07/12/2019 literatura

Un libro para nios combina poesa e ilustracin para indagar en las formas de habitar lo cotidiano

Se trata del libro "Mi tortugo (fue vernos y querernos)", de la poeta Laura Wittner y la ilustradora María Elina.



La poeta Laura Wittner y la ilustradora María Elina indagan en "Mi tortugo (fue vernos y querernos)" en las formas en las que se puede habitar lo cotidiano y cómo una mascota amplía y diversifica la intimidad de los espacios de la casa de la protagonista, una niña que pasa sus días con su gato y su tortugo.

Publicado por el sello Ralenti, el libro inaugura la colección de poesía "Osa Mayor" de esta propuesta editorial que busca combinar la potencia de la imagen y la palabra en función de la narración.

En diálogo con Télam, las autoras contaron cómo fue el trabajo creativo que dio nacimiento al libro en el que el poema concebido por Wittner (Buenos Aires, 1967) se encontró con "ese mundo de Tato, la gata, la nena, el clarinete, esa casa en particular" que diseñó y construyó María Elina.

Wittner explicó que el proyecto comenzó cuando se juntó con las dos impulsoras de Ralenti (Joana D'Alessio y Violeta Noetinger) con la idea de escribir sobre su tortugo Tato "no necesariamente un poema, ni necesariamente rimado ni necesariamente para un público infantil", sino que "tenía observaciones, ideas sueltas pero ellas se entusiasmaron de inmediato" y entre las tres imaginaron "qué tipo de texto podría tener a Tato como personaje".

La autora de libros como "La tomadora de café" y "Veo, veo, conjeturas de un conejo" iba enviando partes del poema a las editoras y juntas pensaban "qué tipo de ilustración sería capaz de dar vida a ese texto, de convertirlo en un libro álbum".

"Admiro mucho las ilustraciones de María Elina. No la conocía en persona pero conocía su trabajo y hacía años que fantaseaba con que pudiéramos hacer un libro juntas. Así que fue mi primera opción, y aceptó", relató y más tarde se reunieron con la ilustradora, quien "después de haber leído el texto completo, vio la verdadera historia y construyó todo ese mundo de Tato, la gata, la nena, el clarinete, esa casa en particular. Intercambiamos opiniones, mails, fotos. Fue un proceso hermoso".

María Elina (Buenos Aires, 1975) dijo que lo primero que se le ocurrió "fue que el punto de vista fuera un poco más difuso a través de las ilustraciones, que la ambigüedad hiciera dudar al lector", ya que le parecía "un juego divertido que no estuviera claro de quién era la voz, de la nena o del gato y si por momentos creemos que habla el gato también resulta gracioso porque habla un poco de él mismo cuando habla de las particularidades de su ´mascota´".

"El trabajo de los ilustradores es tratar de encontrar esos huecos en el texto, eso que no dice para hacer nuestro juego y aportar desde las imágenes un trabajo más autoral. En el poema de Laura en ningún momento se explicitaba que la voz era de la nena y fue genial para mí. Esto fue lo que acordamos desde el principio, la ambigüedad fue el punto de partida y ahí empezó el juego", describió la ilustradora.

En ese sentido describió el trabajo con la poeta, docente y traductora como "muy fluido y casi florido" en el que "cada cambio" le parecía "más genial que el anterior".

"La dinámica fue mandarnos cosas y reírnos mucho, le pregunté cómo era su casa, si tenía algún mueblecito especial porque ya tenía un punto de partida para imaginarme un escenario, que era la casa de Laura -explica-. Me divertí pensando cómo debía tener una mesa, una bolsa para hacer las compras o muchas plantas, y así aparecieron el clarinete de Amelia, su hija, y la nena del libro, sus botitas, el sillón rojo, los azulejos del balcón y todo lo fui compartiendo con ella vía mail y ella con Amelia".

Sobre la diferencia en trabajar para niños y para adultos, poeta e ilustradora advierten que no encuentran particularidades al momento de encarar un proyecto creativo.

Wittner afirma que suele empezar más por imágenes que por ideas y que en este caso, "el libro partió de unas notas que no surgieron pensando en un texto para los más chicos, y las primeras imágenes o ideas aparecieron indistintamente".

"Quiero escribir sobre eso y no sé qué va a salir. Agarro la lapicera y pruebo. Abro el word y pruebo. Salvo cuando, como en este caso, el libro es imaginado previamente por una editora o un editor que ya tienen ciertos requerimientos. Con las editoras hablamos de qué tipo de lenguaje, de la rima, hasta pactamos un patrón métrico endecasílabo. Eso para empezar, para probar. Si no salía, recalculábamos. No fueron para nada instrucciones: fue más una charla, compartir ciertos criterios", destaca.

A María Elina le cuesta "definir una particularidad en el trabajo para niños porque serían las mismas que las de trabajar para adultos", y considera que ella no hace "nada distinto".

En ese sentido advierte que piensa en hacer algo que le guste, que la divierta: "En este caso inventar la casa de Laura fue lo que me llevó por todo el recorrido y es medio lateral respecto de la historia, pero creo que eso es lo que enriquece porque hay un texto precioso y luego un montón de niveles de lectura para disfrutar".

"Cuando el libro va tomando forma y ya van a pareciendo las páginas hay un momento que hago el ejercicio de cómo se lo contaría a mi hijo, y pienso en los detalles que él se detendría a mirar pero es algo personal", señala la ilustradora y docente.