16/09/2019 ensayo

Carlos Altamirano: "Las historietas y el cine fueron fundamentales en mi formacin"

Las lecturas de la infancia, el estudio universitario, la resistencia durante la dictadura y las preguntas por la formación intelectual se bifurcan en los capítulos del libro "Estaciones", en el que el ensayista Carlos Altamirano recorre su vínculo con textos y autores fundamentales en su biografía.


Publicado por Ampersand en su colección Lectores, el libro toma como punto de partida la infancia de Altamirano en la provincia de Corrientes, entre el campo y la ciudad, cuando llegaron las primeras lecturas de historietas y la posterior elección de medicina como primera carrera universitaria.

A medida que avanzan los capítulos, el hoy profesor emérito de la Universidad de Quilmes relata su etapa como estudiante universitario y su descubrimiento de un mundo intelectual en el que fue adquiriendo competencias y compromiso político.

- Télam: ¿Podemos pensar los capítulos del libro como estaciones o etapas de un recorrido en el que se fue construyendo su formación?

- Carlos Altamirano: Sí, los pensé como estaciones, etapas, experiencias. Hay un pasaje grande de Corrientes a Buenos Aires. En Corrientes no hubo un lugar fijo, ya que durante muchos años el campo fue mi hábitat. Mis amigos eran los chicos del vecindario, con ellos jugaba y aprendí a hablar el guaraní, que ya olvidé. Era una lengua proscripta en la escuela. No diría que la provincia es bilingüe, pero en el campo hay un predominio del guaraní.

- T: Su padre es una figura clave en su vínculo con la lectura.

- C.A.: Así es, fue un mentor. Era la autoridad intelectual de la casa, en la que había pocos libros. Era un autodidacta. Murió cuando yo tenía 12 años así que nunca pude chequear el alcance de sus lecturas. Mi primer interés fue la historieta, que era la cultura de los chicos. El cine fue otra instancia de interés en mi formación. Historietas y cine fueron fundamentales.

- T: ¿Cómo describiría su vida universitaria?

- C.A.: Mi formación fue en Corrientes y el año de medicina lo hice en Rosario. Tuve que adquirir la cultura reformista que es una cultura ilustrada. No se concebía que una discusión no estuviera basada en citas y menciones de obras o autores. Por lo tanto, uno no solo tenía que estar adiestrado en el ejercicio del debate sino también tener la mención adecuada. Eso lo he aprendido en las asambleas.

- T: Relata los dos meses en los que estuvo preso como un tiempo de lectura formativa.

- C.A.: Eso remite a la cultura comunista. ¿Qué hace un camarada preso? Si puede, aumenta su cultura y la cultura comunista es una cultura de libros. Todo eso me fue haciendo competente, fui aprendiendo cuáles eran los temas, los tópicos, los argumentos del razonamiento comunista.

- T: La literatura empieza a estar desplazada por la sociología en sus lecturas. ¿Cómo fue ese proceso?

- C.A.: No solo para mí sino para muchos de mis compañeros, sobre todo los que tenían más compromiso político, la literatura a estudiar era la argentina. Se suponía que la cultura europea era autosuficiente, mientras que la nuestra requería de un examen, una revisión. En ese sentido, fue importante la revista Contorno, que era la emergencia de un grupo generacional que decidió los juicios, los valores y el canon de la literatura argentina. La gente de la izquierda universitaria que se iba a dedicar a Letras tenía una referencia muy importante en la obra de Contorno, en el desafío, en el gusto por la discusión, por la polémica. En 1964 apareció "Literatura argentina y realidad política", de David Viñas, y si bien no advertía cuántas arbitrariedades había allí, era un modo de concebir la literatura que me parecía viva. La dramaturgia del escritor, sea que se imponga por las circunstancias o que sea vencido por estas, era siempre un hecho dramático. Muy sartreano todo. Entre mis maestros de lectura también estaba Sartre.

- T: ¿Cómo fue la llegada a Buenos Aires?

- C.A.: Vine por razones políticas. En ese entonces, bajo el régimen de Onganía, enseñaba latín en una escuela normal de maestros. En el 66 me dicen que no puedo continuar e inventan una razón diciéndome que había vuelto la profesora titular. Ese mismo día me enteré que una profesora había dicho que había un comunista dando clase y que si las autoridades no procedían a expulsarme, iba a elevar la denuncia al gobierno nacional. Lo mismo le ocurría a quien era entonces mi pareja. Fuimos a organizar un curso al interior del Chaco pero a los 15 días llegó una denuncia de la policía de Corrientes diciendo que era un comunista y no podía estar ejerciendo esa tarea. Al cerrarse las puertas provinciales, vinimos a Buenos Aires pensando que iba a ser más fácil escabullirse. Hice de todo: fui lector de pruebas en una editorial, preparé alumnos para ingresar al Nacional Buenos Aires y finalmente entré al diario La Razón como archivista.

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