Cultura

25-07-2013 13:52 - cine

El filme “Civilización” explora la obra y las motivaciones políticas de León Ferrari

La obra y las motivaciones políticas que llevaron al argentino León Ferrari -fallecido este jueves a los 92 años- a convertirse en uno de los artistas plásticos más importantes de la actualidad son los ejes temáticos de “Civilización”, un documental experimental del cineasta Rubén Guzmán.

Por Paulo Pcora
Por Paulo Pécora
25-07-2013 | 13:52

“Creo que nuestra civilización está alcanzando el grado más refinado de barbarie que registra la historia”, decía el propio Ferrari en una frase leída por la actriz Cristina Banegas -cuya voz toma el lugar de la del artista- en este filme que ya fue proyectado en el Bafici y el Palais de Glace entre otras pantallas.

“Arte, política, crítica corrosiva o como quieran llamarlo” es la manera en la que Ferrari define a su obra, un compendio de esculturas, pinturas, heliografías, dibujos caligráficos y collages en los que despliega una ácida crítica a las instituciones -especialmente la Iglesia Católica- y a la hipocresía de ciertos gobiernos occidentales, impulsores de la violencia política y las guerras que aquejan al mundo.

Una de sus obras más emblemáticas es, justamente, una escultura de 1965 llamada “La civilización occidental y cristiana”, donde combina de manera audaz un bombardero estadounidense y un Cristo crucificado, en una síntesis perfecta entre el dominio mental ejercido por la religión y el dominio político ejercido por el poder de las armas.

Esa obra realizada a la sombra de la guerra de Vietnam se convirtió en un punto de inflexión en su carrera, y en el arte argentino por extensión, y fue una de las cosas que Guzmán quiso destacar en su película: “Me interesa el arte de León después de su giro hacia lo político, algo que comenzó con la guerra de Vietnam, pero también me atrae su arte más formal y menos ideológico”.

"Civilización", un documental experimental del cineasta Rubén Guzmán sobre León Ferrari

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Ferrari tuvo un padre que construía iglesias, pasó su infancia en colegios de curas (“mi primer infierno”, según recuerda en el filme) y realizó sus primeras esculturas en cerámica, hasta que en un viaje a Italia se unió al dibujante Oski y al cineasta y poeta Fernando Birri para producir el filme “La primera fundación de Buenos Aires”, algo que repitió en 2008 con “El artista”, donde también actúa.

Autor de extraños dibujos caligráficos o escrituras que sigue dibujando hasta hoy, hasta los años `60 Ferrari hacía “arte por el arte”, hasta que la guerra de Vietnam y los crímenes perpetrados por las fuerzas estadounidenses contra los vietnamitas lo modificaron: “Esa guerra me impactó como pocas cosas”.

“Casi todos los artistas trabajan de espaldas al pueblo haciendo placeres para la élite cultural que los promueve y para la del dinero que los compra. Y los de vanguardia, de espaldas al país, buscan su prestigio en centros internacionales colaborando en la elaboración de un arte occidental que será luego utilizado en la justificación de cuanto exceso comete Occidente”, decía Ferrari en el filme.

En ese sentido, el artista -que se volcó al arte comprometido políticamente- dice que “pocas veces se escucha hablar tanto de arte como cuando se explican las invasiones coloniales de ayer y neocoloniales de hoy”, y añade: “El arte sirve para metamorfosear los bombarderos en cultura, se convierte en un instrumento de dominación”.

De esa conciencia política surge el collage “Palabras ajenas”, que condensa la historia de la violencia de Occidente; su participación en Tucumán Arde en 1968, donde invitó a reflexionar sobre las imágenes y noticias de los crímenes dictatoriales; sus series de esculturas y cuadros con cucarachas con colores estadounidenses invadiendo el planeta; y su denuncia contra la Iglesia Católica y sus vínculos con Hitler y Videla.

“El arte no se puede definir. Lo que sé es que no tiene límites ni reglas”, afirmaba el artista en otro tramo del documental, donde se lo ve dibujando y realizando heliografías con alambres, o mostrando sus gráficos braille, una serie de obras que, según definió, “pueden verse de alguna manera como una arquitectura de la locura”.

“Estas obras expresan lo absurdo de la sociedad actual. Esa suerte de locura cotidiana necesaria para que todo parezca normal”, agrega el ganador del León de Oro en la Bienal de Venecia de 2007, quien en 2004 provocó una revolución mediática al ser víctima de un grupo de fanáticos religiosos católicos que atacaron una exposición de sus obras en el Centro Cultural Recoleta.

“Quienes atacaron la muestra completaron la obra”, dijo en aquel momento el artista, quien considera a la cruz como “un logotipo cultural e instrumento de tortura”, y que agregó: “Lo único que le pido al arte es que me permita condenar la barbarie de Occidente con la mayor claridad posible”.

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