04/09/2019 libro

Beate Klarsfeld: "En los aos 60 an haba leyes en Alemania que impedan enjuiciar a los nazis"

En el libro "Memorias" Beate y Serge Klarsfeld dejan testimonio de las acciones que llevaron adelante a partir de la década del 60 para lograr el señalamiento y detención de nazis, responsables de la deportación y muerte de miles de judíos durante la Segunda Guerra Mundial, especialmente en Francia.


Beate Künzel, nacida en Alemania en 1939 e hija de un soldado de las fuerzas armadas del ejército nazi, conoció a Serge en un subte parisino a los 21 años, e inmediatamente se unieron conformando una pareja guiada no solo por el amor sino por la búsqueda de justicia.

Serge, nacido en Rumania en 1935 en una familia judía que a comienzos de la Segunda Guerra Mundial se trasladó a Francia, cargaba sobre sus espaldas el secuestro de su padre en Niza durante la ocupación nazi y la posterior muerte en Auschwitz.

Beate y Serge trascendieron como los "cazadores de nazis", que buscaron a través de escraches impedir que los responsables de crímenes de guerra que habían actuado en la Francia ocupada por el ejército alemán accedieran y se mantuvieran en cargos de alta responsabilidad en Alemania.

Apoyados por sobrevivientes de los campos de exterminio e hijos de víctimas del Holocausto, la pareja logró que se juzgue y condene en Alemania en 1979 a Kurt Lischka, Ernst Heinrichsohn y Herbert Hagen, responsables de la deportación de miles de judíos en Francia.

Uno de los hechos que dio notoriedad pública a Beate fue el enfrentamiento que en 1968 tuvo con el Canciller alemán Kurt Kiesinger, a quien en una convención de la Unión Demócrata Cristiana lo abofeteó y le recriminó su intervención en la propaganda nazi, exigiéndole la renuncia.

De la misma manera, llegaron hasta América del Sur y trabajaron para que desde Bolivia el jerarca nazi Klaus Barbie, acusado de torturar hasta la muerte al máximo dirigente de la resistencia en Francia y de la muerte de 41 niños judíos, sea expatriado, juzgado y condenado a cadena perpetua.

De visita en Buenos Aires, Beate Klarsfeld y su hijo Arno, que abraza la causa de sus padres, dialogaron con Télam a raíz del libro de más de 700 páginas editado por Libros del Zorzal y Edhasa.

- Télam: ¿Luego de los juicios de Nuremberg, qué sucedía social y políticamente en Alemania que impedía que otros ex nazis fueran juzgados por crímenes de guerra?
- Beate Klarsfeld: En los 60 aún había una ley en Alemania que impedía los juicios, los archivos eran accesibles pero los fiscales no actuaban, los nazis estaban en el Parlamento y era muy difícil desactivar eso porque la sociedad política alemana no quería los juicios y la justicia no era independiente.

Hubo un caso emblemático que cambió la legislación, el de un guardia de un campo de concentración que fue extraditado para su juzgamiento. Si bien ese cambio en la ley debió haber ocurrido 50 años antes, al menos la sociedad alemana tomó conciencia de que se debía juzgar hasta llegar al último responsable. Simón Wiesenthal decía que los responsables debían ser juzgados hasta el último soplo.

- T: ¿Qué la llevó a luchar para lograr el juzgamiento y detención de nazis implicados en crímenes de guerra?
- B.K.: Trabajaba en la Oficina Franco Alemana de la Juventud, en Francia en 1966, cuando en Alemania asumió como canciller Kurt Kiesinger. Escribí un artículo denunciando que Kiesinger había tenido responsabilidades en la difusión de la propaganda nazi y, por escribir ese artículo, me echaron del trabajo. Nos enojamos mucho por esa decisión injusta que nos causó un gran sufrimiento, y a partir de nuestro accionar logramos que dos años después Kiesinger salga de la política, y así empezamos a perseguir a los nazis.

- T: Las acciones que llevaron adelante suponían riesgos a tal punto que en dos oportunidades sufrieron atentados, ¿cómo manejó el miedo en esos momentos?
- B.K.: En las acciones directas, el miedo mío no era tanto el miedo de que me maten, porque en verdad estuve en riesgo muchas veces, sino que el miedo pasaba por no poder lograr lo que estaba buscando. El miedo era fracasar en la acción.