17/09/2019 nuevo libro

Mariana Gen: "La poltica est hecha de lazos humanos"

La socióloga dialogó con Télam sobre su nuevo libro, "La rosca política", donde plantea una excursión a la trastienda donde se dirime la convivencia entre fuerzas de distinto signo y se generan los consensos necesarios para agilizar la aprobación de leyes.


En paralelo a su repertorio visible de prácticas, la política dispone de un conjunto de estrategias no siempre conocidas o validadas por la opinión pública que son impulsadas por funcionarios y armadores políticos con el fin de obtener consenso para la aprobación de leyes y al mismo tiempo garantizar la gobernabilidad, según reconstruye la socióloga Mariana Gené en su libro "La rosca política".

Después de circular durante años como un ejercicio soterrado de la política que para una parte de la ciudadanía es sinónimo de pulseadas al borde de la legalidad, fue el diputado Emilio Monzó quien se animó a ponerla en el centro de escena: "Reivindico la rosca -dijo a fines de 2008 frente a las mirada cómplice de sus pares-, sobre eso se basa la confianza para sacar los acuerdos, las leyes para sacar el país adelante".

La frase que el legislador enunció cuando fue elegido por cuarta vez para presidir la Cámara de Diputados, aportó título y ruido previo al trabajo de campo que esta doctora en Ciencias Sociales por la Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales de París inició a mediados del 2000 y que aparece alcanzado por las nuevas narrativas que plantean campos de acción alternativos para la sociología y una mirada que enuncia dilemas antes que certezas.

"La rosca política" (Siglo XXI editores) plantea una excursión a la trastienda de la política, ahí donde se dirime la convivencia entre fuerzas de distinto signo y se generan los consensos necesarios para agilizar la aprobación de leyes. Y lo hace a través de un recorrido por la historia del Ministerio del Interior -la cartera que concentra algunas de las funciones centrales para la gobernabilidad- que arranca en 1983 y llega a la actualidad.

La autora traza una genealogía que se inicia con los radicales Antonio Tróccoli y Enrique "Coti" Nosiglia y llega al ministro Rogelio Frigerio. En el medio, todo un abanico que incluye personajes "pintorescos" como José Luis Manzano o Aníbal Fernández y que encuentra su foco más atractivo en el antagonismo que encarnan dos de los hombres que pasaron por la cartera durante el menemismo: Carlos Corach y Gustavo Béliz, el primero celebrado por sus pares como emblema de eficacia y el segundo impugnado por no haber entendido "la dinámica de la rosca política".

- Télam: ¿Qué exalta Monzó cuando en aquella célebre jura como titular de la Cámara de Diputados reinvindica la rosca política?
- Mariana Gené: Lo interesante es cómo pone en escena la expresión "rosca política", que para el común de la gente comprende algo peyorativo -así se leen derivaciones como rosca o rosquero- con lo cual lo que hace es subvertir las jerarquías, darle un valor positivo a lo que está mal connotado, un poco a la manera de lo que hacía Eva Perón cuando decía "mis grasitas" o "mis descamisados". La operación de Monzó implica que si la rosca política es algo que todo el mundo ningunea o descarta, él va a demostrar su valor y a ponerlo en el plano público. Por eso es en esa escena cuando habla de la rosca todos se miran y se ríen. El explica que la política está hecha de lazos humanos y que hay algo ahí de construir vínculos de confianza que se arman en el tiempo y tienen que ver con saber que alguien, por más que esté en la vereda contraria, tiene respeto y cumple su palabra con su rival político.

- T: ¿La disparidad entre la mirada elogiosa que sus pares le prodigan a Corach y el recuerdo poco amable que dejó el ministro en la sociedad explicita la tensión entre lo que significan determinados atributos o valores para la opinión pública y cómo circulan en cambio entre quienes están dentro del armado político?
- M.G.: Es muy notable esa contradicción que genera la figura de Corach entre la valoración al interior del campo político y al exterior. Esa tensión es decisiva porque permite interrogar sociológicamente por qué para los políticos es tan importante el trabajo del armado y la negociación, la construcción de consenso, mientras que para los ciudadanos es tan cuestionable y a priori desdeñado. Creo que comprender de qué se trata esa práctica nos permite entender mejor la dinámica política existente. No solo preguntarnos cómo la política debería ser sino ver cómo funciona en los hechos y por qué los armadores políticos son tan importantes para todas las extracciones ideológicas.

- T: ¿El antagonismo entre Corach y Béliz marca las distintas manera de entender y habitar la política?
- M.G.: Corach y Béliz son como la figura y la contrafigura de los armadores políticos. Eso no quiere decir que Béliz haya sido un mal político, pero lo que se marca es que no fue un gran armador. Los expertos en rosca y en armado son un tipo específico de político que requiere entre otras cosas la confianza de sus pares y el conocimiento en profundidad de los códigos de la política, esa idea de lealtad que es muy importante no sólo en la tradición peronista.

Los armadores políticos lo saben y construyen su prestigio y su eficacia en torno a eso, mientras que otros políticos como el caso de Béliz construyen sus condiciones de eficacia de otra manera, de cara a los votantes o a los medios de comunicación, haciendo declaraciones que son atractivas para la opinión pública y poco agradables para sus pares políticos. No podríamos entender la política si no entendemos que hay una supuesta división del trabajo y que se da una combinación entre esos dos estilos que cuando es sinérgica y armoniosa hace que lo proyectos políticos sean mucho más potentes.