18/10/2019 fotografa

Zimmermann: "La Argentina es una suma de pases pequeos que muchas veces no se tocan"

Luego de un extenso viaje por todo el país, el fotógrafo materializó todo el recorrido en el libro titulado "Argentinos", publicado por Ediciones Larivière.


Con la premisa de pensar cómo somos los argentinos, el fotógrafo Marcos Zimmermann recorrió todo el territorio del país de 2015 a 2018, captando un enorme universo de costumbres, comportamientos y realidades, cuyas imágenes fueron presentadas primero como parte de una exposición y, ahora, compiladas en el monumental libro titulado "Argentinos", publicado por Ediciones Larivière.

El escritor Guillermo Saccomano -quien tuvo a su cargo el texto introductorio de esta obra de 392 páginas que condensan el paso de Zimmermann por los rincones más profundos de la Argentina- bautizó a este poderoso y conmovedor conjunto de fotografías en blanco y negro como "la gran novela nacional contemporánea".

"Si tuviera que elegir una característica sobresaliente a lo largo de los caminos de nuestra patria, diría que es la fraternidad de los argentinos. Pero la Argentina es una suma de espacios y costumbres diferentes y contradictorias", dice a Télam Zimmermann (1950), quien ya lleva publicados 16 libros de imágenes en las que explora la identidad de su país, y que sólo para este último trabajo lo llevó a tomar 100 mil fotografías.

Estar, migrar, andar, trabajar, estudiar, curar, creer, luchar, disfrutar, amar y soñar son los títulos de cada capítulo que dan forma a este libro y que su autor imagina como "los pasos simbólicos de un argentino que despierta del aletargamiento que rige en los sitios más olvidados de nuestra patria y que impulsado por la necesidad, migra luego a las grandes ciudades".

Con su cámara a cuestas y su enorme sensibilidad, Zimmermann se propuso fotografiar "todos los ámbitos y estratos sociales posibles": los habitantes de la Villa 31, los trabajadores de Vaca Muerta, los mineros de Río Turbio, los cosechadores de algas de Bahía Bustamante, quienes revuelven un basural en San Pedro, los científicos que construyen un satélite en el INVAP, un alumno y un maestro pilagás en Formosa profunda, los espectadores de las zonas vip en la Sociedad Rural. Además, el fotógrafo escribió los textos que acompañan cada uno de los capítulos.


Una noche -cuenta Zimmermann- lloró. Lloró mucho: "Me conmovió una joven madre del barrio bajo de Barranqueras, en Resistencia, Chaco. Tenía 17 años y vivía sola con su hermana menor. Había muerto su abuela y su precarísima casa estaba completamente inundada. Cuando entré, pidiéndole permiso para fotografiarla, abrió el ropero y sacó a un bebé de adentro. Mientras me lo ponía en brazos me dijo sonriente: 'Es mi hijo. Se llama Pedro. El ropero es el único lugar seco que hay en la casa'".

- Télam: ¿Elaboró alguna definición de cómo somos los argentinos, que englobe el ancho y largo territorio de nuestro país?
- Marcos Zimmermann: Si tuviera que elegir una característica sobresaliente diría que es la fraternidad de los argentinos. Pero la Argentina es una suma de espacios y costumbres diferentes y contradictorias. Y quizá la verdadera identidad de los argentinos se encuentra justamente en esa diversidad de características y gestos que, como en un rompecabezas, aparecen, en parte, en las fotografías de "Argentinos". En realidad, toda la Argentina es una suma de países pequeños que muchas veces no se tocan. Y la idea de que existe un denominador común a todos los argentinos se apoya en la costumbre de tomar pequeñas porciones culturales del país y proyectarlas al resto de nuestro territorio, generalizando esas características. Asegurando que tenemos una cultura que nos une a todos y negando, sistemáticamente, nuestra verdad: la diversidad humana. Un gesto muy porteño, por otra parte. Este libro intenta en cambio ponerle algunas imágenes reales a ese paisaje humano. La Argentina ha sido forjada por inquietudes humanas opuestas en sus apariencias pero iguales en su desesperación: las arbitrariedades de ciertos hombres que debieron adaptarse a una región nueva e inhóspita, de un lado, y la incertidumbre de otros hombres a quienes se les negó su propia tierra, del otro. Esas fuerzas encontradas están, todavía, presentes en nuestro país. Hoy, las contradicciones entre campo y ciudad, tierra y progreso, civilización y barbarie, aborígenes y extranjeros, ricos y pobres, presente y futuro, están más que vivas. Si las fotografías de "Argentinos" pueden reflejar algunos de los rasgos de nuestro pueblo, ya me doy por satisfecho.

- T: Casi al final menciona una colonia qom en Formosa, a donde llegó con un pedido especial…
- M.Z.: La colonia qom La Primavera. Allí fui por primera vez en 1997 y su cacique Fernando Sanabria me envió, a mi vuelta, una carta agradeciéndome un libro que le mandé donde estaba fotografiada su esposa. En esa carta decía que me ofrecía su corazón y su tierra, un gesto que nunca olvidé. Volví para este libro en 2017 y encontré al nuevo cacique, Cristino Sanabria, hijo del fallecido Fernando, quien me recibió diciéndome una frase mágica, como siempre me sucede en los encuentros con jefes indios: "hace días que esperaba su visita". Entonces le dije que mi visita tenía un motivo. Le recordé la carta de su padre y le dije que el corazón de su comunidad ya lo tenía con los recibimientos que me habían hecho en las dos ocasiones, y que ahora venía a pedirle la tierra que su padre me había ofrecido. En realidad, lo que le pedí es su permiso para que, cuando muera, esparzan mis cenizas en su tierra. El cacique pensó un rato y aceptó.