portero y la chica que fue arrojada a la basura

El 10 de junio, a las 8.28, Ángeles Rawson salió del edificio de la calle Emilio Ravignani 2360 del barrio porteño de Palermo rumbo a su clase de gimnasia y se encontró en el palier con el portero, Jorge Néstor Mangeri, quien le hizo algún tipo de broma.


Casi una hora y media más tarde, Ángeles volvió a encontrarse con el portero, pero esta vez no hubo bromas y ese hombre ahora está preso como acusado de haberla asesinado al intentar violarla y luego desecharla en una bolsa de basura.

Se trató del caso que más conmocionó en 2013. Esa chica de 16 años, de clase media, abanderada de un colegio religioso y fanática de las historietas de animé, apareció asesinada el 11 de junio -a 24 horas de su desaparición-, en la planta de residuos de la CEAMSE de la localidad bonaerense de José León Suárez.

Al principio de la investigación, todas las miradas se volcaron en el centro de distribución de la CEAMSE del barrio porteño de Colegiales.

Ángeles hacía gimnasia en un predio lindero a ese planta, sus amigas la vieron por última vez en la esquina y el camión que había trasladado el cuerpo hasta José León Suárez había salido de la central Colegiales, donde esa misma noche hubo un allanamiento.

Pero todo cambió en 48 horas. Los detectives de la División Homicidios de la Policía Federal encontraron en la misma cuadra del domicilio de la víctima imágenes de cámaras de seguridad en las que se veía que Ángeles pasó caminando rumbo a su edificio.

Eso demostraba que la chica había vuelto a su casa y las sospechas entonces se trasladaron al círculo íntimo de la víctima y, en especial, hacia la figura del padrastro, Sergio Opatowski.

La fiscal a cargo de la investigación, María Paula Asaro, allanó la casa de la víctima mientras la familia velaba los restos.

Secuestraron un morral y un par de zapatillas que los investigadores, equivocados, creyeron en un principio que eran los mismos que Ángeles llevaba cuando quedó registrada en los videos.

El viernes 14 por la noche, la fiscal Asaro interrogó a fondo al núcleo más cercano para intentar lograr que alguno aporte algún dato que robustezca sus sospechas contra el padrastro.

El edificio de la calle Tucumán 966 donde funciona la Fiscalía de Instrucción Nº 35 tuvo que ser vallado porque la prensa transmitía en cadena nacional lo que parecía ser la resolución del caso.

Declararon la madre, el hermano y la mucama de Ángeles, quien juraba y perjuraba frente a la fiscal que aquella mañana la chica no había ingresado al departamento.

Vestido con gorra y chaleco policial, un hombre robusto ingresó al edificio de la fiscalía. No era un policía, era el portero Mangeri, que hacía 48 horas que no se presentaba a declarar.


Para la fiscal Asaro, Mangeri era un testigo clave. Quería saber si aquel lunes había visto regresar a Ángeles y si había advertido algo raro en el departamento de la planta baja "A".

Mangeri inició su declaración diciendo que odiaba a la Justicia y a la Policía. Dijo que había sido torturado por policías. Se levantó el polar marrón y le mostró a la fiscal las supuestas heridas que le habían provocado.

Luego, los peritos dictaminaron que eran quemaduras autoprovocadas para enmascarar lo que podrían ser arañazos.

Luego de una infinidad de contradicciones, la fiscal advirtió que no estaba frente a un testigo clave, sino ante el posible asesino.

A las 5.30 del sábado y mientras Asaro preparaba su pedido de detención, Mangeri pidió hablar a solas con ella.

Frente a la fiscal y a su secretario, Diego Pegolo, el portero dijo: "Soy el responsable de lo de Ravignani 2360; fui yo. Mi señora no tuvo nada que ver en el hecho".

Nunca más volvió a esbozar una confesión. En las cinco indagatorias que tuvo, el portero dijo que era inocente, que la causa estaba armada y que aquella autoincriminación se dio luego de que dos policías lo presionaran en la fiscalía, algo que se investigó pero ya fue desechado por la Justicia.

Mangeri salió del edificio de la calle Tucumán esposado y a cara descubierta para que todas las cámaras de TV registraran que el caso estaba esclarecido y el portero era el presunto autor del crimen de la chica que había sido arrojada a la basura.

A dos semanas del crimen, llegó la prueba clave que hasta hoy le da a la Justicia la certeza de que Mangeri es el autor. Debajo de la uña del dedo índice de la mano derecha de Ángeles había ADN del portero. La chica alcanzó a rasguñarlo en un intento de defensa.

La defensa de Mangeri fue asumida por los abogados Miguel Ángel Pierri y Marcelo Biondi, quienes proclamaron su inocencia e instalaron la duda sobre los estudios de ADN que lo incriminaron.

El abogado querellante, Pablo Lanusse, logró revertir la errática autopsia que señalaba que Ángeles había muerto en la compactadora de basura y que no había sido violada.

El ex fiscal Lanusse hizo que el juez de la causa, Javier Ríos, ordenara una junta médica para revisar las causales de la muerte.

El Cuerpo Médico Forense dictaminó que Ángeles murió sofocada y estrangulada en una maniobra que no duró más de cinco minutos.

El asesino la golpeó, le provocó siete fracturas durante el ataque y la chica tenía lesiones paragenitales compatibles con un ataque sexual no consumado.

Por esas conclusiones, el juez Ríos reformuló la imputación contra Mangeri, plasmó en el expediente que el móvil del crimen fue el ataque sexual y lo volvió a procesar pero por delitos que tienen como única pena la prisión perpetua: "tentativa de abuso sexual agravado y femicidio criminis causae".