17/11/2013 Nurit Kasztelan

La idiotez del entrevistador

En Lógica de los accidentes, la poeta, editora y librera on line Nurit Kasztelan –a la manera de las mujeres- parece inventar un campo discursivo y a sus propios epígonos, si los tuviera, desacomodando el andamiaje del preguntón, al que por amabilidad y gracia, la joven nunca tratará de idiota.

Por Pablo E. Chacn

El libro, publicado por las ediciones Vox que durante años viene piloteando desde Bahía Blanca ese faro de tormentas que llama Gustavo López, no se engolosina, no hace gala de un estilo y así lo tiene.
 
Kasztelan nació en Buenos Aires en septiembre de 1982. Estudió economía, estudia literatura, anima la revista virtual www.no-retornable.com.ar  y junto con Sol Echevarría, son las responsables de la editorial de ensayo Excursiones.
 
Esta es la conversación que sostuvo con Télam.
 
T : ¿Cómo cómo organizaste el libro, ¿conceptualmente, sin patrón retórico?
K : El libro lo organicé casi de la misma forma que lo fui escribiendo, es decir, por series. La primera agrupa los poemas en torno a la temática del aire y del ahogo; la segunda los poemas de amor; y la tercera, que es la que a mí más me gusta, los poemas más matemáticos, por decirlo de algún modo. Lo que hice una vez que terminé de escribirlo fue mezclar un poco las series.
 
T : ¿Escribís crítica, narrativa? El pasaje de un género a otro (si es que puede hablarse de género), ¿se complica o sale naturalmente?
K : Escribo crítica a veces, pero el libro tiene que interesarme primero. No ejerzo el periodismo cultural ni podría hablar de cualquier libro. Para hablar sobre él, tiene que interpelarme de algún modo; aunque no me haya gustado del todo, tengo que sentir que tengo algo para decir, una mínima línea de lectura. Mis reseñas son tal vez ensayitos breves. Narrativa escribo poco, tengo un par de relatos y un cuento pero son más prosa poética. Lo que sí escribo, y bastante últimamente, es dramaturgia. Una obra breve, Otra mosca más, la dirigí y estrené en distintos ciclos; y Final de temporada, escrita en coautoría, salió publicada en una antología que compiló Andrea Garrote. Estoy escribiendo una obra ahora, pero todavía está en proceso.
 
En el caso de pasar de la poesía a la dramaturgia tengo que hacer un esfuerzo extra, porque en la dramaturgia lo que se dice debe estar encarnado en un personaje, los giros del lenguaje por sí mismo no tienen valor. Se trata de prestarle más atención al oído para transcribir o inventar distintos modos de habla. Incluso el diálogo debe ser de cierta manera funcional al conflicto que debe resolverse.
 
T : Nuevos debates agitan las procelosas aguas de la poesía. Están quienes defienden a Gelman, quienes prefieren a los Lamborghini, quienes leen a uno y a otros. ¿Cuál es tu opinión al respecto?
K : A mí de Gelman me gustan mucho los primeros libros. Carta a mi madre, por ejemplo, me parece un libro increíble, de un ritmo vertiginoso; me afectó profundamente en el momento en que lo leí, tanto que sé varias partes de memoria. Lo último que está escribiendo no me interesa tanto. Los Lamborghini me parece que son vectores clave para entender la política del país, especialmente al peronismo. Las patas en la fuenteEl solicitante descolocado, de Leónidas, me parece que abren puertas acerca de la percepción de la época. Y los poemas, pero sobre todo los cuentos de Osvaldo, muestran una postura y una forma de entender lo político.
 
T : El estilo de tus poemas, ¿cuánto le debe a cierto objetivismo hegemónico en los 90?
K : Uy, no sé. A diferencia de mi primer libro, en este segundo, leer poesía contemporánea, es decir lo que se estaba escribiendo en el momento y lo que se escribió en los 90, fue importante. Sin embargo, creo que después fui encontrando mis propias lecturas que no necesariamente son esas. Lo que me interesa del objetivismo que vos decís, aunque ya estaba en (Joaquín) Gianuzzi, es la depuración de los versos, que no sobre ni falte nada.
 
T : En cualquier caso, ¿cuál es la herencia poética que te interesa recrear, reinventar o con alguno de esos elementos, inventar?
K : A mí lo que me interesa de la poesía es cuando se cruza con otros discursos que no son necesariamente de la poesía. Siento que ahí es cuando el lenguaje está exaltado, que se reactualiza. En mi caso, aparecía el discurso de la matemática y en mucho menor grado el de la biología, mezclado con la experiencia personal. Los poemas que hablan del lenguaje en sí mismo, no me interesan tanto. En ese sentido, de los poetas actuales me interesa mucho el cruce de discursos y de géneros que está haciendo Mario Ortiz. Sin embargo, a él lo leí después de haber terminado de escribir el libro. Cuando estaba terminándolo, algunos amigos que lo habían leído me recomendaron leyera  a Enrique Verástegui, un poeta peruano que también trabajaba con la matemática; y Teorema Natural, de Leopoldo Castilla. Me interesan sobre todo los cruces. Anne Carson, por ejemplo, una poeta canadiense que traduje para mí, hace un cruce interesante entre la poesía, el ensayo y la tradición griega.
 
T : ¿Cuánto pensás que cambió la poesía argentina desde principios de siglo, de milenio, hasta ahora?
K : Un montón. Tanto, que no podría ni sabría, (je) explicarlo. 
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