05/11/2019 entrevista

Llegan a la Argentina los especialistas que estudiaron el ADN de Leonardo Da Vinci

Alessandro Vezzosi y Agnese Sabato se dedican desde hace más de 40 años a rastrear la genealogía de Leonardo y -según dieron a conocer en 2016-, creen haber hallado 35 descendientes vivos del polímata florentino.


Dos de los principales expertos en Leonardo da Vinci, Alessandro Vezzosi y Agnese Sabato, llegaron a la Argentina para participar de un ciclo de actividades en homenaje al genio florentino –a 500 años de su muerte- y brindar detalles sobre su estudio del ADN de Leonardo, a partir de un mechón de pelo hallado en su tumba, "un documento histórico inusual; una reliquia para investigaciones científicas y, potencialmente, un extraordinario instrumento de conocimiento", dijeron a Télam.

Desde hace más de 40 años que el italiano Vezzosi, director del Museo Ideale Leonardo da Vinci, ubicado en el corazón de la toscana, y Sabato, presidenta de la Fundación Internacional Leonardo da Vinci, se dedican a rastrear la genealogía de Leonardo y -según dieron a conocer en 2016-, creen haber hallado 35 descendientes vivos del polímata florentino.

La intención de ambos expertos -que llegaron al país invitados por la Embajada de Italia en la Argentina- es extraer posible material genético para cruzarlo con el de los herederos vivos de Da Vinci y así recomponer el ADN del autor de La Gioconda, que si bien no dejó descendencia, tuvo 17 hermanos y hermanas, fruto de posteriores relaciones de su padre y de su madre.

Si bien el Museo Ideale, en la región toscana de Vinci, estuvo cerrado durante nueve años por restauraciones, el edificio reabrió a mediados de 2019 con la inauguración de la muestra "Leonardo vive" que incluye el mechón de cabello y otros documentos inéditos que buscan arrojar nuevos enfoques sobre la vida y obra del artista, inventor y científico.

- Télam: ¿Cuál es el origen del mechón de cabello de Leonardo da Vinci?
- Alessandro Vezzosi: La historia de lo que llamamos la "reliquia", con toda precaución, comienza en 1863 cuando Arsène Houssaye, escritor e inspector general de los museos provinciales franceses, amigo de Baudelaire, fue encargado por una comisión imperial de buscar la tumba de Leonardo entre las ruinas del castillo de Amboise, donde Leonardo había sido enterrado el 12 de agosto de 1519. Él encontró los restos de lo que identificó como los huesos y el cráneo del artista, gracias también a algunos fragmentos de piedra de una inscripción "Leonardus Vinci". Luego fueron reensamblados en la presunta tumba de la Capilla de San Huberto del Castillo Real de Amboise, donde ahora se conservan. Los documentos que ahora se exhiben en el Museo Ideale de Vinci atestiguan que Houssaye guardó dos hallazgos para sí mismo. De hecho, en 1925, Harold K. Shigley, un culto y apasionado coleccionista americano de reliquias, compró en París al bisnieto de Houssaye, "un mechón de pelo de Leonardo y un anillo de bronce encontrado en el dedo de Da Vinci". En 1985 estas dos reliquias pasaron a manos de otro coleccionista estadounidense que, en 2016, tras conocer nuestra investigación sobre la genealogía de Leonardo, se puso en contacto con nosotros. Después de tres años de trabajo, pudimos traer estos hallazgos de vuelta a Italia, que hoy por fin podemos exponer en el Museo Ideale de Vinci. La "reliquia" del cabello es ante todo un documento histórico inusual; no es un fetiche, sino un hallazgo para investigaciones y comparaciones científicas y potencialmente un extraordinario instrumento de conocimiento.

- T: ¿Qué revelaciones se encontraron durante el estudio de la genealogía de Leonardo?
- Agnese Sabato: Su abuelo Antonio fue comerciante y llegó en sus viajes hasta el norte de África, lo que tuvo influencia en la formación del joven Leonardo. Antonio fue el que incluso anotó la fecha de nacimiento de Leonardo y los nombres de los diez testigos en su bautismo; y seguirá siendo él, cinco años más tarde, quien recuerde que su sobrino vivía en su casa de Vinci, a pesar de ser el hijo ilegítimo de Ser Piero y Caterina. Antonio, que no era notario (contrariamente a la tradición familiar de la familia Da Vinci), era considerado hasta ahora por la historiografía como casi nada, sin trabajo ni ocupación (como él mismo declaraba en el registro de la propiedad), excepto dedicarse a modestas fincas agrícolas en la ciudad natal de Leonardo. De nuestras décadas de investigación entrelazada, como en una especie de rompecabezas, ha surgido que Antonio había estado realmente en el Mediterráneo occidental. Trabajó en Barcelona y Alcudia, desaparecida hace tiempo, en el Magreb (o Barbería, ahora Marruecos). Su vida fue evidentemente rica en experiencias y conocimientos: ciertamente se los transmitió a su sobrino, que lo había acogido y educado, abriendo horizontes inimaginables para el Vinci de la época, con el encanto de historias de mares y tierras lejanas, puertos y mercados, costumbres diferentes y paisajes fantásticos.