24/10/2019 lanzamiento

Liliana Heker: "La lectura ampla tu mundo, permite entenderte, ayudarte a estar solo"

La escritora presenta en su nuevo libro sus expriencias en el intricando camino de las letras, su pasión por la literatura y las tramas alrededor de su proceso creativo.

La cuentista y novelista Liliana Heker expone en "La trastienda de la escritura" los dilemas, las tramas y los rituales que confluyen en la elaboración de una ficción, desde su experiencia como tallerista hasta fragmentos de algunos de los diarios que la acompañaron en esas instancias, permitiendo al lector acceder al universo de una de las más importantes escritoras argentinas.
 
 
Instalada en el estudio de la casa en la que vive hace más de 30 años, la autora de "Zona de clivaje", "El fin de la historia" y "La muerte de Dios" dio detalles sobre el origen del libro editado por Alfaguara en el que asegura que "nadie le puede enseñar a otro a ser escritor", sin embargo sostiene que "todo escritor, por caminos complejos y diversos, aprende su oficio".

Sobre la forma en la que vive ese oficio y sobre la práctica de lectura como una instancia mediante la cual un escritor se enamora de la literatura, la ganadora del Premio Nacional 2018 por "Cuentos reunidos" dialogó con Télam.


Télam: ¿Cómo se gestó la trastienda de este libro?
Liliana Heker: Estoy muy acostumbrada a preguntarme cosas sobre ese proceso tan complejo e irracional que es el de la creación. Por otro lado, doy talleres de narrativa y he tenido que ponerme en el estado de creación de otros y, al mismo tiempo, ilustrar con ciertos problemas y recursos que utilicé mientras escribía. Ese trabajo de indagación en mi propia obra venía desde hacía mucho tiempo. Ese es el trasfondo pero el origen es muy concreto: en agosto de 2017 se me ocurrió que quería escribir un libro con este título, "La trastienda de la escritura", y fue el primer movimiento concreto hacia el libro. No me interesaba un libro didáctico sino ahondar en algo que es parte de mi historia. Así empecé a trabajar.


T: A lo largo de la lectura está lo artesanal, lo trabajoso de ese oficio pero también está muy presente el disfrute de esa tarea.
L.H: Es un trabajo bellísimo. Uno no está escribiendo en el paraíso, es una lucha y toda lucha tiene dificultades, momentos de vacilación, otros en los que uno dice esto no tiene el menor sentido. Si bien había reflexionado sobre muchos temas del libro, tanto en entrevistas como con mis alumnos, el verdadero trabajo fue ponerlo por escrito. Cada uno de los capítulos tiene temas que se pueden conectar con otros capítulos, tal como se entra a un libro de cuentos. Como en otros casos busco la estructura de una novela, en este libro tuve que encontrar esa organización.


T: ¿Qué aspectos encontró al terminar el libro sobre tu proceso creativo?
L.H: Siempre supe que la página en blanco no era un problema para un escritor, aunque tal vez lo sea para un periodista, que tiene la obligación de entregar una nota dentro de una hora. Entiendo ese terror pero es diferente al del escritor. No hay temas novedosos, son los que forman parte de mi historia y de mi escritura pero pude ahondar en temas que no estaban vinculados. Me gustó mucho ahondar en el cuento del cuento porque pensé muy a fondo las historias. Las viví intensamente pero ponerme del todo en la historia de cada cuento me hizo organizarlas. Algo que no había planeado y apareció son ciertas intervenciones de los diarios. Cuando estaba escribiendo el capítulo sobre "El fin de la historia" quise ir a verificar una cuestión de fechas y decidí integrar esos fragmentos del diario que llevaba mientras la escribía.


T: Defiende la capacidad de la literatura de desarmar la memoria muerta y reemplazarla por una real, inconclusa. ¿Cómo desarrolla ese proceso?
L.H: Uno siempre escribe sobre alguna crisis. Cualquier texto tiene que ver con algo critico y conflictivo porque para dejar todo como está, no vale la pena escribir. Registrar episodios de la realidad solo por registrarlos no tiene razón de ser. Los hechos suceden, es uno el que les proporciona un sentido. Por todo esto digo que la ficción construye sentido, pone un significado donde en sí no está. Les digo a mis alumnos que piensen que la ficción da la posibilidad de darle un sentido incluso a lo más terrible que nos pasa. Podés construir un objeto destinado a los otros, con algo que a vos te dañó. Es algo muy maravilloso eso de escribir y leer ficción. Yo me estoy instalando como inventora de ficciones pero justamente lo maravilloso que tiene la lectura, y estoy convencida que un escritor se enamora primero de la literatura a través de la lectura, es que amplía tu mundo, permite entenderte, situarte de otra manera, acompañarte, ayudarte a ser solo. El que lee siempre está solo ante el libro y algo que te ayuda a ser solo también te ayuda a ser libre. Tengo una enorme pasión por la lectura, entonces no hablo solo del acto de crear una ficción sino de leer, por eso soy una lectora compulsiva de ficciones y sigo leyendo novelas y poemas con la pasión con la que a los 11 años leía "Los tres mosqueteros". No hay que perder la fascinación de la lectura, por eso soy tan exigente respecto de mi escritura y de la de quienes vienen al taller.


T: Plantea que no hay una instancia en la que se encuentra la inspiración sino que cada uno debe encontrar su propia forma.
L.H: Cada escritor tiene su propia visión del mundo, sus propios conflictos y eso es lo que tiene que escribir, a eso le tiene que encontrar una forma para que sean hechos literarios. Varias cosas me llenan de alegría de los talleres y una es la cantidad de escritores excelentes que siguen saliendo de allí, otra es que no hay dos que se parezcan entre sí o que se parezcan a mí. ¿Qué tiene que ver Pablo Ramos con Samanta Schweblin o Guillermo Martínez con Inés Garland? ¿Qué tienen que ver cada uno de ellos conmigo? Tal vez, si hay algo que les pude comunicar y cada uno asimiló a su manera es que trabajen sus textos, que esa primera versión estaba muy lejos de lo que querían hacer y que hay una búsqueda para que ese texto llegue hasta el límite de sus posibilidades.


T: Sobre ese trabajo en los talleres cuenta que también hubo devoluciones de los alumnos sobre tus textos que la han movilizado.
L.H: Sí, eso me pasó con "La fiesta ajena". Terminé el cuento después de una larga historia, lo leí en el taller y gustó mucho, pero Margarita Magarolo, que luego fue una maravillosa maestra de escritura de adolescentes, me dijo que al final le faltaba algo. Volvía a leer el cuento y me di cuenta que tenía razón. No basta con que un final sea muy fuerte, hay que encontrarle el ritmo, la pausa o la frase final que se clava como un puñal. Esa sugerencia me llevó a escribir otro final y demuestra que no solo sugiero sino que acepto las sugerencias y las agradezco. Me formé en una revista como fue "El escarabajo de oro", antes "El grillo de papel", después "El ornitorrinco", donde estaba Abelardo Castillo que tenía una lucidez impresionante respecto de lo que se leía. Estábamos acostumbrados a leer nuestros cuentos y a criticarnos sin ninguna piedad pero con mucha convicción del oficio que habíamos elegido. Las críticas me formaron y, de alguna manera, lo que hago en el taller es reeditar esas reuniones, con lecturas con una devolución en general muy aguda, generosa y deslumbrante.


T: Sostiene que la corrección es una de las instancias centrales del proceso creativo. ¿Por qué?
L.H.: Distingo y me enojo mucho cuando alguien dice "le falta edición". No, querida, le hace falta trabajo tuyo, el trabajo del editor es otro. La corrección, eso de volver y volver sobre un texto hasta encontrar lo que uno quiere, es tarea del escritor. Ese es el verdadero proceso creador, ir buscando e ir encontrando lo que uno quiere hacer. El editor hace otro tipo de trabajo y para que tenga el valor que debe tener, el escritor tiene que haber sabido muy bien lo que quiso hacer. Para poder defender esas alteraciones ante un editor, uno tiene que saber porqué las hizo.