09/05/2013 Luiz Ruffato

La alegra no es brasilea

El escritor brasileño Luiz Ruffato, de visita en el país con motivo de la 39 Feria Internacional del Libro, se refirió a "la brasilidad" como un concepto en blanco, una definición que no buscan ni siquiera los intelectuales de ese país, una pregunta sobre la que se teme la respuesta.


"No somos latinoamericanos, ni africanos, ni europeos. Nosotros no somos nada", dice Ruffato en diálogo con Télam, uno de los escritores brasileños contemporáneos más respetados de la actualidad, entre otros premios ganó el importante Machado de Assis, y uno de los pocos en su país que escriben sobre el universo de la clase media baja.
 
Segunda generación de inmigrantes, de padres semianalfabetos, su mamá era lavandera y quien escudaba sus historias antes de ser publicadas, su padre, "el segundo vendedor más importante de palomitas" de Cataguases, repasa, el pueblo de Minas Gerais donde él nació, en 1961, y adonde vivió hasta los 16 cuando partió hacia San Pablo a dar forma a su propia experiencia.
 
El mismo repartidor, tornero, vendedor, universitario, periodista y finalmente escritor, cuenta con dos libros publicados en el país, ambos por Eterna Cadencia, el premiado Ellos eran muchos caballos y Estuve en Lisboa y me acordé de ti.
 
"Brasil es un país en evidencia por cuenta de la economía, pero cuando un brasilero se pregunta quién es, no sabe responderse, esta pregunta no es hecha ni por los intelectuales. Creo que tenemos mucho miedo de saber la respuesta", asevera en el hall del Hotel Cristófolo Colombo que lo alberga por estos días.
 
"Es una sociedad muy particular la brasileña, que aparentemente no tiene una historia de violencia, pero cuenta con una violencia muy peculiar, la de la expulsión, la no reflexión", asevera.
 
Ruffato dice: "Estamos formados en la violencia. El tránsito en Brasil es de los más mortales del mundo. Ricos contra pobres, pobres contra miserables, una relación verticalista que se remite a la cultura de esclavitud".
 
"La imagen de la superficie es una pero la imagen profunda es muy diferente. Somos el séptimo país del mundo que más violencia de género: Mujeres desnudas en la playa - Mujeres muertas en las casas", invoca en dos actos una paradoja clara.
 
"Claro que uno está «mergullado» (sumergido) en un mar de tinta roja —reconoce—, claro que tienes algo de todo esto, pero la idea es que sabiéndolo tú puedas reflexionar sobre esto".
 
"Nosotros no discutimos la dictadura militar que fue muy grave, lo primero que se hizo fue amnistía general —grafica—, siempre con esta idea de apaciguar las diferencias. Preferiría que fuésemos más peleadores, como los argentinos, porque sino la sociedad se vuelve cínica, en la que un intelectual que escribe sobre denuncia social mantiene una empleada doméstica en negro".
 
¿Cómo se refleja esto en lo literario? "El cuadro completo aparece muy poco -dice-, la literatura brasileña en general viene muy procesada, fácil de digerir, esa capacidad de no profundizar es parte de ella. Sin dudas tenemos grandes escritores, pero los grandes temas del Brasil son muy poco abordados".
 
Por eso, explica, "muy pocos escritores cuentan historias de la clase media baja, lo que conocen ese mundo para poder narrarlo lo esconden bajo la alfombra, lo niegan para ser aceptados"; además  "para la literatura debes tener muy buena formación, saber escribir, haber leído muchísimo, y los pobres no tienen esto, su educación es malísima".
 
¿Qué sería la brasilidad entonces?, repregunta. "Ese es el problema. No sé. No me gustan el calor la playa ni el carnaval. Tal sea nunca querer saber de nada. Somos una isla, lingüística, espacial, el 80 por ciento está en la costa occidental, el resto es un desierto de gente, estamos aislados hacia afuera y hacia adentro. El concepto de brasilidad esté vinculado al aislamiento".
 
De lo contrario se trata su visita, "Buenos Aires me permite contactarme con libros que no circulan por Brasil, donde tenemos mucho más vínculo con literatura inglesa que la española. Es una cuestión política creo, todos los locales tienen un estantes con libros en inglés pero no en español, y cuando en otras ferias busco antologías de cuentos latinoamericanos, encuentro hispanoamericanos y Brasil no está ahí".
 
"Nuestra idea de pertenencia es contradictoria, estoy perteneciendo a algo que no me gusta, a algo en proceso que quiero que cambie, es una pertenencia que todo el tiempo te expulsa y me gustaría que nuestra idea de pertenencia fuera el bien común, la felicidad", concluye.
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