Espectáculos

15-07-2013 14:41 - teatro

Tolcachir explora otras formas del amor a partir de "Emilia"

La extrañeza del encuentro entre un hombre adulto con la niñera que supo cuidarlo cuando era apenas un chico es el puntapié inicial para “Emilia”, la tirante obra de Claudio Tolcachir que cada fin de semana en Timbre 4 interpela sobre la hondura que pueden tomar las formas alternativas del amor.

Por Solange Levinton
Por Solange Levinton
15-07-2013 | 14:41
Telam SE

“Me conmoví a partir de un reencuentro que tuve con la niñera que me cuidó de chico, que me conmocionó por lo amorosa que seguía siendo conmigo, por cuántas cosas se acordaba de mí que yo no tenía presentes y que fueron muy fundacionales en mi vida”, explicó Tolcachir a Télam sobre qué lo motivó a escribir “Emilia”.

“Pero después -continuó el fundador del teatro Timbre 4- empecé a preguntarme cómo funcionan las relaciones de afecto en esas personas que tienen el extraño trabajo de criar hijos ajenos y amarlos; porque son personajes importantes y después, de pronto, las familias no los necesitan más”.

Y la respuesta que él mismo aventura en “Emilia” se ubica por fuera del terreno de un cariño más contractual para situar ese amor como un modo de vida, como una acción consciente, incondicional e imperecedera: el cariño como decisión inquebrantable.

Todo comienza con un encuentro casual entre Emilia (Elena Boggan) y Walter (Carlos Portaluppi), niñera y niño respectivamente que, después de varias décadas sin contacto, se cruzan inesperadamente cuando él estaba en plena mudanza.

Y es a partir de ese sorpresivo cruce entre una Emilia imperecedera con ese chico devenido en esposo de Caro (Adriana Ferrer) y padre de Leo (Francisco Lumerman) que se devela el origen de ese modo de cariño desbordado y sin límites que tiñe -y motoriza- todos los vínculos de su familia actual.

“Era muy importante para mí poder contar a qué familia llegaba Emilia en relación al chico que había criado y con qué se iba a encontrar en el presente”, advirtió el director de “La omisión de la familia Coleman” y “El viento en un violín”

“Y sobre todo me gustaba la idea de que algo que se había generado con ella antes llegaba intacto a la adultez: él está acostumbrado a tener amor que se paga y ese mecanismo es el único afecto que conoce”, añadió acerca de la pieza que completa su reparto con Gabo Correa.

-¿Qué descubriste de ese tipo de amor?
-Que es un tipo de amor muy desparejo. Aún en gente buena, amorosa y respetuosa, es un amor que va medio unilateral y por eso en esta obra tanto ella como los personajes ubican mal el amor; de una manera compleja, forzada, unilateral, impostada. Y eso fue lo más difícil: crear una historia de gente no relajada, que miente, y que al escribirla los personajes tuvieran verdad. 

"Me atrae crear un personaje que me guste y ponerlo en problemas, en situaciones que lo superen."

-Esa tensión se traduce todo el tiempo en la obra…
-Es que no hay nada que sea natural. Están todos los personajes tratando de sostener algo que, si no, se les cae. Yo, que cada vez tomo más distancia de la obra, me doy cuenta que todos los personajes tienen mucho miedo. Entonces todo está forzado y construido a partir del miedo. 
Está esa cosa de “no quiero estar acá pero no me animo ni a abrir la ventana para saber cuál sería otra opción”. Y eso me divierte mucho.

-A diferencia de tus obras anteriores donde todos los personajes están desbordados, en “Emilia” aparecen haciendo lo posible por no perder los límites…
-Me atrae crear un personaje que me guste y ponerlo en problemas, en situaciones que lo superen. Y acá no dan abasto pero a la vez son muy conscientes de donde están. Sólo están buscando la manera de sobrevivir.

-En el texto la memoria aparece como forma esencial en la construcción del amor…
-La memoria de Walter es el miedo a volver a ser el rechazado y lo interesante es cómo construye una realidad diferente cuando todo su cuerpo tiene miedo a que vuelva a suceder. Ahí la memoria de Emilia es muy conmovedora para mí porque los momentos más felices de su vida fueron con un chico que no era su hijo sino por trabajo.

-Emilia es la que recuerda y no juzga; ¿Cómo definirías al resto?
-La forma que elige Caro para sobrevivir es no estar. Y me encantaba la idea de tratar de construir un personaje que trate de no estar estando y que su presencia en la obra sea el intento de desaparecer. Por su parte, Leo tiene muchos problemas porque quiere sentir lo que tendría que sentir por Walter y su manera de agradecer es amar. Y ve que su mama no le da a Walter y él tiene que darle por los dos. Y Walter es el que, a su manera, construye el amor.

-Hay algo del amor como acción consciente en todos los personajes…
-Es casi como la definición del mecanismo de esta gente. Es un amor decidido y por momentos se creen que eso es el amor. Y alguien a quien cuidar que no es necesariamente a alguien a quien uno ame.

-¿Por qué todo transcurre durante una mudanza?
-Porque es un momento muy perturbador. Por un lado nos gustaba y servía mucho internamente para los personajes: para Walter era el mejor regalo que les podía dar, era como una confirmación de esa familia. Para Leo era un subidón de mezcla entre su cuarto, su encierro, la casa nueva y para Caro era un castillo sobre los hombros.

-¿Qué es lo mejor que puede decirte un espectador al ver una obra tuya?
-A mí me gusta cuando me dicen “hijo de puta”, pero eso es ego. No cuenta. Lo que más me gusta es cuando veo que una misma obra genera cosas muy distintas entre los espectadores.

-¿Qué proyectos tenés para este año?
-Filmé “El ardor” con Pablo Fendrik en Misiones junto a Gael García Bernal y Alice Braga que se estrena el año que viene. Y ahora voy a actuar porque nos vamos de gira con el “Viento en un violín” y uno de los actores se queda en Buenos Aires para dirigir una obra en Timbre 4. Voy, actúo, vengo. Me acostumbré a la libertad del director.

“Emilia” se presenta los jueves a las 21 y los sábados a las 21 y 23.15 en la sede de Timbre 4 de México 3554, Capital.
Etiquetas:

También te puede interesar