30/05/2013 ARTE Y POLTICA

El siluetazo, a 30 aos, en el Parque de la memoria

Las fotografías de Eduardo Gil, ofrecen en perspectiva la memoria y el registro de una acción emblemática donde arte y política, la participación colectiva y poner el cuerpo se encontraron, permite también la visión y el recuerdo de una época, cuando la lucha por los derechos humanos y el pedido de justicia, se abría paso con dificultad, entre la ignorancia y el miedo.

Por Viviana Ponieman


Esta exposición  en la Sala PAyS del Parque de la Memoria –Monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado propone reflexionar críticamente sobre una de las iniciativas estético-políticas más memorables de la historia argentina, "El Siluetazo", que se rescata en este  registro fotográfico , donde se muestran por primera vez en grandes dimensiones muchas de estas imágenes, un recuerdo imprescindible de esta acción que articuló el arte con una demanda social colectiva: la aparición con vida de miles de desaparecidos durante la última dictadura militar.



Esta intervención surgida de las usinas de la escuela de Bellas Artes, por los artistas visuales Rodolfo Aguerreberry, Julio Flores y Guillermo Kexel, a partir de la incomodidad de los ámbitos tradicionales,  la necesidad de mezclarse y aportar desde los propios saberes y prácticas a una realidad asfixiante y dolorosa , poblada de miedos y de interrogantes.

Meses antes de que concluyera la dictadura , acercaron la propuesta a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y otros organismos de derechos humanos, con la idea de producir tantas siluetas como se pudiera, para dar una real dimensión de la cantidad de Desaparecidos: cuánto espacio podrían ocupar, como se representa un Desaparecido?

Es por eso que se decidieron por la silueta vacía, a tamaño natural, inspirados en la obra de un artista polaco, que representaba en un papel, una pequeña silueta que multiplicó, por los días en que funcionó el campo de exterminio de Auschwitz, donde inscribía el número de víctimas –asesinadas en cada jornada.

Aquí no teníamos, no tenemos esos registros, todavía. Las madres sugirieron que las figuras estén vacías, porque todavía no se tenía la real dimensión, no sólo de la cantidad sino de las identidades. Y que se colgaran en forma vertical.



El 21 de septiembre de 1983, en el marco de la III Marcha de la Resistencia, los organizadores improvisaron un taller al aire libre en Plaza de Mayo, y usando plantillas, comenzaron a delinear -junto a cientos de manifestantes-, siluetas humanas sobre papeles, que luego pegaron sobre las paredes de los edificios, los carteles y los árboles.

Por primera vez, y aún en dictadura la imagen corpórea de los Desaparecidos, ocupaba el espacio público, sumándose a los signos que las madres empuñaban: los pañuelos, las fotos de sus hijos, las rondas. Que se constituyeron en símbolos.

La silueta quedó instalada en el imaginario social y colectivo, fue otro emblema de la lucha por los derechos humanos, por la búsqueda de los cuerpos, de los nombres y de los nietos.

Se puede ver en estas fotos como a cada silueta se le agregaba el nombre, edad y algún dato que se conociera, de las primeras listas obtenidas entre las víctimas.

También cómo, una vez colgadas, la gente las hizo propias y escribía algo más. Incluso hay algunos dibujos de bebes, los participantes iban aportando a esta acción artística colectiva que abrió el camino de ida y vuelta entre el arte y los DD HH.


Impacta la imagen tomada de frente donde un muchacho acostado es contorneado, el punto de vista es muy impresionante, parece un muerto tirado en la calle con público que se amontona alrededor, simulacro de una escena que fue cierta, el vivo ocupa el espacio del desaparecido, pone el cuerpo  y en forma palmaria da cuenta de un horror cotidiano.
La otra foto más conocida y paradigmática, es “Siluetas y canas” , donde el fotógrafo atrapó a 2 policías parados de espaldas a las siluetas y mirando para otro lado.

Si hoy, a treinta años del Siluetazo es posible acceder a imágenes que habilitan el abordaje de este acontecimiento histórico es, en parte, gracias a la labor de artistas como Eduardo Gil, quien participó activamente de la acción, tanto política como artísticamente.

“Me preocupaba cómo resolver visualmente las imágenes que se generaban a mi alrededor”, recuerda Gil, “cómo plasmar en ellas la potencia de la fotografía para dar cuenta del entorno y la estética "bressoniana" con la que me identificaba en aquel momento, me pareció la herramienta ideal”.

Eduardo Gil (1948) concurrió a la marcha como uno más pero munido de su cámara, una herramienta de trabajo y luego de expresión que adoptó casi de casualidad, cuando en 1976 tuvo que dejar su puesto de delegado en una multinacional y sus estudios de sociología; desde entonces y gracias a un amigo se desempeñó como fotógrafo social primero, luego como reportero gráfico   free-lance en medios de comunicación y agencias de prensa del país y del extranjero, profundizando en el  campo artístico como investigador de la imagen y como docente.



El artista, que expuso en más de 200 muestras, cuenta que en ese momento no tenía conciencia de la magnitud de esta acción artístico- política, mientras  subraya el poder de la foto para preservar la  memoria.

“ La foto, queda como un signo pegado al hecho que representa, como la imagen del recuerdo de una acción congelada, lo que se fija en la memoria colectiva es la foto, Esa foto, “como un reflejo tardío de una estrella que pasó hace millones de años”, afirma citando a Roland Barthes.

También expresa la fuerte impresión que tuvo en la inauguración, al  ver a Julio Flores, que recorría la muestra junto a Ana Longoni, autora del libro "El Siluetazo",  sacando fotos de las imágenes ampliadas, que él había tomado en ese momento.

El registro del registro, el archivo del archivo en un presente que es un espiral, un rulo del pasado que nos envuelve para llevarnos hacia el futuro.

El Siluetazo fue un disparador y un catalizador, que retoma prácticas políticas y artísticas previas a la dictadura, acciones que como “Tucumán arde” entre otras conocidas y no tanto, salieron a buscar a su público en las calles, en los barrios, para interactuar, en tiempos rebeldes, cuando parecía que todo era posible.

El Siluetazo fue volver a la calle, cuando comenzábamos a recoger los pedazos, a buscar los cuerpos y los nombres.



Para el historiador del arte Roberto Amigo, el “Siluetazo” implicó la toma de la Plaza de Mayo política y estéticamente y el modo de hacerlo, una recuperación de los lazos solidarios perdidos durante la dictadura.

Mientras que Florencia Battiti, curadora del espacio agrega: “No cabe duda de que la dimensión artística del “Siluetazo” se vio eclipsada ante su radicalidad política y que, incluso, la experiencia colectiva que desencadenó alteró profundamente la noción de autoría, ya que cientos de manifestantes aportaron otros materiales para realizar las siluetas, “pusieron sus cuerpos” para bosquejarlas y se sumaron a la pegatina impulsada por los organizadores”.

De este modo el Siluetazo recrea y se engarza con la participación popular, el activismo extendido que ocupaba el espacio público con  una militancia generalizada, de los años previos al último golpe, y hasta su nombre recrea las gestas como el Cordobazo.

Estas imágenes nos ubican en las primeras manifestaciones de un cuerpo social dolorido, que se anima a preguntar dónde están?, que emerge de la oscuridad para dar visibilidad a los Desaparecidos. Y comienza a acompañar a las “Madres”.

Donde el artista busca interactuar como parte de esa comunidad, ofrece las herramientas para dar cuerpo a lo irrepresentable, pone en evidencia y habilita a reflexionar sobre un tiempo que todavía era presente, donde nombre cuerpo y acción fueron territorio de violencia , ejercido por el terrorismo de estado.

El valor de estas fotos es inmenso, no sólo por lo estético sino como testimonio, como un manifiesto de cuando comenzamos a juntar los fragmentos de nuestra identidad.

La exhibición de estas imágenes en el Parque de la Memoria posibilita hoy la reflexión crítica sobre una de las acciones artístico-políticas más memorables de la historia argentina, y nos interpela , en su inquietante vigencia, a revalorizar tanto la significación histórica y artística, como la convivencia de arte y política .



En el Parque de la Memoria - Monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado, de Av. Costanera Norte - Rafael Obligado 6745. C.P.: 1428, CABA. (Adyacente a la ciudad Universitaria y frente al Río de la Plata)