29/11/2019 Opinin

El activismo comunitario marca la diferencia en la respuesta eficaz al VIH

Este año el lema de la ONU para el Día Mundial de la lucha contra el Sida es "las comunidades marcan la diferencia". Sobre la importancia de reconocer el papel fundamental que las comunidades han desempeñado y continúan desempeñando en la respuesta al sida a nivel local, nacional e internacional, opinó para Télam la directora ejecutiva de ONUSIDA, Winnie Byanyima.

Winnie Byanyima

Por Winnie Byanyima

En todo el mundo, las comunidades siempre tuvieron un rol importante en la respuesta al VIH. La gente, reuniéndose, organizándose, mostrando las realidades concretas a las autoridades y demandándoles su derecho a la salud. No es exagerado decir qué para las personas más vulnerables al VIH, las comunidades suelen marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

Para mujeres jóvenes y adolescentes y para grupos marginados y vulnerables, tales como hombres gays y otros hombres que tienen sexo con hombres, personas trans, trabajadoras sexuales, personas que usan drogas, personas privadas de la libertad y migrantes, el camino hacia la salud no es siempre tan evidente como debería serlo. Estigma y discriminación, leyes represivas, ignorancia e inclusive el odio, son todos factores que pueden obstaculizar que las personas vulnerables accedan a la prevención, al tratamiento y a los cuidados que pueden salvar sus vidas.

Es en este punto dónde las comunidades juegan un rol preponderante. Comunidades de personas que viven con VIH, de grupos marginados y vulnerables, de mujeres y jóvenes, que son quiénes lideran y sostienen la oferta de servicios de VIH entre pares, defienden los derechos humanos y abogan por el acceso a los servicios esenciales. Las comunidades luchan todos los días para mantener las personas en el centro de los procesos de toma de decisiones e implementación de medidas, ayudando así a garantizar que nadie quede atrás.

En Argentina, las y los jóvenes que viven con VIH, personas adultas que viven con VIH, las personas trans, las trabajadoras sexuales, entre otros grupos, se articulan en redes para compartir experiencias en el combate al prejuicio, fortaleciéndose entre pares, participando en la defensa de sus derechos cívicos y demandando al poder público que cumpla con sus obligaciones constitucionales.

En estos tiempos en que la reducción de recursos amenaza la sostenibilidad de los servicios de VIH, el activismo comunitario se torna todavía más crucial. De hecho, una mayor movilización de las comunidades es claramente necesaria y hay que desarmar las barreras que les dificultan sus trabajos y el acceso a los recursos. Las comunidades deben tener espacio y poder para realizar sus demandas y definir sus propias soluciones.

En 2016, líderes de todo el mundo firmaron la Declaración Política de Naciones Unidas para terminar con el SIDA, dónde se reconoció el rol esencial que las comunidades juegan en abogacía, participación en la coordinación de las respuestas al VIH y en la provisión de servicios. Más aún, se reconoció que las respuestas comunitarias al VIH deben ser ampliadas, comprometiéndose a que, hacia 2030, por lo menos 30% de los servicios de VIH sean conducidos por las comunidades mismas.

Sin embargo, muchos países siguen muy lejos de lograr esa meta. En un contexto de ausencia de inversiones en comunidades, el progreso contra el VIH y otros desafíos sanitarios tiende a debilitarse.

Para jugar su rol, las comunidades hacen hincapié en la construcción de sociedades más saludables y resilientes. Pero ellas necesitan de nuestro apoyo. En el Día Mundial del SIDA, vamos a celebrar el trabajo de las comunidades, reconocer el rol esencial que ellas desempeñan en la respuesta al VIH y comprometernos a cumplir las promesas que les hicimos.


(*) Directora Ejecutiva de ONUSIDA (Naciones Unidas).
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