18/04/2013 Maduro, nuevo presidente

Elecciones en Venezuela: el da despus

En Caracas la algarabía chavista por el triunfo electoral del pasado domingo duró apenas 24 horas. Luego de la reñida elección en la que el candidato oficialista Nicolás Maduro venció por casi dos puntos al opositor Henrique Capriles, las calles de la capital venezolana se convirtieron en un virtual campo de batalla.

Mariano Fraschini

Por Mariano Fraschini



Durante la noche del lunes y la madrugada del martes, grupos antichavistas produjeron daños en diversos locales partidarios del PSUV, en los Centros del Diagnóstico Integral, en los CNE provinciales (atacando inclusive la casa de la rectora Tibisay Lucena y la de su familia) dejando un saldo de siete muertos. Esto obligó al candidato derrotado a suspender la marcha que había convocado para esta tarde, en la cual pretendía desconocer el legítimo triunfo electoral del candidato chavista.

El chavismo desde el inicio de los disturbios llamó a la paz y a la cordura. En las tres ocasiones en donde el presidente Maduro habló durante el lunes invitó a sus seguidores a no caer en provocaciones, pero sí a estar alertas ante un eventual aumento de la violencia opositora. En ese sentido, el chavismo se organizó para la defensa de las instituciones democráticas creando el Comando Antigolpe en todo el país. La capacidad operativa del oficialismo venezolano para ordenar sus fuerzas en pocas horas evitó que las revueltas se profundizaran. El aparato institucional del Estado, a su vez reaccionó de forma inmediata y tanto el CNE como el Tribunal Supremo de Justicia (TSP) y la Asamblea Nacional alertaron sobre la posibilidad de un golpe de Estado. Las plantas de PDVSA en todo el país fueron ocupadas por el chavismo para evitar las amenazas de “copamiento” por parte de los opositores.

"En las tres ocasiones en donde el presidente Maduro habló durante el lunes invitó a sus seguidores a no caer en provocaciones, pero sí a estar alertas ante un eventual aumento de la violencia opositora."


En paralelo a estas acciones, el pasado martes 16, el canciller Elías Jaua reunió a los embajadores de todos los países en Caracas para informar sobre las consecuencias de los destrozos ocasionados y mediante una filmación captada por cámara de seguridad, mostró cómo, cuándo, dónde y quiénes fueron los responsables del intento desestabilizador. Las horas de tensión fueron cediendo durante la tarde del martes luego de que Maduro amenazara con no reconocer, si Capriles no hacía lo propio con los resultados del domingo, los triunfos electorales opositores en las gobernaciones de Miranda, Lara y Amazonas del domingo 16 de diciembre.

El oficialismo respondió al clima desestabilizador provocado por la oposición venezolana con serenidad. Maduro mostró la virtud suficiente para manejar una situación difícil y única para el país desde la desaparición física de Hugo Chávez. En ese sentido, pareció que el chavismo se encontraba más preparado para una eventual reacción opositora ante la derrota, que para una victoria por la mínima. La confianza en un triunfo holgado (lo vaticinaban hasta las encuestadoras opositoras) le impidió observar la fuga de votos que anidaba en un segmento importante de la sociedad. Las variadas razones de esa mutación electoral descansan en el impacto de la devaluación del bolívar, la inexperiencia de Maduro como candidato frente a un más que instalado Capriles, una campaña electoral corta, pero que la oposición convirtió en un todo o nada con una propuesta de continuidad del centro neurálgico de las políticas chavistas, las misiones bolivarianas y en una eficaz operación de desprestigio de la figura del actual presidente.

"La estrategia electoral de Capriles en valorar los grandes logros del chavismo y su propuesta de continuar su legado, viró en estas últimas horas ensuciando un resultado electoral histórico para la oposición venezolana."


La oposición venezolana logró perforar el techo de votos históricos obteniendo victorias en 8 de los 24 distritos del país. Envalentonada con el resultado cometió el pecado de desconocer la derrota creando un clima de inestabilidad que poco rédito le trajo a sus aspiraciones. La Unasur, la OEA y la mayoría de los países, con excepción de los EEUU, avalaron el triunfo electoral de Maduro con un porcentaje nada anormal para las democracias que polarizan sus preferencias en dos grandes opciones. En el pasado de la misma Venezuela y durante este siglo en el mundo se han producido resultados ajustados que no han dando lugar a tamaña reacción de los derrotados. La estrategia electoral de Capriles (de la que deberían aprender muchos dirigentes locales) en valorar los grandes logros del chavismo y su propuesta de continuar su legado, viró en estas últimas horas ensuciando un resultado electoral histórico para la oposición venezolana. Su única victoria fue en diciembre de 2007, pero en aquella ocasión fue el ausentismo de una gran masa de chavistas la razón de la misma. En la elección del domingo, por primera vez, un candidato antichavista pudo ganar votos oficialistas en un contexto marcado por el antagonismo histórico entre ambos conjuntos partidarios.

El próximo viernes jurará Maduro como el primer presidente chavista. Legitimado por las urnas, bendecido en vida por el máximo líder de la Revolución Bolivariana, deberá lidiar con una difícil coyuntura económica en un contexto inédito para la sociedad venezolana luego de 15 años. El presidente electo deberá ampliar los márgenes de la alianza política, recuperar los votos que optaron por el candidato opositor y limar las incipientes asperezas que comienzan tímidamente a surgir en el seno del chavismo. Las condiciones de Maduro, puestas a prueba en estos últimos días, parecen indicar que la tarea será posible. "Chávez te cumplimos, ganamos y seguimos", exclamó el lunes el pueblo venezolano, un grito de triunfo que se festejó en toda Latinoamérica.